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Corría el año 1987 cuando abrió sus puertas

La biblioteca de La Milagrosa, tres décadas con los mismos problemas

La estructura del local, en un bajo, y la falta de personal son las principales reivindicaciones

Los usuarios de este servicio son de la Milagrosa y también de Azpilagaña y el Ensanche

Sara Huarte / Unai Beroiz - Lunes, 20 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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Itziar Rodrigo y Beatriz Lacalle, en el depósito.

Itziar Rodrigo y Beatriz Lacalle, en el depósito.

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pamplona - Corría el año 1987 cuando la biblioteca de la Milagrosa abrió sus puertas en un bajo de la calle Isaac Albéniz, en el número 8. La prensa local se hacía eco de la noticia, ansiada por muchos vecinos y vecinas del barrio, avisando de que este servicio nacía “con el mismo problema que las existentes en los demás barrios de Pamplona: la falta de personal”. En el cuerpo de la noticia, Fabiola González, la primera en ponerse al mando de esta biblioteca, mostraba su deseo de que no pasase mucho tiempo antes de que “las dos salas de lectura se llenen de libros” y se quejaba de “la imposibilidad de que una única persona atienda bien los diversos servicios de la biblioteca” y de la estructura del local, “que no dispone de salidas de emergencia ni de ventanas”.

Hoy, tres décadas después, Beatriz Lacalle, Javier Rivas e Itziar Rodrigo se enfrentan a los mismos problemas. Y es que a la falta de ventanas, luz natural o la deficiente accesibilidad, ahora se suma la falta de espacio, fruto del aumento de actividades y ejemplares. “Nosotros contamos con dos salas de lectura, una infantil y otra de adultos, y una tercera sala de estudio, en la que también se realizan otras actividades. El problema surge porque, aunque en la sala de lectura de adultos también hay WiFi, no hay enchufes para los ordenadores como en la sala de estudio. Por lo que mucha gente, cuando se les invita a cambiar de sala para poder llevar a cabo alguna actividad, opta por irse a casa”, apunta Lacalle, cerrando la puerta de la sala en cuestión y dejando atrás la segunda salida: una puerta de emergencias que, en los días calurosos, los usuarios dejan abierta para ventilar y combatir el intenso calor que se concentra dentro.

Por otro lado, la ubicación del local en el bajo de un edificio de viviendas es un problema añadido que impide la sinergia entre la biblioteca y el civivox de la Milagrosa, sito a diez minutos andando en el antiguo colegio José Vila, pero alejado en el imaginario y uso colectivo. “Estamos aislados. Podríamos trabajar juntos y compartir recursos, crear un foco cultural concreto que sirva de referencia, pero estamos completamente aislados”, señala esta bibliotecaria, en la Milagrosa desde agosto de 2013.

más personal Al igual que reclamaba Fabiola González hace más de 30 años, Itziar Rodrigo, Beatriz Lacalle y Javier Rivas también solicitan más personal. “Generalmente estamos dos personas, porque Javier e Itziar trabajan media jornada cada uno. Pero también solemos estar uno solo, unos 90 días al año, debido a vacaciones y asuntos propios”, apunta Lacalle que, junto a sus compañeros, pusieron esta situación en conocimiento del Gobierno de Navarra y del Ayuntamiento de Pamplona. “El Ayuntamiento contrató a una persona para el periodo de vacaciones y se notó mucho”, aseguran los tres bibliotecarios para quienes la “necesidad de contar con otro trabajador o trabajadora más” no es solo por carga de trabajo, sino por “ofrecer un mejor servicio”.

De esta forma, se evitarían situaciones como que “cierre la biblioteca días en los que no toca por falta de personal”, como ocurrió el año pasado y el anterior. “Estar tres hace que te organices mejor y permite que siempre haya dos personas aquí. Por lo que, si surge un imprevisto o uno se pone malo, siempre hay alguien y, en general, el servicio sería mejor”, apostillan.

