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La querella y su curso

Por Bixente Serrano Izko - Domingo, 19 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

imposible adivinar hoy por hoy qué recorrido vaya a tener por las mesas, cajones y archivadores del sistema judicial la querella recién presentada por el Ayuntamiento de Pamplona y varias personas por la memoria, justicia y reparación debidas a las víctimas del franquismo en la ciudad. Mucho es de temer, sin embargo, que no sea un recorrido muy largo. Ahí está, por ejemplo, la reciente remoción de fiscales que han investigado la corrupción de personas y cargos relacionados con el partido en el Gobierno.

Y es que, cuando en un Estado es tan recurrente, en boca de mandamases, la invocación al Estado de Derecho, señal inequívoca, amigo, de que algo le falla como Estado de derechos. Otras veces hemos escuchado, ante pretensiones de revisión de juicios del franquismo, el argumento de que aquél era un Estado de Derecho, sujeto a un ordenamiento judicial y que a él se atenía. Hasta algún ministro socialista dijo en su momento que no se podían hacer tales revisiones sin poner en solfa la seguridad jurídica del propio sistema democrático postfranquista.

¿De qué seguridad jurídica se puede hablar hoy día? Como decía un amigo, castigando al diccionario y llevado por la tentación del juego de palabras, las leyes son inexorables para unos y exonerables para otros: inexorables para robaperas, pero permisivas para exonerar a cuñados, hermanas, cónyuges, padres, madres, amantes o amiguetes de cualquier mandamás, por más que hayan sido pillados con las manos en la masa del erario público hasta convertirlo en auténtico erial. Como hace decir Pío Baroja en Mala hierba al juez que ha recibido misiva del ministro de turno para que deje libre al golferas de Manuel Alcázar: “¿Quién hace justicia de este modo?”.

No podemos presumir sin más que el juez que ha recibido la querella no vaya a darle curso, pero mucho es de temer que, aun en el mejor de los casos, sea curso breve, cursillo más bien, bajo presión de más altas instancias.

Salvo la caterva de victimarios activos, todos y todas fuimos, y lo seguimos siendo, víctimas del franquismo. Muchos y muchas, eso sí, víctimas inconscientes y hasta convencidas de que aquello era jauja, era paz y orden y sosiego, era un Estado de Derecho necesario y saludable, convencidas de que nada hay que remover de aquello. Pero otras muchas y muchos, algunos de los cuales hemos aportado testimonios a la fundamentación y documentación de la querella, nos declaramos como víctimas fehacientes y exigimos justicia y reparación, el peso de la justicia para los victimarios y la reparación cuando menos moral para las víctimas.

Como querella, la de Pamplona y las que vienen detrás tendrán el recorrido que tengan, pero como denuncia pública y removedora de conciencias buenas y malas sí que va a tener mucho más largo curso del que quisieran actuales mandamases encubridores de aquellos crímenes y de aquellas vulneraciones de los derechos humanos más elementales. Curso que no parará hasta conseguir que la Justicia sea inexorable. He dicho.

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