Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Verdad, justicia, memoria y reparación

Vivencias detrás de la querella contra los crímenes franquistas

Gloria Bosque, Ángel Sanz y Moisés Garjón comparten sus testimonios después de sumarse personalmente a la denuncia del Ayuntamiento

Buscan verdad, justicia, memoria y reparación

Mikel Bernués Iñaki Porto - Domingo, 19 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

  • Mail
Ángel Sanz, Gloria Bosque y Moisés Garjón, a las puertas del Palacio de Justicia reivindicando justicia.

Ángel Sanz, Gloria Bosque y Moisés Garjón, a las puertas del Palacio de Justicia reivindicando justicia. (IÑAKI PORTO)

Galería Noticia

pamplona - “¿Por qué es tan importante esto que estamos haciendo? Porque con tanto revisionismo histórico y maquillaje se habla de un régimen autoritario, el régimen anterior... No, no, vamos a decir las cosas como son: aquí hubo un régimen totalitario, sanguinario, que fusiló a mansalva, que oprimió sistemáticamente a las familias de los represaliados, especialmente a las mujeres, y que persiguió con saña cualquier posición política de defensa de los valores democráticos. Eso todavía no se ha extirpado de la sociedad española. Y las instituciones tienen un trabajo muy grande por hacer”, dice Ángel Sanz.

El viernes el Ayuntamiento de Pamplona avanzó en esa dirección y presentó una querella contra los crímenes del franquismo. Piden que se investiguen 309 muertes y más de 1.000 encarcelamientos en la capital. El texto se centra en 17 casos con nombres y apellidos. Cuatro de ellos, además, se incorporan personalmente a la querella, dos a título individual porque lo pueden contar y dos más a través de los familiares de Moisés Garjón y José Roa, ambos asesinados. Junto con Ángel se encontraba en los alrededores del Palacio de Justicia Gloria Bosque (ambos encarcelados y torturados en los 70), y otro Garjón que comparte nombre con su abuelo, asesinado en el 36. Se lo llevaron mientras desayunaba en casa con la familia.

Una vez presentada la querella los tres, sentados en un banco cara al sol (maldita casualidad) compartieron sus vivencias. “A estas alturas no tenemos ningún interés, quizás porque algunos ya lo hemos vivido, de que vaya nadie a la cárcel”, reconoce Ángel. “No existe un ánimo de venganza ni se persigue ninguna condena más allá de la reparación moral que supone el conocimiento de la verdad”, añade.

“Siempre se aspira a la reparación. Que se sepa cómo se llevaron a las gentes... todo esto sirve para que se conozca la magnitud de aquello, indiscriminado y terrible. Y sobre todo las nuevas generaciones se tienen que enterar y saber qué pasó”, añade Moisés. A juicio de Gloria “si no se reconoce este genocidio es muy difícil avanzar a nivel de justicia y paz. Es imprescindible. Y que se depuren responsabilidades y de una vez por todas el Gobierno se atreva. Porque parece que seguimos con la sombra del franquismo, que es intocable. El dictador murió hace 40 años. Y sin embargo no se atreven y no les interesa que se reconozca la verdad”, se queja.

“El franquismo está incrustado en la sociedad española como un chapapote asqueroso. Y limpias y limpias pero siempre sale un ribete negro por algún sitio. Está incrustado en la judicatura, en determinados partidos políticos, en la iglesia...” lamenta Ángel.

la querella

Empuje institucional

Pionera en España

“Por fin hay alguien que se mueve para esto”, pensó Gloria nada más enterarse de que el Ayuntamiento había decidido actuar vía judicial. Es la primera querella de estas características a nivel nacional. “Es un día emocionante, la verdad”. Para Ángel “las instituciones fascistas fueron responsables de la represión. Y las posteriores de todo ese tiempo de desmemorización colectiva, hasta ahora no han hecho gran cosa. Por eso es muy importante que se recupere ese impulso que ha venido de las asociaciones memorialistas y se de el paso. Porque las instituciones son las únicas capaces de agrupar a toda esta gente que estamos dispersos”, recalca Sanz.

Y Moisés, que como alcalde de Olza ha vivido varias exhumaciones en la Cendea y sabe cómo reconforta a las familias hallar el cuerpo de sus seres queridos, considera que “después de 80 años hay puertas y archivos cerrados, y eso entra en contradicción con una democracia. Hay intereses de la época que no se quieren descubrir. Y tienen miedo de que si se abren esas puertas pueda afectarles. Por eso impiden que se aclaren estas situaciones”.

Al interés de unos por ocultar lo que pasó se suma el miedo de otros para contarlo. Por ejemplo, el del padre de Moisés era tan grande “que no podía ver una boina roja. En sanfermines cuando veía a una cuadrilla con boinas rojas se le amargaba la tarde”. Hasta tal punto llegaba su trauma que “no nos dejaba ser socios de una piscina. En aquellos lugares donde pudiéramos figurar en una lista, decía que no. Ha habido una ocultación y unos miedos terribles, es así. De crío, si alguna vez se hablaba del tema, era en bajito”, asegura.

