Siempre y nueva mágica primavera

Por Julen Rekondo - Martes, 21 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

estamos ya en esa estación de la vida, como la llamo, la primavera. Porque, si cada estación climatológica supone una serie de cambios en los elementos que componen los ecosistemas, la primavera puede ser calificada como el renacer y resurgir de la vida. Alimento y agua en abundancia, apareamientos, crianza, migraciones, floración… Una época sin igual para descubrir esos mágicos mecanismos que regulan el sorprendente equilibrio de los ecosistemas.

La orografía, las regiones biogeográficas y los componentes climatológicos existentes en Navarra provocan variaciones incluso dentro del propio territorio. Como consecuencia, la primavera puede hacerse notar de forma más intensa en unos u otros puntos. Sólo en Navarra, dentro del marco ibérico, se encuentran las tres regiones biogeográficas reconocidas en el dominio peninsular. En primer lugar, la región cántabro-atlántica al norte, se caracteriza por los bosques de hoja tierna, representados por los hayedos, alisedas, robledales caducifolios y semicaducifolios que avanzan en su sector meridional hasta las sierras que cierran por el sur las cuencas de Pamplona y de Aoiz-Lumbier. En segundo lugar, el extenso dominio mediterráneo, al sur de la zona anterior, se reconoce por sus bosques siempre verdes de carrasca y pino carrasco;los quejigales de hoja esclerófila y lampiña efectúan la transición en esta área de la Navarra Media;choperas, alamedas, sucedas y fresnedas se reparten por los ríos. Por último, en tercer lugar, los mundos pirenaicos alpinos se extienden al este del río Irati y al norte de la prepirenaica sierra de Leire con un elenco de abetales y hayedos con abeto, pinares albares montanos y de pino negro subalpinos.

Con la primavera tenemos la oportunidad de incorporarnos a los escenarios de la vida, esos que nos negamos en la cotidianeidad. Es la oportunidad, esperemos que aprovechada, de asomarnos a una convivencia que nos puede permitir entender y disfrutar mejor de la condición humana.

Porque de la misma forma que nuestra piel, al contacto con los aires libres y la luz sin pantallas se oscurece, es decir, se hace mestiza y en consecuencia diluye la soberbia de la identidad única, también cabe pensar que nuestros sentimientos se amplíen incluyendo la vastedad de lo mirado. Se nos puede poner también morena el alma con tan solo dejar que la naturaleza se exprese y la escuchemos.

La sencillez de lo espontáneo, la libertad que emana de la ausencia de obstáculos, normas y prescripciones, incluso el sosiego y la belleza de las manifestaciones naturales pueden formar parte de nuestro período de descanso primaveral. Sugiero que se dejen acariciar por la ilimitada oferta del calendario. Sean, si les apetece, recíprocos con la propuesta que les están haciendo los campos. Los estados del derredor y del tiempo cíclico que lo va llenando todo de nuevos proyectos de vida son dos de los aspectos más cruciales de lo humano y de lo natural. Todos somos de una época y de los instantes que van tejiéndola. Todos somos de uno o varios lugares. Pero no nos reconocemos del todo de esos momentos que con cadencia regular van sucediéndose a lo largo del año. Generalmente nadie se dice de la primavera o del otoño. Sin embargo, el tiempo circulando es otro de los paisajes que si son vividos multiplican el placer de contemplar y le dan su mayor sentido a la vida. El clima y el calendario son albergues de los que no podemos escapar, pero ojalá tampoco incomprender.

La primavera es tiempo de anuncios. Por eso inunda todo el entorno con aromas, es decir, el lenguaje de las flores. Es tiempo también de canciones porque ni un solo pájaro deja de emitir músicas, las que compusieron el preludio de la primera sonata de la historia. La transparencia de un día que ya ha conquistado toda su estatura anual, permite que en nuestros ojos se multiplique la serena jugosidad del prado y del bosque. Y en todas las esquinas están eclosionando nuevas proles, y también es tiempo de migraciones. Sin duda, uno de los fenómenos más espectaculares que se producen en esta época, características de dos épocas del año, aunque por culpa del cambio climático las aves migratorias estén reduciendo sus migraciones.

Primavera es inseparable de la alegría, de esa plaga de vivacidad que desborda al recipiente de tiempo y espacio en el que todos estamos. ¡Aprovéchenla! Porque la vida vivida en compañía de lo vivo y de sus acontecimientos genera, a la par que un bellísimo y por completo gratuito espectáculo, una generosa cosecha de emociones. Déjenla pasar a sus adentros, la primavera lo renueva todo, incluso la desgastada memoria de que nosotros también somos una de sus creaciones.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente