José Ovejero escritor

“No puedes decir la verdad porque no estamos capacitados para ello, solo nos podemos acercar...”

El Foro Auzolan acogió ayer en su seno a José Ovejero, escritor multipremiado que presentó su última novela, editada por Galaxia Gutenberg, ‘La seducción’

Una entrevista de Fernando F. Garayoa Fotografía Iban Aguinaga - Miércoles, 22 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

José Ovejero, ayer en el Casco Viejo de Iruña.

José Ovejero, ayer en el Casco Viejo de Iruña.

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José Ovejero, ayer en el Casco Viejo de Iruña.

pamplona- Acostumbrado a desentrañar sus novelas en multitud de entrevistas, José Ovejero no da puntada sin hilo, aunque ese hilo sea largo, colorido y de distintos grosores.

Ego, vanidad, poder... ha desentrañado las claves de unaseducción, pero da la sensación de que siempre lo hace en tono negativo, como si no existiera la seducción positiva, en términos de comprensión, amor, complicidad... ¿Quizá es que esta última no dé tanto juego, sea utópica o tenga un punto demasiado inocente...?

-Creo que hay muchas seducciones distintas, muchas formas de seducir. Y hay una a la que desde luego le daría connotaciones positivas: la seducción como juego compartido. Es decir, la seducción en la que uno sabe que está siendo seducido, se presta a ello porque es divertido, apasionante, porque te puede llevar a una relación o no, ya que, a veces, el juego basta, no pretende llegar más lejos. Pero hay otras que van aparejadas al engaño, seducir a alguien para que haga algo que no quiere hacer o que no sabe que va a hacer. Y en la novela estamos hablando más bien de este tipo de seducción, que yo denominaría como instrumental, para conseguir algo de otro.

Por eso es que la vincula a la mentira.

-Claro, en este caso sí. Pero no tiene por qué ser así de la misma manera que la ficción no es una mentira puesto que aceptamos lo que es.

Ahondando en los tipos de seducción, ha apuntado que la seducción política está vacía de contenido, cuando, en principio, debiera ser aquella que está dotada de más sustancia ya que atañe al bienestar social, ¿por qué?

-En política los contenidos cuentan cada vez menos porque los partidos se parecen cada vez más. Cada vez se da menos una política que parte de convicciones, lo que se hace es mercadotecnia. Es decir, ¿qué quiere la gente?, pues se lo ofrecemos. Cuando digo que la política es cada vez más seducción no es porque tenga nada concreto que ofrecer, simplemente intenta conseguir que el otro haga algo: votarme. Pero creo que la política no es el lugar para la seducción. Evidentemente un político con carisma puede hacer llegar mejor su mensaje, pero eso es otra historia. Creo que la política tiene que hablar con claridad de lo que ofrece y cuál es su coste, pienso que no es un lugar para el juego divertido y apasionante de la seducción.

Volviendo al argumento de la novela, parece como si la seducción solo se pudiera ejercer de abajo arriba, es decir, de una persona más joven (David) hacia otra mayor (Ariel). Pero, ¿la seducción no tiene como punto de partida el deseo, que no entiende de edades?

-Si es más frecuente la seducción de abajo arriba es porque desde arriba a veces puedes imponer tu deseo, mientras que desde abajo, no, necesitas otras armas para conseguirlo.

¿Todos somos susceptibles de ser seducidos, la clave está en encontrar ese deseo preciso que nos has haga sucumbir...?

-Sí, todos somos susceptibles de ser seducidos, de distintas maneras, unos más que otros, pero todos tenemos puntos vulnerables. Precisamente, en la novela el juego está en que David conoce muy bien los puntos vulnerables de Ariel... Fundamentalmente la vanidad, que lo abarca todo: su trabajo, su sexualidad, su deseo propio de seducir, de ser atractivo... David conoce a Ariel pero Ariel no conoce a David, ahí es donde está el desequilibrio de la novela y por eso el seductor es David y el que va a utilizar los puntos débiles de Ariel.

Supongo que una de las grandes dificultades que se encontró a la hora de escribir este libro fue encontrar una voz para Ariel separada de la suya propia.

-Claro, porque aquí el riesgo era escribirme a mí mismo al coger un personaje que es un hombre, escritor, de mi edad, en este momento... prácticamente estoy empujándolo a que sea como yo. Y para mí, lo que resultaba divertido es que la novela también fuera un juego, o por lo menos que la enriqueciera. Un juego tuyo con la creación, con el lector... que tiene que ser seducido para que entre a jugar. Aquí, uno de mis juegos era conseguir que Ariel fuese muy distinto de mí. Eso no significa que no estemos de acuerdo en algunas afirmaciones;yo, a veces, suscribo 100% lo que dice Ariel, pero él es diferente, tiene un carácter que no es el mío, una manera de afrontar las relaciones que no es la mía... Pero yo no me planteo esto, es decir, cuando lo voy a crear no me pregunto qué carácter va a tener, simplemente lo pongo a hablar. Y ves si te convence o no, si resulta demasiado tajante o si tienes que conseguir que diga las cosas de otra manera... Es así como voy construyendo el personaje, no desde una definición previa de su psicología sino buscando una voz que no suene a la mía.

Para detallar de un modo tan prolijo la seducción que sufre Ariel, ¿es necesario haberla vivido, basta con que se la hayan detallado de forma personal o simplemente es suficiente con imaginarla?

-Creo que no podemos imaginar nada que no tenga una base real. Es decir, no lo puedo imaginar del vacío. De la misma manera que en los libros del siglo XIX que intentaban imaginar el futuro, lo que hacían era ampliar el presente, utilizando máquinas más poderosas pero máquinas al fin y al cabo;utilizaban estructuras económicas que se parecían a las que ya conocían... Uno tiene que partir de algo, eso no significa que tenga que haber vivido ni al 100% ni al 50% aquello que cuenta, pero debe haber tenido una relación con ello. No necesitas ser un asesino en serie para conocer parte del mal en ti mismo, lo único que haces es ampliarlo y llevarlo a otros sitios.

Dice un buen amigo, también escritor, que para que el texto sea verdadero, “debes hurgar en tus heridas, y eso es peligroso porque expone mucho una parte íntima al público, pero también es muy bueno porque de ahí surge una verdad que es muy difícil de inventar”.

-Me parece una buena definición. No sé si hay que escribir así pero se acerca a como yo escribo... Esa idea de rebuscar, de hurgar, de mirar lo oculto, de investigar en las zonas de sombra... algo que es difícil y que a veces te pone en contacto con emociones con las que no quisieras contactar, pero, a su vez, te acaba llevando a lugares nuevos, te aleja del tópico, de la mentira... Yo creo que llegas a esa verdad pero la inventas, porque no se puede decir la verdad, ya que no estamos capacitados para ello. Solo puedes acercarte a ella de distintas maneras. La verdad no es nada fácil de definir.

¿Coincide con que esta novela pretende que el lector mire lo que no quiere ver?

-Creo que esa es una constante de mi literatura, aunque creo que esta novela es más amable que otras mías;es decir, soy más amable con el lector, le exijo menos que en otras. Quizá por todo el humor que tiene, toda esa parte autoparódica que incluye. Al final, lo único que hace, a través de la autoreflexión del narrador, que está viendo sus puntos débiles, los cuales no quiere reconocer, es una invitación para que el lector también se examine, y si él no lo hace, el narrador le increpa y dice: “¡Mírate! Mira quién eres, ¿estás orgulloso?

Efectivamente, no podemos olvidar que toda esta trama, tan seria, no está exenta de humor, negro, pero humor, que quizá es la pieza clave que nos lleva a sobrevivir en los momentos más inciertos y duros de la vida.

