Música y danza

Teresa Catalán

Por Teobaldos - Sábado, 25 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Monográfico de Teresa Catalán

PIano:Mario Prisuelos. Programa: Juguetes rotos. Elegía nº3. La danza del Gozo Vermell. Aldonza y Crésida. Danza: EBB Dance Company. Bailarina: Valentina Pedica. Programa: La Danza de la Princesa, ballet en un acto con música de T. Catalán y coreografía de Jean Philippe Dury. Programación: ciclo Cartografías de la Música del Museo Universidad de Navarra (MUN). Lugar: auditorio del museo. Fecha: 23 de marzo de 2017. Público: casi lleno el patio de butacas.

En el merecido homenaje a Teresa Catalán organizado por este sólido ciclo del MUN, se ha dado un somero, pero fundamental, repaso de la aportación de la compositora y catedrática al mundo de la música -creación, divulgación y pedagogía-, partiendo de algunas pinceladas biográficas -muy relacionada con el mundo de la pintura y el arte en general-;señalando las etapas por el presentador y crítico G. Lapuente;y con el contrapunto -más pesimista con respecto al oficio de componer- de su colega del legendario grupo Iruñeko Taldea, Patxi Larrañaga. Pero, sin duda, claro, lo mejor del homenaje es volver a su música que, a medida que más se interpreta, más nos gusta;máxime en las excelentes versiones del pianista M. Prisuelos, que, no sólo supera sin problemas las dificultades técnicas -abundantes- de las partituras, sino que, y es lo más importante, las ha transmitido con una sensibilidad extraordinaria;algo que, en este tipo de música, se agradece doblemente, porque ante estos repertorios, muchos pasan de largo y los tocan de compromiso. Abre la parte musical Juguetes rotos(1995), una obra de comienzo delicadísimo, como carillón de caja de música, bruscamente interrumpido, hasta un abrupto final, donde aun sobreviven algunas notas. Elegía nº 3 (2007), a la muerte de un amigo, es ciertamente grave y dramática;con campanadas que llegan al alma, y un último aliento que el pianista deja en el aire, magistralmente. La Danza del gozo Vermell(2013) es de rotundo poderío en la parte grave del piano, rítmicamente marcada, de nuevo muy bien entendida por el intérprete al tomar un tempo apropiado para no emborronar, y que deviene en un pasaje más tranquilo, apelando a su antigüedad. Y Aldonza y Crésida(2015) es una delicia en la atmósfera creada en la parte aguda del piano, que muestra el especial cariño con el que la compositora trata a estos dos personajes femeninos cervantino-shakesperianos. Por cierto, Teresa Catalán se ha movido siempre en ambientes masculinos, lo cual es una dificultad añadida;pero no distingue entre música hecha por mujeres u hombres. Prima la inteligencia, como debe ser.

La segunda parte la ocupó el ballet La danza de la princesa, una partitura francamente hermosa, con toda la riqueza sonora para concebir un gran ballet. Sin embargo, el coreógrafo J.P. Dury ha concentrado todo ese torrente musical en la meditación intimista de una bailarina a solas con su cuerpo. Ya dijimos el día del estreno sinfónico de la obra (DN 15-4-14), que nos sugería más una princesa de Juego de Tronos que de Disney. Dury nos confirma, y lleva casi al extremo, con su coreografía, el vértigo, el riesgo, la violencia, en una estética, un punto, sórdida. Pedica domina todo ese entramado de desasosiego y equilibrio en una bañera. No obstante, y sin quitar mérito, el poderío rítmico de la cuerda y el exacerbado lirismo de algunos tramos, sugieren excelentes pasos a dos y de cuerpo de baile.