Paloma Díaz-Mas escritora

“La pérdida de la memoria de un ser querido nos suscita el afán por recordar”

La escritora hablará hoy (19.00 horas) en la Biblioteca de Navarra de su novela ‘Lo que olvidamos’, en la que reivindica la necesidad de la memoria personal y colectiva

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Carlos Mota - Martes, 21 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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pamplona- Lo que olvidamos parte de hechos autobiográficos, ¿podemos hablar de novela?

-Es novela. Tiene un trasfondo autobiográfico, pero es una novela menos autobiográfica de lo que parece. Hay una experiencia personal, y es que mi madre padeció una demencia senil en sus últimos años, y hay algunas cosas que si no las has experimentado son difíciles de imaginar, pero a partir de ahí hay toda una trama de ficción, con este personaje que es un político de la Transición que no recuerda quién es y otras cosas que son ficticias o no son estrictamente autobiográficas, sino que me las han contado otras personas.

¿Por qué escogió esta estructura de registro o anotaciones?

-Lo llamaría una decisión de última hora (ríe). He tardado mucho en escribir esta novela. Empecé a tomar notas hace 14 años, las dejaba, las retomaba, mientras tanto saqué otros libros, alguno de ellos relacionado con este, caso de Como un libro cerrado, que es un relato autobiográfico de mi infancia... Y la decisión de numerar las partes tuvo que ver con que alguna de las que tenía escritas eran muy breves, ni siquiera ocupaban una página, y me parecía que no daban para capítulos. Y las numeré porque quería que diese la impresión de que no se trata de cosas inconexas, sino que componen un discurso articulado y ordenado, con una especie de hilo conductor;que se notara la progresión, pese a que esta es una novela circular y empieza como acaba y acaba como empieza. Pero no pensé que los numeritos iban a llamar tanto la atención (ríe).

Narrando como narra una historia dura y dolorosa, no cae en ningún momento en el melodrama y el relato lacrimógeno. Seguramente, dar con el tono habrá sido lo más difícil.

-Ese era uno de los peligros, y creo que por eso me ha costado tanto tiempo escribir esta novela. Con este tema puedes caer fácilmente en el lado de lo trivial o de lo melodramático y desgarrado. Encontrar ese tono con el que puedes contar una experiencia muy dolorosa, pero con el que puedes introducir una reflexión sobre tu propia vida y te ayuda a ver las cosas de otra manera, ha sido lo más difícil. Dar con ese tono comedido que no se me fuera por el camino de ninguno de los peligros, es lo que me ha hecho reescribir mucho, desechar partes enteras... Esta novela ha supuesto mucho más de lo que ha quedado al final.

La narradora -no sé si Paloma también- juega ese papel de la mujer como cuidadora tan presente en nuestra sociedad.

-Precisamente, esa parte está novelada. Nosotros somos dos hermanas y un hermano y los tres estuvimos muy unidos y nos implicamos mucho con la situación de mi madre. Pero, en efecto, la posición de la narradora responde a una pauta de comportamiento muy presente en nuestra sociedad. Suelen ser las mujeres las que adoptan el papel de cuidadoras y sigue siendo así por mucho que cambie la mentalidad. Y los propios mayores entienden que así es como debe ser. La generación de mis padres asumieron que eran las hijas las que les tenían que cuidar y les impusieron esa obligación de manera directa indirecta. Es una cosa transmitida de generación en generación que ha llegado a la nuestra, pasará a la siguiente y parece que muy difícil romper con esa dinámica.

La protagonista muestra la necesidad, casi ansia, por recordar como reacción ante el desvanecimiento de la memoria de su madre.

-En el momento en que la memoria de una persona de una generación anterior desaparece porque olvida o muere, hay una especie de sensación de que nos faltan cosas que deberían habernos transmitido. Y nos decimos ‘por qué no le pregunté sobre esto’, ‘ahora hay algo que no sé y ya no podré averiguar’... Hay acontecimientos que no hemos vivido, pero que nos han influido mucho, como, por ejemplo, el modo en que se enamoraron nuestros padres. No todo el mundo lo sabe y la pérdida suscita el deseo de recuperar recuerdos que a veces son propios, otros son recuerdos de cosas que nos han contado, otras veces son falsos recuerdos de cosas que creemos recordar y comprobamos que no fueron así... Precisamente, el tema principal de la novela es ese, cómo el olvido suscita el afán de recordar.

