Raquel Andueza soprano

“Con la voz juego, me divierto, experimento, arriesgo... pero intento que no condicione mi vida diaria;no es todo”

La sala de Cámara de Baluarte acogerá mañana (20.00 horas, 15 euros) el concierto de Raquel Andueza y la Galanía, dentro del ciclo Encantando de la Coral de Cámara de Navarra

Una entrevista de Fernando F. Garayoa Fotografía Iñaki Porto - Viernes, 24 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

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pamplona- Si sonríe, el mundo abre puertas y ventanas para que entre la luz. Cuando habla, su discurso encandila por coherencia, criterio y cercanía. Pero cuando canta, los sentidos, todos, se sumen en un estado de locura extasiada al alcance de pocas cantantes. Ella es Raquel Andueza, una de las sopranos más relevantes e internacionales que ha dado esta tierra chiquita pero apañada.

Tras 10 años viviendo en El Escorial, ha decidido volver a Pamplona, la ciudad que le vio nacer, ¿por qué ha elegido ejercer de hija pródiga?

-No es lo mismo vivir en Madrid capital que un pueblo que estaba a 50 kilómetros. Es decir, tampoco era lo más cómodo para mis viajes tener que atravesar Madrid para volver al aeropuerto. Tenía muchísimas ganas de volver y tuve la excusa de una operación de corazón de mi papá, que salió perfectísima y está hecho un chaval;pero con esa excusa me dieron ganas de estar más cerca... Hasta el punto de que lo que iba a ser pasar unos meses, creo que se va a alargar porque estoy muy contenta aquí. Me encanta volver, me encanta el tamaño de la ciudad y la vida diaria me resulta mucho más cómoda y ahorro mucho tiempo. Y cuando tengo que viajar, no me importa invertir una hora más de lo que me costaba antes.

Vayamos directos a la esencia antes de acometer otras cuestiones. ¿Qué es la voz para Raquel Andueza?

-Intento que no sea todo. La voz, para mí, es un regalo que me ha permitido trabajar de lo que me gusta. Es algo con lo que me divierto, con lo que experimento, con lo que juego, con lo que me arriesgo, también... pero intento que no condicione mi vida diaria. Muchas veces, los cantantes tenemos esa tendencia a sobreprotegernos a nosotros mismos: que si el aire acondicionado, que si el tabaco, las bebidas frías. Yo intento que eso no condicione mi vida diaria puesto que vivo en este mundo. Pero, por supuesto, es un regalo y una suerte... porque cuando me escucho, oigo muchas imperfecciones, pero tengo la suerte de que a la gente le gusta mucho el trabajo que hacemos. Y juego con esa suerte.

Permítame que discrepe en cierta medida. Cuando yo recibo un regalo, simplemente lo abro y lo disfruto. Pero usted ha tenido que trabajar muy duro con su instrumento, una labor que es continua y que prácticamente dura toda la vida.

-He tenido que trabajar mucho mi voz y la sigo trabajando. Esto son músculos, resonadores, y cada día tienes que trabajar;eres como un deportista, tienes que entrenar para que no se oxide, no tienes que sobre esforzarlo porque puedes hacerte daño... Y es cierto que, a veces, se vuelve en tu contra porque si estás mal anímicamente, el instrumento lo llevas puesto y sufre contigo, de la misma forma que cuando estás muy contenta, la voz suena mucho más exultante. Eso siempre es así.

Hablamos de la voz, de la música en general, pero si pensamos en Raquel Andueza es inevitable inclinar el oído hacia el barroco. Bien, al margen de la definición académica, ¿qué le hace sentir este estilo musical hasta el punto de convertirse en su enseña o referencia?

-Fíjate, el barroco me gusta desde que no era consciente de que era Barroco lo que escuchaba. Es decir, tengo una hermana mayor, Esther, que es pianista, y desde que era pequeña siempre que la veía tocando el piano le pedía que tocara “del libro azul”... que era Bach. Después, en el colegio, nos pusieron audiciones de música y hubo una que me encantó, y era de Purcell. Más adelante nos pusieron otras audiciones y lo que me encantó... era de Bach. Recuerdo que apuntaba todo eso y luego llegaba a mi casa y les decía a mis padres que teníamos que comprar ese disco porque me había entusiasmado, junto con Mecano, Madonna y todo lo demás, evidentemente. Posteriormente, empecé a cantar con David Guindano, cuando todavía era muy pequeña, en un coro que formó y él, que era un enamorado del barroco, me dijo que iba a tener que cantar “esto”, y me dio un disco de Monteverdi... Y aluciné, no puedo decir otra palabra;y entonces me di cuenta de que todo eso era barroco y de que tenía una inclinación natural hacia él.

Antes de llegar al momento actual, ha currado de lo lindo, pasando momentos muy duros, que al principio incluso le llevaron a pensar en dejarlo, tras pasar por unas clases con una profesora muy dura, y, posteriormente, a valorar el cambio de estilo y saltar al jazz.

-No ha sido un camino de rosas, pero lo que sucede es que a mí me gustaba cantar, aunque nunca pretendí ser solista. Y cantaba en coros porque cuando yo tenía 7, 8 o 10 años no existían grupos de pop o de rock en los que una niña pudiera cantar;además de por tradición familiar, claro. Sí que empecé muy temprano a estudiar canto, con la voz todavía sin desarrollar, y esta profesora, seguramente con toda su buena intención, me ponía las cartas sobre la mesa, o ella misma no estaba convencida de que yo pudiera hacer algo... Y claro, lo pasaba mal, lloraba, sufrí mucho... pero supongo que eso también me ayudo a no creerme toda esta tontería que hay en el mundo del canto. Nos aplauden, nos vestimos de princesas, los directores nos tratan fenomenal... Y eso genera una especie de cosaque te puede atrapar y hacerte creer que eres distinta a las demás. Yo siempre pienso que todo tiene un papel en la vida, y el de esta profesora fue que yo nunca me creyera nada, ni nadie. Y quiero quedarme con lo bueno. Posteriormente, ya cuando me fui a Londres, empecé a estudiar jazz y me gustó tanto que mi profesor me dijo que: “Creo que tienes que dejar la clásica y dedicarte al jazz”. Pero yo iba con un beca del Gobierno de Navarra, y cómo les iba a decir a mis padres que iba a dejar de cantar clásica si es por lo que todo el mundo ha apostado por mí. Así que decidí seguir por el camino y no descarriarme...

Cuando a uno le hablan de música barroca, desde la lucidez y valentía que otorga el desconocimiento, piensa en música aburrida... Sin embargo, usted defiende, por ejemplo, que tiene un poso especialmente actual.

-Son armonías que todavía no son excesivamente complejas, con bajos repetitivos que son como los de la música pop actual. Y el acercamiento de la voz es un poco más natural, es bel canto,pero no como el que se realizaba a partir del siglo XIX, con orquestas y salas mayores;se cantaba en sitios más pequeños, por lo que el uso de la voz es distinto, más íntimo. Hay mucha gente a la que el barroco le aburre porque no sabe lo que es y otra gente a la que no le gusta la música clásica en general pero le encanta el barroco;y hablo de gente joven, como mis amigas de clase, que cuando venían a los conciertos alucinaban porque les conmovía esta música cuando otro tipo de repertorios quizá no;y con esto no quiero hacer de menos el clasicismo o el romanticismo, que me encantan. Pero la música barroca tiene un punto, incluso marcado por la sonoridad diferente de los instrumentos, que no vibraban tanto, que hace que a la gente que no está inmersa en el mundo del clásico le llegue de manera más inmediata.

Al igual que con el barroco, a Raquel Andueza se le vincula desde 2010 con la Galanía. Este matrimonio tan bien avenido es el que más fechas cierra en su agenda, pero también ha cantado, y canta, con numerosas formaciones, destacando entre ellas el dúo con Jesús Fernández Baena, con el que comenzó en 2003. ¿Siente la tentación de repensar su carrera o esta diversidad es realmente su zona de confort?

-Con Jesús empecé cuando todavía estábamos estudiando, pero sí que es verdad que he cantado y canto con muchísimos grupos. Ha sido una decisión personal apostar por La Galanía. Tú vas aprendiendo de los directores con los que trabajas, y llega un momento que quieres hacer las cosas a tu manera, porque con todo lo que has ido aprendiendo, formas tu criterio propio y quieres defenderlo. Y vas conociendo músicos que tienen la misma manera de sentir la música, es por eso que decidimos montar La Galanía. Yo empecé con Jesús porque a los dos nos gustaba este repertorio de principios del siglo XVII italiano, en el que la tiorba es el instrumento rey, y luego me lo eché de novio (risas), así que la tiorba y la voz van unidas. Sí que es verdad que, cuando cantas con mucha gente, chocan los proyectos en diferentes festivales. Llegó un momento en que abordaba hasta 25 programas diferentes al año y decidí centrarme en La Galanía y centrar mi carrera con el grupo de gente con la que me siento bien y con los que ya casi no hace falta ni hablar en los ensayos;respiramos igual y el corazón nos late a la vez. En cuanto a salir de la zona de confort, no me da miedo, todo lo contrario, de hecho necesito hacer dos o tres proyectos diferentes al año.

“La cultura es un derecho que nos hace libres y más fuertes, no es algo por lo que tengas que pagar;un país sin cultura no es nada”

“Eliminar las asignaturas artísticas es un error o una estrategia para que seamos un poco más tontos, nos pueda

Han pasado ya seis años desde aquel pelotazo que significó ‘Yo soy la locura’, disco del que vendió más de 20.000 copias físicas, algo casi impensable para un álbum de clásica. Desde la perspectiva que da el tiempo, ¿qué ha significado para Raquel Andueza este álbum?

-Creo que ese disco cambio mi vida profesional. Primero, porque las expectativas que tenía eran nulas. Se trataba de un repertorio con canciones anónimas y otras no muy conocidas de compositores españoles del siglo XVII, que presentamos a varias discográficas grandes y no les convencía. Así que decidimos crear nuestro propio sello para lanzarlo;por todo ello pensé que no iba a tener mucha repercusión... Y sin embargo algunas canciones de este trabajo se han convertido en una especie de hitsdentro del barroco, como Sé que me muero de amor, de Lully, que ahora se la oigo cantar a muchas sopranos, y eso me encanta porque en España nadie lo había hecho. Aunque no sonamos en los 40 principales, el disco se reeditó varias veces, logramos distribución internacional y, a día de hoy, todavía nos piden este repertorio.

Leí unas declaraciones suyas que, viniendo de una soprano, sorprendían, ya que apostaba, para las piezas en castellano o italiano, por quitar protagonismo a la voz para que el texto se entendiera. Algo digno de elogio pero que no casa habitualmente con el ego de unos cantantes que tienden a que su voz se erija en absoluta protagonista.

-A mí me encantan las historias que cuentan las canciones... Si me dan una partitura en la que la música no es maravillosa pero el texto es increíble, la escogería antes que otra con una melodía muy bonita y un texto aburrido o ñoño, porque defender un texto feo es muy difícil, y defender uno precioso es más fácil y convierte la música en mucho más bonita. Además, el barroco se denominó como la música de los afectos, porque los compositores estaban al servicio de las palabras. Nosotros tenemos la suerte, con respecto a una flauta, un piano o un violín, de contar con un texto que decir, nos lo ponen muy fácil y tenemos que aprovecharlo;los instrumentistas se lo tienen que currar mucho más para expresar los sentimientos sin palabras. Por eso, muchas veces tienes que hipotecar la belleza de tu voz, ¿y qué?

¿Qué siente cuando el nuevo gerente de la Fundación Baluarte, Félix Palomero, hace pública su intención de contar con usted para la próxima temporada de Baluarte, como referencia de los artistas navarros que deben pasar por el auditorio y sentirlo como su casa?