-Sí, esa es una de las funciones del humor del humor, ayudarnos a sobrellevar ciertas cosas. Pero la otra función es engañarnos. El humor es muy útil porque nos lleva a acercarnos a cosas y solo cuando estamos dentro nos damos cuenta de a qué nos está llevando. Por ejemplo, El buscónpuede parecer una novela divertida pero sin embargo es tremendamente cruel y muestra la crueldad de su época, de una manera que muchos lectores rechazarían si no hubiese humor. Por eso digo que es una trampa, un cebo para atraer al lector a muchas cosas que quizá no quisiera ver si no se las mostraran de esta forma. Pero el humor que prima hoy, sin embargo, es muy blanco, nos permite reírnos de los demás pero no poner en tela de juicio nuestros propios problemas y debilidades. Es un humor que sí quiere hacer olvidar cosas. De hecho, cuando el humor es serio lo tiene mucho más difícil y se mira como un hermano menor de la literatura y los premios nunca van ahí;Mendoza, si no hubiese escritor su parte seria, dudo que se hubiese llevado el premio.

Han acusado a esta novela de no alcanzar una “estabilidad verosímil”. Pero, ¿es necesario que tenga que ceñirse a estos parámetros sobre todo cuando la ficción juega un papel tan importante?

-Creo que hay una especie de obsesión en ciertos críticos por la verosimilitud, como si esa fuese la prueba de fuego de una obra literaria. Yo creo una obra literaria no tiene por qué ser verosímil, a no ser que intentes serlo y no lo consigas. A mí me parece que la verosimilitud está tremendamente sobrevalorada, uno no espera verosimilitud en El señor de los anillos,pero tampoco tienes que esperarla en novelas como ésta. Cuando escribí La comedia salvajeun crítico dijo que no era verosímil... Vamos a ver, en esa novela hay un tipo que levita cuando habla en euskera del gusto que le da, otros acaban con toda la vida que hay en un desierto porque la vida es fuente de pecado... Yo, como autor lo estoy negando, porque en esta novela todo es ficción, y por lo tanto no creo que sea el criterio más importante.

¿Puede la venganza, tan denostada como reacción del ser humano, alcanzar un estatus aceptable por la sociedad o, precisamente por vivir en sociedad, debemos descartarla como posibilidad justa y coherente de actuación?

-La venganza tiene casi hasta una función biológica de supervivencia. Lo que sucede es que una sociedad impone una serie de límites a las tendencias naturales. Yo, en determinadas condiciones, sé que querría vengarme, pero al mismo tiempo sé que no quiero que sea la venganza el criterio que rige una sociedad en la que vivo. Son dos cosas distintas, una, aceptar lo humano, que es desear vengarse y que puede ser incluso útil en algunos casos, y otra que sea una norma aceptada socialmente, que creo que no deba serlo.

Novela, teatro, ensayo, poesía, crónica de viajes, e incluso ejerce como profesor en la Escuela de Escritores... En los tiempos que corren, o uno se defiende como versátil o, a pesar de ser el pichichi de los premios, no se puede sobrevivir de una profesión como la escritura, de la que uno recibe solo el 10% de su creación mientras el resto se esfuma...

-Creo que en el fondo no es tan raro, la mayoría de los obreros crean una plusvalía que no tiene nada que ver con el honorario que reciben, por lo que no somos tan distintos. Tocar un montón de géneros, más que abrirte puertas, te las cierra. No creo que sea una buena estrategia para ganar más dinero o tener más éxito. Si prescindes de un perfil claro, te estás poniendo más trabas. Yo no soy cuentista ni dramaturgo ni poeta, pero escribo poesía, teatro o cuentos. Por lo tanto, es mucho más difícil encajarme y tener un lector fiel.

¿Anhela ser seducido o prefiere ser seductor?

-Prefiero no tener que elegir. Lo interesante de la seducción es que es un juego. Cuando a ti te seducen, tú quieres ser más atractivo para seducir al otro. Al final tienes que ser las dos cosas para que sea interesante y divertido. Si solo eres el seducido, ahí hay una pérdida de poder, y todos tendemos a conservar ese poder. Pero si solo eres seductor, eso se acaba convirtiendo en una especie de vida falsa en la que tú te estás transformando para agradar al otro. Si no hay ida y vuelta, la seducción pierde interés.

las claves

“En política, los contenidos importan cada vez menos porque los partidos se parecen cada vez más”

“Hoy prima el humor blanco, el que permite reírnos de los demás pero no poner en tela de juicio nuestros problemas”