Además, el aumento del personal sería una forma de paliar la inseguridad que, en ciertas ocasiones, pueden llegar a sentir. En parte por la estructura del local. “La biblioteca solo tiene dos entradas, la principal y la de la sala de estudio”, recuerdan estos tres bibliotecarios, cuyo despacho está en el lado opuesto a la salida. Además, el enorme volumen de libros con el que cuenta la biblioteca de la Milagrosa hace que una parte de esos ejemplares esté archivada y fuera de la vista de los usuarios, en el depósito. “Como no hay ventanas, cuando estamos aquí no nos enteramos de lo que pasa fuera. Y, si esta uno solo, y le piden un libro de los que tenemos en el almacén, difícilmente podemos estar en la otra punta controlando lo que pasa, por ejemplo, en la sala de estudio”, apuntan estos trabajadores, que, hasta hace algún tiempo solo tenían una vía para salir del despacho. No obstante, desde hace algunas semanas cuentan con una puerta que conecta el almacén con el pasillo que dirige a la puerta de salida. “También han puesto cámaras de vigilancia, pero son parches. Es un barrio en el que a veces se producen conflictos y lo que no puede pasar es que trabajemos con inseguridad”, denuncian.

“Lo que pedimos es equipararnos al resto de bibliotecas. Tener los mismos recursos”, interviene Itziar Rodrigo, destacando que “solo hay tres bibliotecas con dos personas”, la de San Jorge, la de San Pedro y esta. “No queremos otro barrio, queremos unas condiciones dignas. No pedimos nada que no tengan ya otras bibliotecas”, aseguran.

actividades A pesar de las dificultades, estos tres bibliotecarios han unido fuerzas con los vecinos y vecinas del barrio y cuentan con una amplia oferta de actividades que complementan el servicio tradicional de préstamo de libros. “Por el momento trabajamos con muchas propuestas de los usuarios y usuarias. El barrio quiere y nosotras solo pedimos que se equilibren los recursos de las bibliotecas de Pamplona. Este barrio necesita luz, física y metafóricamente”, explica Beatriz, cuyo lugar de trabajo es, además de una biblioteca, el lugar perfecto para empaparse y disfrutar de la cultura. El formato es lo de menos. “Tenemos cuentacuentos en castellano y euskera, un club de lectura, un club de cine y acogemos presentaciones de libros y algunos cursos”, explican las dos bibliotecarias. Todo con el objetivo de satisfacer las necesidades del barrio y generar un foco cultural que pueda servir de referencia a los vecinos y vecinas del barrio y alrededores. “No hay otra biblioteca por esta zona además de la de Iturrama, así que aquí viene gente de otros barrios como Azpilagaña o los Ensanches”, apunta Itziar Rodrigo.

“En principio hacíamos La hora del cuento, pero luego vinieron voluntarios de Médicos del Mundo y nos ofrecieron colaborar. Así que preparamos una actividad más amplia en colaboración con ellos y con colegios para tratar el tema de la multiculturalidad, que está muy presente en este barrio, para acercar otras culturas del mundo a Pamplona”, explica Lacalle sobre esta actividad que, en noviembre del año pasado, permitió a los txikis conocer más de cerca la cultura boliviana.

Por otro lado, esta biblioteca también es el punto de encuentro para el club de cine y el de lectura, dos actividades que se llevan a cabo una vez al mes y gozan de muy buena acogida entre los usuarios y usuarias. En el caso del club de lectura, las reuniones se celebran el tercer martes de cada mes de 19.30 a 21 horas y está coordinado por la poetisa navarra Maite Pérez Larumbe. “Participan 20 personas y estamos muy contentos con el funcionamiento”, aseguran Lacalle y Rodrigo. Por otro lado, los participantes en el Cineclub se reúnen los segundos viernes de cada mes a las 18 horas para ver una película y, luego, celebrar un coloquio para analizarla. “En otros lugares lo que hacen es que cada quien ve la película en su casa y luego reunirse para comentarla, pero nosotros queríamos que toda la actividad se desarrollase en la biblioteca”, apunta Lacalle, que no duda en asegurar que “las películas son de los más variado”.

Además, también se celebran otro tipo de actividades propuestas por los usuarios, como un taller para crear un blog en Wordpress “Aquí funcionamos con una forma de trabajo muy cercana a los usuarios, que en muchas ocasiones proponen ideas o posibles actividades”, explica Lacalle.

Fondo literario La longevidad de esta biblioteca ha propiciado que, con el paso de los años, haya acumulado un variado y completo catálogo de libros. “De tantos años que tiene, cuenta con un inmenso fondo en el que hay libros que solo están aquí y en la Biblioteca General, que no los puede prestar porque cumple una labor de conservación. Por lo que hay mucha gente que, a pesar de no ser usuarios habituales, viene en busca de ese tipo de libros”, destaca Beatriz.

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