¿A Paloma Díaz-Mas también le sorprendió la cantidad de cosas que había olvidado?

-Esa sensación la he tenido en muchos momentos. Algo parecido sucede cuando nos cambiamos de casa, por ejemplo. A veces recuperas el pasado a través de algo material, de un objeto que te trae toda una parte de tu vida. También puede pasar cuando vuelves a tu país después de una estancia en el extranjero o cuando regresas a un lugar que visitaste hace muchos años.

Cuando te sorprende cómo has podido olvidar algo importante, también te das cuenta de que estamos hechos de recuerdos.

-Es que somos lo que recordamos. De hecho, cuando empezamos a no recordar nos convertimos en otra persona. Es una sensación muy inquietante. Las personas que sufren un trastorno cognitivo de este tipo siguen siendo ellas, y a veces manifiestan rasgos de su carácter o incluso hacen gestos que eran muy suyos, pero han olvidado toda su vida. Hasta qué punto somos nuestros recuerdos es otro de los temas fundamentales de la novela;cómo recordando nos construimos y reconstruimos a nosotros mismos.

La narradora también reconstruye sus recuerdos ligados a la historia reciente;los que le transmitieron sobre la Guerra Civil y la dictadura, pero sobre todo los de la Transición, con el 23-F en primer plano.

-Yo no viví la Guerra Civil y el franquismo lo pasé en mi infancia y primera adolescencia, así que ahí tengo más recuerdos de otros. Pero tengo recuerdos muy vivos de la Transición porque coincide con el inicio de mi vida adulta. La narradora en realidad es un poco más joven que yo y el golpe de Estado le cogió en el Bachillerato, cuando yo entonces ya había acabado la carrera;aparte de eso, es una etapa que tengo muy presente y que resulta que hoy ya mucha gente no conoce porque no la vivió. Y eso que fue un momento fundamental para nuestra vida actual, porque se crearon todas las libertades democráticas y nació una sociedad nueva en la que todavía hoy vivimos. La gente de 40 años para abajo no tiene recuerdos de aquello y, por tanto, tiene una visión de la actualidad muy distinta a la mía. No es lo mismo interpretar una situación social y política sin esa perspectiva que con aquellas vivencias. Yo no quería hacer una novela política, pero sí reflexionar sobre aquel momento porque está pasando al olvido, ya que muchos de los que lo vivieron ya no están y otros no recuerdan. Fíjate en Suárez, Maragall, Solé Tura, que se olvidaron de sí mismos y de lo que hicieron.

¿Por qué cree que parece que está de moda en algunos ámbitos desprestigiar aquellos años?

-Eso es una consecuencia del olvido o de la no memoria. Cuando no tienes recuerdos de una época porque no la has vivido, te pueden contar lo que sea y es posible que te lo creas. Sí que hay un cierto discurso que tiende a desprestigiar todo el esfuerzo que se hizo después de la dictadura de Franco por construir una sociedad nueva. Esfuerzo que seguramente no fue perfecto, pero que dio pie a una sociedad distinta, y se hizo gracias al compromiso de fuerzas políticas muy opuestas.

Algo que parece imposible hoy.

-Claro. Es que cuando piensas en quiénes fueron los padres de la Constitución, ves que estaba representado todo el arco político y que, por ejemplo, el Partido Comunista fue un elemento clave para que se pudiera redactar el texto. Hoy parece que eso es imposible y que siempre lo fue, pero no, hubo un momento, lógicamente porque el país se jugaba mucho y había un riesgo golpista cierto, en el que se hizo un esfuerzo de concordia y de conciliación enorme. Entre finales de los 70 y principios de los 80 se llevó a cabo una modernización del país que quienes no la han vivido casi ni la pueden imaginar.

¿Escribir este libro también es luchar contra el olvido?

-Sí, lo que pasa es que no sé qué caso me harán (ríe). El libro no es un manifiesto político, pero sí un testimonio de alguien que vivió una época y que, lógicamente, recuerda desde un sitio subjetivo. Mi aspiración es que aquel tiempo no se olvide y que estos recuerdos induzcan a una cierta reflexión.