Una parada de 23 años en el Camino

Los hermanos Maristas, que han recibido a miles de peregrinos en el albergue de la Trinidad de Arre, se ven obligados a ceder el testigo por falta de relevo

Sara Huarte | Javier Bergasa - Martes, 21 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

El hermano Víctor en el jardín del albergue, donde los peregrinos se reunen para meditar, descansar o compartir sus experiencias en el Camino.

El hermano Víctor en el jardín del albergue, donde los peregrinos se reunen para meditar, descansar o compartir sus experiencias en el Camino. (JAVIER BERGASA)

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El hermano Víctor en el jardín del albergue, donde los peregrinos se reunen para meditar, descansar o compartir sus experiencias en el Camino.

villava- Durante el siglo XII fue un hospital de peregrinos, refugio de las tropas del duque de Wellington durante la batalla de Sorauren en 1813 y, desde hace 23 años, albergue de peregrinos. Los muros de la Trinidad de Arre atesoran un sin fin de historias;las de los peregrinos que luchaban contra la enfermedad en los camastros del hospital, las de aquellos que no lo consiguieron y encontraron descanso eterno entre sus muros o la de los caminantes que, a día de hoy, recuperan fuerzas con los atentos cuidados de los tres hermanos maristas que a día de hoy custodian el albergue;Víctor, Domingo y Esteban.

“Nosotros llegamos aquí hace 23 años porque por aquel entonces vivían con nosotros varios seminaristas, ya que teníamos el seminario en Biurrun y queríamos que continuasen estudiando. Así que vinimos aquí porque podían seguir yendo al instituto de Burlada”, recuerda el hermano Víctor Pastor, que también ejerció como profesor de latín en el colegio de los Padres Maristas. Con el paso de los años, la ausencia de seminaristas fue transformando poco a poco la labor de los hermanos, que devolvieron a la vida el antiguo hospital de peregrinos. “Por aquel entonces pasaban pocos, ya venían algunos, pero no tantos como ahora”, explica este hermano marista mientras atraviesa el coro de la Iglesia en dirección al albergue.

“Antes los conocidos como hospitales de peregrinos eran muy importantes y había muy pocos. Sin embargo, ahora hay por todas partes;en Zizur, Espinal, Burguete, Pamplona, Roncesvalles, Villava...”, comenta este marista, añadiendo que “también han cambiado las funciones” de centro. “Ahora si están malos van a un centro sanitario o al hospital. Nosotros solo nos encargamos de las ampollas”, bromea el hermano Víctor, llegando a las habitaciones en las que los peregrinos y peregrinas reponen fuerzas para continuar el Camino.

Este albergue (Cofradía de la Santísima Trinidad de Arre) tiene capacidad para acoger a un total de 32 personas, repartidas en cuatro habitaciones: una grande, bautizada como Ulzama y con capacidad para 20 personas, y tres más pequeñas “para roncadores, cuadrillas, familias o mujeres que prefieren dormir separadas”, de 8 camas en el caso de Arga, 4 en Velate y dos en Arre. “También disponen de una cocina, en la que pueden encontrar los condimentos básicos como la sal o el aceite, y una sala común en la que descansar o compartir experiencias y reflexiones del Camino”, explica este veterano hospitalero, mientras ojea el cuaderno de firmas. Es el número 17 y está casi completo. “Hay opiniones y comentarios en todos los idiomas”, asegura.

Y es que son muchos, “miles y miles”, los peregrinos que han pasado por este antiguo hospital a lo largo de los años. “Ahora vienen peregrinos de todas las partes del mundo. Antes solo venían de Europa, pero hoy en día es mucho más fácil viajar. Así que hemos tenido gente de Alaska, Brasil o Argentina. Y también europeos, de Letonia, Estonia, Alemania, Inglaterra o Francia”, enumera este hermano marista, que, a lo largo de los años ha recibido a viajeros de muy diverso perfil. Algunos de los cuales pasaron de puntillas y, otros, dejando huella.

“Hace algún tiempo recibí a un peregrino ya mayor y le pregunté si era la primera vez que hacía el Camino. Me contestó que no, que lo había hecho 17 veces ya y que, cada vez, trataba de elegir una ruta diferente”, apunta el hermano Víctor, que también recuerda con cariño a una familia parisina que llegó desde Saint Jean de Pied de Port con los bultos a lomos de un borriquillo. “Era un matrimonio con sus cinco hijos, el más pequeño de ellos un bebé. Nos explicaron que cada año procuraban hacer un tramo del Camino de Santiago, en aquella ocasión hasta Logroño”, rememora este hospitalero.

Sin embargo, este histórico albergue también ha sido testigo de anécdotas más cercanas en el tiempo. Como, por ejemplo, la que se vivió el 31 de diciembre de 2016. Porque este es uno de los pocos albergues que abre sus puertas en invierno. “La Nochevieja pasada, por ejemplo, vinieron algunos peregrinos y lo celebraron magníficamente con el hermano que se había quedado a recibirlos”, apunta este marista. 23 años después de su llegada al albergue, a finales de este mes, los hermanos maristas cederán el testigo. “Ya no hay seminaristas y nosotros superamos todos los ochenta años”, confirma Víctor con pena. No obstante, el histórico albergue no cerrará sus puertas, la Cofradía de la Santísima Trinidad de Arre está preparando el relevo a otras manos de confianza.