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Y tiro porque me toca

Fervores patrióticos

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 19 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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Días pasados, cualquier lector de periódicos pudo leer un titular como este: “El alcalde del PP de Boadilla del Monte organiza una jura de bandera para civiles”, cuyo objetivo no es otro que confirmar, es decir, reafirmar, nada menos que los valores constitucionales y « el compromiso, como ciudadanos, con España y con los españoles», de los participantes en la ceremonia. Esto, dicho así, suena a melonada y saco de humo.

Dudo mucho que una mojiganga de jura de bandera para civiles signifique, siquiera de lejos, una confirmación de los valores constitucionales, cuando no se especifica cuáles son o en qué consisten estos. Esos valores se defienden en el Congreso de los diputados y en el ejercicio diario de la función pública y la actividad política. El resto son pamemas. Lo digo porque se me ocurren una serie de valores constitucionales, estos sí seriamente dañados por el partido del alcalde de ese pueblo, que no han encontrado protección alguna en la bandera de la monarquía, al revés.

Confundir España y los españoles con el partido en el poder es tosco y grosero, además de una vieja añagaza conducente a afirmar que quien no está con ellos es la Anti España bolchevique. Relacionar identidad nacional con alardes militares es propio de regímenes poco democráticos.

Esas mojigangas deben circunscribirse única y exclusivamente al ámbito castrense. Por eso llama la atención la regularidad con la que se convocan y las alharacas virtuosas que manifiestan quienes en ellas participan.

Pero nos guste poco o nada, esto forma parte de la trama de un país real, ese al que hace unos años se referían como una «Suecia meridional». Ahora vamos camino de un país de pacotilla cuyo presidente nos divierte a fecha fija con lapsus desternillantes que tal vez no sean sino manifestaciones de una estupidez que se oculta a duras penas.

A lo anterior hay que añadir que en este país “Más de 200 vírgenes y cristos ostentan cargos honorarios municipales y militares”, y que las condecoraciones se suceden y acaban en los tribunales. Lo cuentas en París y no se lo creen, y hacen bien, aunque se equivocan si piensan que son cuentos de Tartarin de Tarascon, enormidades circenses o embustes de charlatán que quiere vender algo invendible.

El teólogo Juan José Tamayo sostiene que la democracia española es rehén de la jerarquía eclesiástica a la que el Gobierno dota de privilegios, con el fin de obtener a cambio rendimientos políticos, en ejercicio de una manifiesta confesionalidad del Estado, que es ya casi imposible ocultar o enmascarar por más tiempo. Es obvio, más que obvio incluso; que no se quiera ver ni tomar en consideración o, lo que es peor, que se defienda como un principio ideológico, es otra cosa. Esta es una cuestión pendiente de aclarar de una vez por todas, pero que va a seguir pendiente con la complacencia de buena parte de la ciudadanía. Claro que Tamayo es teólogo de la Liberación y esos ya se sabe... a esos hasta se les puede asesinar de manera no solo impune, sino con el aplauso y la justificación de la gente de orden que usa de la religión como un detente bala o una escarapela de distinción dudosa. Religión católica y política más autoritaria que conservadora, siguen unidas en España, y así seguirán mientras continúe vigente el Concordato con el Vaticano y la jerarquía eclesiástica enrocada en épocas doctrinarias y de culto pretéritas.

Yo me pregunto si no hay otras maneras de vivir las creencias religiosas o los fervores de identidad nacional que estas, o si resulta imperiosa la necesidad de manifestarlas cuando deberían bastarse por sí solas en el ámbito de la estricta conciencia, sin mojigangas que apuntan a un difuso furor guerrero, y sin el sostén del dinero público. La opinión es muy personal, pero voy viendo que a este país le sobran patriotas de berrido y devotos de ocasión, y le faltan ciudadanos con conciencia de tales, en posesión y ejercicio de derechos civiles plenos, y en cumplimiento de las obligaciones sociales que van con ellos, lo demás es cuartelero y degradar asuntos de conciencia a folklore y a pachanga.

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