Tesoro inmaterial

Por Patxi Aranguren Martiarena - Sábado, 25 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

A mi amigo Koldo Asiron, euskaldun y gran defensor del euskera.

recientemente, en la web The Culture Trip, la norteamericana Lani Seelinger publicó un informe en el que se hace un estudio de las 10 lenguas más antiguas del mundo. La autora ha escogido diez de esas lenguas que han conservado su carácter propio a lo largo de un larguísimo intervalo de tiempo, y entre las diez seleccionadas está, cómo no, el euskera. No es fácil saber cuáles son las lenguas vivas más antiguas que pueden llevar esa etiqueta. Quizás existan otros idiomas en el mundo que pueden pugnar por llevar ese calificativo y no han sido incluidos en ese ranking de antigüedad, pero casi con total seguridad se puede afirmar que el euskera siempre figurará entre los idiomas más antiguos del planeta.

Es una evidencia que algunos idiomas se han perpetuado a lo largo de los siglos como una realidad autónoma, por lo que pueden ser considerados el mismo idioma aunque hayan sufrido algunos cambios inevitables. Pero también es cierto que las interrelaciones entre los idiomas han hecho que estos evolucionen de tal manera que aun siendo el mismo idioma es difícil, e incluso imposible, que alguien que lo hablase hace, por ejemplo 2.000 años pudiera entenderse con alguien que lo hable hoy.

El euskera ha sido ratificado por la mayor parte de los lingüistas, expertos e investigadores de todo el mundo, como la lengua viva más antigua de Europa y su origen es un auténtico misterio porque no existe otra lengua emparentada con él. Su antigüedad se remonta al menos a los tiempos neolíticos, aunque hay evidencias que llevan a pensar que su origen puede remontarse aún mucho tiempo atrás. Importantes lingüistas e historiadores defienden la creencia de que el euskera puede ser heredero directo de la lengua que hablaban, hace 15.000 años, los habitantes de las cuevas de Altamira, Ekain o Lascaux. Y es que, casualmente, es en el sudoeste de Francia y norte de la Península Ibérica donde se encuentran gran parte de los yacimientos paleolíticos más relevantes y donde se concentra la mayor parte del arte rupestre del continente. Además coincide con el área geográfica de mayor concentración humana de Europa Occidental durante el periodo glaciar, lo que sería significativo a la hora de remontarse a las raíces lingüísticas europeas.

Theo Venneman, un reconocido lingüista de la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich, afirma que todas las lenguas tienen su origen en algún lado, muchas veces no sabemos dónde. Pero en la época que tratamos aquí, el euskera no había venido de ninguna parte, ya estaba aquí cuando llegaron las demás lenguas. Bajo este concepto, el euskera es la lengua más antigua de Europa. Todas las otras lenguas son idiomas foráneos que vinieron del este y que fueron tan influyentes, que podían imponer sus lenguas a los habitantes primitivos. El euskera es la única superviviente de toda una familia idiomática europea. La pregunta es ¿por qué al contrario que otras lenguas de territorios romanizados en toda Europa, cuando Roma cayó, el euskera seguía existiendo? El verdadero enigma del euskera no es su origen, sino cómo ha conseguido perdurar hasta nuestros días.

Solo por su interés filológico sería motivo suficiente para valorarla y más si se considera su perfil diferenciado, al no estar inserta en ninguno de los grandes troncos lingüísticos. Al no tener la lengua vasca parentesco con las demás que la rodeaban, este carácter diferencial fue percibido, desde siempre, por los ajenos al país en términos de extrañeza, lejanía e ininteligibilidad, que se traducía en una polarización tal que o bien se consideraba una jerga bárbara, propia de campesinos no cultivados o bien, por el contrario, lengua antigua, misteriosa y milagrosamente conservada.

La portavoz de la sucursal navarra del partido político que gobierna en España ha afirmado recientemente que la mayoría de los navarros no quiere que el euskera sea oficial en toda Navarra. Y lo argumenta diciendo que los navarros han tenido la posibilidad de aprender el euskera durante 30 años y no lo han querido aprender. No lo han querido utilizar para su vida ordinaria ni para su trabajo. En esta declaración se nota que su autora quiere resaltar la prevalencia del idioma castellano sobre una lengua marginal que hay que arrinconar en los valles del norte de Navarra, pero además en sus palabras subyace un desprecio hacia esta lengua nuestra que tiene el mérito de haber sobrevivido casi milagrosamente, a los avatares del tiempo sorteando mil peligros, motivo más que suficiente para ser mimada y protegida por los poderes públicos.

El español es una de las lenguas más importantes del mundo, ya que ocupa el segundo lugar del planeta, tras el chino, en número de hablantes, según datos del Instituto Cervantes. En Internet, el español ocupa ya el tercer puesto como idioma más utilizado, tras el inglés y el chino. Su presencia en la red registra un crecimiento sostenido de más del 800% en los últimos 10 años. El español es una lengua de gran riqueza y le está comiendo el terreno al inglés y al chino, por eso no se entiende de ninguna manera que desde el Estado español se intente frenar la vasconización de toda Navarra, el solar de los vascones: un extenso territorio de 10.420 kilómetros cuadrados en el que viven poco más de 600.000 personas. ¿Qué son 600.000 vascoparlantes si los comparamos con los 600 millones de hispanoparlantes de todo el mundo?

Pero si ya es difícil de entender el desprecio que, desde las altas instancias del Estado, manifiestan hacia ese tesoro que, según los más prestigiosos lingüistas del mundo, tiene un valor incalculable, todavía resulta más difícil de asumir que haya políticos navarros que deseen la desaparición de nuestra vieja lengua.

El autor es economista de la Universidad Pública de Navarra