Adiós Pamplona

Batería artillera en el Redín durante el bloqueo carlista, 1873

Por Joseba Asiron (www.adiospamplona.blogspot.com) - Domingo, 19 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

(Foto: Mauro Ibáñez (de J.J. Arazuri, ‘Historia, fotos y joyas de Pamplona’))

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En 1873Pamplona se encontraba inmersa en la Guerra Carlista de 1872-1876. La práctica totalidad de Euskal Herria era afecta al bando carlista, pero lo cierto es que las capitales de las cuatro provincias, incluida Pamplona, habían quedado bajo control gubernamental, merced a la presencia en ellas de fuertes guarniciones del ejército liberal. Los carlistas sometieron Pamplona a un férreo asedio, en el que no faltaron bombardeos, incursiones y gran carestía de alimentos.

La imagen, obtenida aquellos días por uno de nuestros pioneros de la fotografía, Mauro Ibáñez, recoge el aspecto del Redín, donde se ha instalado un cañón de grueso calibre, para batir el frente norte de la ciudad. Dos curiosos se han acercado a observar las maniobras de los servidores de la batería, uno de los cuales, con txapela y polainas, se ha sentado para posar ante el fotógrafo, al que mira ladeando la cara, molesto por el sol de mediodía.

Hoy en díala zona permanece prácticamente igual que en tiempos de la Segunda Guerra Carlista, a pesar de que entre ambas ha transcurrido la friolera de 144 años. Eso sí, el tiempo se ha llevado por delante al enorme cañón, a los curiosos con sombrero y a todos los soldaditos, incluido el mocetón con polainas, que ya para los tiempos de la guerra civil de 1936 sería un abuelito nonagenario, que castigaba a sus nietos con las historias de la guerra que a él le tocó vivir. Lo que sí es cierto es que, a la vista de fotografías como las de hoy, impresiona pensar cuántas historias atesoran las piedras de esta vieja y castigada ciudad.

Ni cabe decir que la guerra de 1872-1876 no terminó bien ni solucionó problema alguno. Por eso mismo, no podemos sino valorar los pasos que estos días vemos que se van dando en favor de la paz y la convivencia, y no podemos sino esperar que se produzcan muchos más, a todos los niveles. Hala bedi.