-Me puso muy contenta, evidentemente. Siempre había tenido esa espinita... Hago 50 conciertos al año, por todo el mundo, cantando en el Carnegie Hall, en los Proms de Londres, y no haber podido cantar en Baluarte... Así que como pamplonesa que soy, me hace una ilusión especial, aunque entiendo que es más complicado ser profeta en tu tierra. Pienso que hay muchos artistas navarros que deben frecuentar en el auditorio de la ciudad.

En otro orden de cosas, Raquel Andueza ha puesto voz a varias bandas sonoras de filmes y series de televisión e incluso a campañas publicitarias, como la de Loewe. ¿Qué sensación le produce escuchar su voz en un medio tan alejado de los escenarios que habitualmente frecuenta?

-Me hace mucha gracia porque es algo muy diferente. Pero es emocionante porque, por ejemplo, el anuncio de Loewe, que se emitía antes de los partidos del Mundial del fútbol, significó que millones de personas escucharan a Händel, y eso es un logro;lo de menos es que escucharan mi voz. Con la publicidad y la televisión logras eso, como el momento el que muere Isabel la Católica (en la serie de TVE) y ahí se nos escuchaba a nosotros cantando. Es emocionante sobre todo cuando trabajas con gente tan buena como Federico Jusid, que es el compositor de todas estas series, como La catedral del mar, que se está rodando ahora y en la que también hemos participado. Cuando participas en proyectos de este tipo te quieres morir de gusto, como cuando grabé para la película Exodus, de Ridley Scott, en Abbey Road, ¡el estudio de los Beatles! Sabes que con la música barroca ahí no llegas, por lo que estas incursiones en otros campos son maravillosas y quiero seguir haciéndolas. Cuando era pequeña yo quería doblar anuncios o cantar una princesita de Disney, lo de los anuncios ya está, lo de la princesita, quién sabe, ahí lo dejo (risas).

Apunta lo importante que fue que millones de personas escucharan a Händel... ¿Nos falta educación musical, nos falta trabajar la cantera?

-Mi manera de empezar a conocer la música clásica fue en el cole, y ahora la están quitando. Si eliminamos las asignaturas artísticas, o la filosofía, de la formación de un niño, estamos castrando su cerebro, le estamos cerrando las áreas más importantes para el desarrollo de su creatividad. Me parece un error... o una estrategia para que cada vez tengamos menos capacidad de pensar, seamos un poco más tontos, nos puedan dominar mejor y seamos más manipulables. Y si además tienes a la cultura con el 21% de IVA eso la convierte en un artículo de lujo, prescindible... La cultura es un derecho, no es algo por lo que tengas que pagar. Es un derecho que nos hace libres y más fuertes. Y un país sin cultura no es nada, es un ente vacío.

¿Es Monteverdi el niño de sus ojos?

-Fue mi primer gran amor barroco... Luego ha venido Cavalli, Antonio Cesti... pero claro, Monteverdi, fue el primero (risas).

el concierto

Nuevo repertorio. “Haremos un programa de música italiana, muy apasionado, tormentoso y amoroso, a la vez que divertido. Y lo hacemos con una formación de percusión, violín, arpa barroca, guitarra barroca y tiorba. Es un recorrido por la Italia de Monteverdi, que se celebran los 450 años de su nacimiento, y sus contemporáneos. Y haremos algunas obras que creemos que nunca se han tocado en tiempos modernos”.

proyectos

Grabación en Barañáin. “Grabaremos durante tres días en el Auditorio de Barañáin un proyecto de recuperación de bailes del siglo XVII, danzas como la zarabanda, la chacona o las folías, que se escribieron en su momento con melodías para la voz, pero que se habían perdido. Ahora, un musicólogo español, Álvaro Torrente, ha hecho un estudio y ha reconstruido la línea melódica. Este será el nuevo disco de La Galanía, que no es tan barroco pero sí entra en los patrones históricos que siempre defendemos”.