Música

Violín y piano en el Ateneo

Por Teobaldos - Viernes, 17 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

concierto en la ciudad de la música

Intérpretes: Francesca Croccolino, piano;Alejandro Bustamante, violín. Programa: obras de Mozart, Brahms y Franck. Programación: Ateneo Navarro. Lugar: Auditorio Remacha de la Ciudad de la Música. Fecha: 15 de marzo de 2017. Público: buena entrada (gratis).

Alejandro Bustamente es uno de esos jóvenes intérpretes españoles que, en las últimas generaciones, han elevado espectacularmente el nivel de la ejecución. Ya contamos con excelentes solistas patrios en prácticamente todos los instrumentos. Bustamante ha ganado diversos premios con su violín, pero también en el apartado de música de cámara, lo cual es muy interesante, porque la disciplina de tocar con otros cura del divismo y mantiene una tradición no siempre bien valorada por los programadores. Bustamante luce un sonido amplio, (más en la acústica de este auditorio), incluso, a veces, un poco apabullante -sobre todo en Mozart-. Desliza el arco con largura más que con circense virtuosismo, porque las obras elegidas son de una eminente intensidad -Brahms y Franck-, y el sonido es siempre poderoso, de sinfónica frondosidad. Domina la regulación, pero enseguida la abre. Con la pianista se identificó muy bien en el romanticismo, pero, en algunos momentos, la matización, la riqueza de registros, el sosiego y la posterior tormenta, aún queda mejor delimitada en las manos de la maestra Croccolino.

Abre la sesión la Sonata k. 454 de Mozart, absolutamente exquisita en el teclado de Francesca Croccolino, siempre transparente. En el andante se establece la mejor relación entre las sonoridades de los dos instrumentos, aunque el violín impone un tanto su presencia. En el allegretto final, el violinista se mueve en el mismo ambiente chispeante y festivo del piano.

El scherzo para violín y piano de Brahms abre un campo sonoro casi sinfónico de los dos intérpretes: será ese sonido arrebatador, que introduce al oyente en una verdadera marea, y que parece venir de muchos más instrumentos. El comienzo es de cuerda un poco áspera, pero, enseguida, la fusión con el piano, nos sumerge en la plenitud que siempre nos da la música de Brahms: una partitura temprana de su catálogo, pero interpretada con la intensidad de madurez.

Y para la segunda parte, una joya de la música de cámara para violín y piano: la Sonata en La mayorde Cesar Franck;con suSinfonía en re, la obra más tocada. El comienzo es delicado y expectante en la pianista, que marca la pauta;afortunadamente el violinista le sigue en la misma tesitura;a partir de aquí, el diálogo entre ambos -literal en el delicioso tema- va a ser muy fluido y respetuoso. El segundo movimiento es de inusitado ímpetu en ambos. Los continuos reguladores que van y vienen del matiz piano al fuerte están bien dosificados, más retenidos en el piano, muy generosos en el clímax. El tercer movimiento es tranquilo y expectante hasta el solo de violín, muy bonito, y potenciado su lirismo por la excelente cama que le hace el piano. El movimiento final es de una hermosa plenitud sonora como pocas. Es difícil no meterse en el apasionamiento de pianista y violinista, en su impresionante final. De propina, un precioso tema de una contemporánea de Mozart, donde el piano deja lucirse al violín.