“Ese miedo está interiorizado y da una idea de la represión y el silencio al que fueron sometidas las personas”, añade Ángel. “Se podía fusilar a alguien por la sospecha de que colaboraba, por ejemplo, con las actividades guerrilleras. Solo por la sospecha. Esa era la brutalidad del régimen”.

torturas

Golpes, ruleta rusa...

Un drama muy real

Ángel fue detenido, procesado y encarcelado en los años 74, 76 y también “en el 79, ya en democracia, por reivindicar el patrimonio sindical entre otras cosas”. En esa última, como novedad, le leyeron sus derechos. Asociación ilícita, propaganda ilegal o pertenencia al Partido Comunista de España Internacional figuran en su historial. Estuvo 72 horas en la comisaría de Pamplona, tiempo en el que le hicieron “la ruleta rusa con la pistola, me amenazaron con tirarme por la ventana... las cosas típicas”.

A Gloria le detuvieron dos veces. La primera en Pamplona, el 19 de junio de 1973 “a raíz de una huelga en Motor Ibérica en la que detuvieron a decenas de personas”. Fueron cinco días “desde arriba hasta abajo del cuerpo con golpes sin parar y continuamente, hasta el punto de no dejarme ni ir a orinar. Simulacros de suero de la verdad, simulacros de corrientes y demás. Muy duro”. El juez le preguntó ¿y eso qué ha sido, por los golpes? “Yo no lo denuncié porque tenía muy claro que no iba a ningún lado, pero al él sí le dije. ¿De qué si no?”. De ahí año y medio de periplo en las cárceles de Pamplona, Martutene y Yeserías.

En noviembre del 75 estuvo 10 días en dependencias policiales en Valladolid “cuando se estaba muriendo Franco. Se murió y me tocó dentro. Aquello sí que fue una auténtica tortura. El quirófano, andar como un pato, desnudarme, golpearme, vejaciones sexuales... Te niegan todo tipo de dignidad. Pegándome con una cuerda muy ancha en las plantas de los pies, sobándome, echándome sal en la boca, en los ojos... y tapándome la boca porque claro, das alaridos. Hubo un momento en el que pensaba que me moría de asfixia”, dice Gloria. Con la cabeza colgando le habían puesto una toalla metida en la boca y otra tapando por encima. Entre ellos jugaban a las cartas “y si salía el as de bastos, pues con un palo venga a darme en la cabeza, que me salieron calvas. A cuenta de los derechos humanos recibí muchísimos golpes. Les importaba tres pimientos”, dice con una entereza tan brutal como los hechos que relata.

“Los interrogatorios eran larguísimos, terribles. Yo estuve 14 horas que si brazos en cruz, que si golpes, con el revólver apuntándote y disparando en el vacío...”, añade Ángel, que tiene muy vivo en su memoria “el hecho de no cantar para evitar que otros pasaran por esa situación”.

De aquellos interrogatorios Gloria no olvida “cómo utilizan que eres mujer. Te desnudan porque quieren verte. No solo para vejarte y humillarte. Encima disfrutan. Y te das cuenta. El grado de denigración es terrible”. Un día el jefe le dijo ‘tú verás lo que haces porque yo no los puedo controlar’. “Y tuve que gritar que quería vivir, porque si le digo ‘mira, me pegáis un tiro y que le den por culo a todo’, no sé qué hubiera pasado”. Entonces le sacaron a punta de metralleta y le llevaron a un pinar de las afueras de Valladolid simulando su ejecución. Le desnudaron. Le golpearon. “¿Qué hacemos, la matamos o que vuelva y que cante?” “Que vuelva y que cante”, escuchó decir a los agentes.

Aquel día gritó que quería vivir. Otras veces “lo único que deseaba era que me asesinaran, acabar con aquello. Lo tenía tan claro... que me maten, que me maten”.

expectativas

Recorrido judicial

Escaso optimismo

El archivo de la querella por la matanza del 3 de marzo del 76 en Vitoria, el caso Garzón, las constantes trabas del Gobierno central a la querella argentina contra el franquismo (en la que también está Gloria), etc. Los antecedentes son poco halagüeños y lo saben. “La experiencia demuestra que a este país todavía le queda mucho por recorrer en cultura política democrática y respeto a la diversidad y derechos humanos”, esgrime un Ángel escéptico en este sentido.

“Si pasara los filtros podría ser un bombazo. Porque si se abre esta puerta pueden salir querellas por todos lados”, piensa Moisés. Siete ciudades firmaron un manifiesto para impulsar estas querellas. Y algunas como Barcelona ya han anunciado que acudirán a la justicia. “Mi deseo es que se pueda acceder a todos esos archivos e información. Por otro lado este va a ser un test de la calidad democrática que tenemos”, añade.

“Algún día, no sé cuándo pero creo que no lo conoceré, el Gobierno que sea tendrá que pedir perdón por la monstruosidad que fue el franquismo. Ese día se habrá avanzado a nivel democrático. Hasta entonces nada”, dice una Gloria para quien, al margen del recorrido judicial de la querella, “lo importante es todo este movimiento. Y que sepan que no ha habido olvido”.

  • Mail

Herramientas de Contenido

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad