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Justo Lacunza Balda sacerdote experto en estudios islámicos, arabista y africanista

“A la ONU y los gobiernos se les debería caer la cara de vergüenza por no parar la masacre de Siria”

El pamplonés asegura que hasta que las instituciones no reconozcan sus errores, no podrán poner solución a la guerra en Siria y a la situación de los refugiados

Una entrevista de Laura Garde Fotografía Oskar Montero - Martes, 21 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Justo Lacunza, en los jardines del Seminario de Pamplona.

Justo Lacunza, en los jardines del Seminario de Pamplona.

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Justo Lacunza, en los jardines del Seminario de Pamplona.

pamplona- Justo Lacunza Balda (Pamplona, 1944), candidato al premio Príncipe de Viana de Cultura 2017, es uno de los máximos conocedores del Islam y de los países árabes. Ha sido asesor personal de los últimos Papas y gobiernos como el francés, el alemán o el ruso han solicitado su asesoramiento en materias de diálogo interreligioso, estrategias geopolíticas y terrorismo islámico. Antiguo rector del Instituto Pontificio de Estudios Árabes e Islámicos en Roma, Lacunza está convencido de que nos encontramos ante un reto de convivencia que empieza por resolverse a nivel personal.

Han pasado justo seis años desde que comenzó la guerra en Siria. Este tiempo ha dejado más de 320.000 fallecidos. ¿Cómo ha sido la evolución del conflicto?

-La revolución en Siria comenzó en 2011, como en otros 16 países árabes, por tres razones. La primera, luchar contra un dictador, en este caso Bashar al-Ásad;como consecuencia, conseguir la libertad;y la tercera, lograr una mayor distribución de los recursos y bienes acaparados por el tirano. Luego, cuando estalló la guerra, la intervención de países como EEUU o Rusia y la autoproclamación como califa del grupo terrorista Estado Islámico de Abu Bakr al-Baghdadi, complicó las cosas por completo. Los jóvenes revolucionarios esperaban a alguien que luchara contra el régimen y no al revés. Siria se ha convertido en una masacre, no hay una familia que no haya sufrido las consecuencias de la violencia y el odio.

¿Fueron las redes sociales uno de los detonante de la revolución y de la guerra?

-No. Las redes sociales cumplen un doble papel. Por un lado, son elemento de difusión y, por otro, sirven para reafirmar la victoria o la derrota. Las redes sociales son un medio, no la causa. El verdadero detonante fue la desafección, el pisoteo de los derechos y la miseria en países que eran muy ricos.

¿Cómo deberían actuar la ONU y los gobiernos para parar la guerra?

-Para empezar, tardaron un año desde que comenzó la revolución en darse cuenta de que en Siria había un problema. Ahora tendrían que sentarse y mirar de frente la realidad, que es cruda, dura y dolorosa. Después, aceptar las culpas. Tienen que ser conscientes de que han destruido gran parte de la humanidad. Detrás de la guerra hay gobiernos que permiten el negocio. Lo que ha ocurrido es consecuencia de la venta de armas, entre otras cosas. Las instituciones tienen que admitir que han degollado la vida y el futuro de miles de familias. La buena política es la que reconoce los fallos y las meteduras de pata. Sin reconocerlo no habrá soluciones y se les tendría que caer la cara de vergüenza porque no han sabido parar una masacre. Además, tendrían que detectar los problemas concretos para encontrar soluciones viables y olvidarse de las ideologías.

¿Llegarán estos países a implantar un sistema democrático?

-Si algo tienen todos los países árabes, no solo Siria, es el hambre de libertad y derechos. Pero primero hay que curar las heridas de una guerra abierta y para ello hace falta pasar página. Tampoco se puede pedir democracia si no hay respeto. Todo cambio esencial en cualquier sociedad del mundo comienza con la persona. Las instituciones cambiarán el día que los ciudadanos de a pie cambien.

Esta semana se cumple también un año de la puesta en marcha del acuerdo de la Unión Europea y Turquía en el que la UE no ha cumplido sus deberes de acogida. Tampoco España, que solo ha reasentado a 1.141 personas de las más de 17.000 que prometió. ¿Qué opina sobre ello?

-El problema no está en recibir refugiados o no. El problema está en por qué. Ellos proceden de países que tienen recursos de los que todos nos aprovechamos y, sin embargo, no conocen la democracia ni los derechos. Viven en la miseria. Solo quieren escapar de ella y llegar a una Europa ficticia, pues se la hemos presentado como el centro del mapa mundi. Como si aquí no hubiese problemas. Las mafias que están detrás de las embarcaciones se aprovechan de ello.

“El velo no es parte del credo islamista, aunque los líderes musulmanes yihadistas intenten hacerlo así”

“Una ley, una norma o un precepto del tipo que sea que no tenga a la persona en el centro no vale para nada”

“Los gobiernos tienen

¿Cuál es la solución?

-Dejar de ver a las personas como números. Hay que acabar con el negocio de tráfico de personas que hay detrás. La persona humana debe ser el centro. Una ley, una norma o un precepto del tipo que sea que no tenga a la persona en el centro, no vale para nada. Será nocivo. Las personas son el eje central de las sociedades, no un número de censo.

Aunque la mayor parte de las víctimas del terrorismo del grupo Estado Islámico son los musulmanes, Europa también está siendo castigada.

-El terrorismo ha dado un salto de calidad. Al Qaeda quiso construir mil células islamistas alrededor del mundo. Pero Estado Islámico busca la conquista del territorio. Quiere crear el espacio de un nuevo califato en Siria e Irak y conquistar Europa con sus ideas. Ellos se apoyan en textos del Corán, son milicianos cuyo objetivo es extender el Islam a todos los puntos. Y lo intentan por medio de los atentados. Así ponen a la población en una situación de miedo y de temor. La llevan al límite.

¿Los nacionalismos emergentes y el cierre de fronteras son una consecuencia de los atentados?

-Son dos de ellas. Pero todos amamos las raíces de nuestra propia historia. La identidad es algo extraordinario. Así que un nacionalismo que cierra las puertas a los demás no es nacionalismo. Es avaricia. Hay que transformar el nacionalismo en reavivar la identidad. Toda identidad significa apertura, no enfrentamiento o colapso. Todos tenemos nuestra identidad y de eso no se puede hacer un arma contra el otro. El nacionalismo que solo mira su ombligo está cerrado. Ahora la sociedad tiene que está abierta, e imponer unas normas o unas ideas no es el camino. La identidad no puede cambiar las normas del juego de buenas a primeras. El ejemplo, de nuevo, es la persona. Una identidad no puede cerrarla ideológicamente, no puede imponerle lo que no quiere para ella. Hay que respetar las identidades. Si las respetas, te respetarán a ti.

Entonces estamos ante un reto de convivencia.

-Sí, y es más importante solucionar este reto que el de tener razón. No se puede utilizar la política o la violencia para tener razón. Nadie puede tratar de convertir a nadie. Es imposible hablar en la convivencia de quién tiene razón o no. La convivencia es entretejer, entrelazar, enriquecer y crecer juntos. Siempre se debe intentar buscar y encontrar soluciones, no complicar la vida de los demás.

La Justicia europea avaló la semana pasada la prohibición del velo en el trabajo. ¿Qué opina sobre ello?

-Desde mi punto de vista, la norma es acertada. La esperaba desde hace tiempo. El velo no es parte del credo islamista. Hay una tendencia por parte de los líderes musulmanes yihadistas de hacer una sociedad aparte y el velo es un símbolo de ello. Pretenden hacer que sea parte de la identidad islámica y esto es falso. Puede tener diferentes significado, pero no es sustancial de la libertad de culto.

Usted ha trabajado como asesor de los últimos Papas sobre el mundo musulmán. Ahora, ¿cuál es la misión del papa Francisco?

-El papa Francisco es un señor pacificador. Pacificador y tejedor entre comunidades diferentes de religiones diferentes, de lenguas diferentes... En el mundo hay sitio para todas. El Pontífice intenta crear conciencia de que somos una humanidad. Así, si uno está mal, le echaremos una mano. Intenta hacer ver que nadie debe darse la vuelta ante los problemas. Ahora me voy a permitir decir que el Cristianismo es la única religión que desde sus comienzos pone a la persona en el centro. El Cristianismo, en sus raíces, trataba a todos con la misma medida y dignidad. A veces parece que esto lo hemos olvidado. El papa Francisco lo recuerda.