A la contra

Yendo hacia la luz

Por Jorge Nagore - Domingo, 26 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 08:35h

La superficie terrestre del planeta es de unos 148 millones de kilómetros cuadrados. La ciudad en la que vivo tiene 23 kilómetros cuadrados. La cuenta es clara: he pasado alrededor del 90% de mi tiempo en la Tierra circunscrito al 0,0000015 de la superficie terrestre, yendo y viniendo a lo largo y ancho de esos 23 kilómetros cuadrados durante horas, días, semanas y años, con pequeñas y puntuales salidas al exterior, algunas de apenas horas o de días sueltos y las más largas de varias semanas pero no mucho más allá de a 50 kilómetros de distancia. Has viajado, también, a lugares de idiomas diferentes, pero como muy tarde 15 días después ya estabas de vuelta en tus 23 kilómetros cuadrados, haciendo surco por las aceras, los repechos, las cunetas y los solares y colocando tu cepillo de dientes en el mismo lavabo de siempre. Es aterrador, por supuesto, si lo piensa uno así y más aún si insistes en la idea y calculas el tiempo que dentro de ese tiempo lo has pasado entre las paredes de tu casa y las paredes con suerte de algún trabajo, en lugar de estar, qué sé yo, luchando contra los arapahoes en las Grandes Llanuras o persiguiendo el amor de una mujer desde Mar de Plata hasta Ushuaia o, simplemente, viendo pasar la vida metido en un bar de mala muerte de una ciudad costera italiana semidesierta un mes de marzo con 7 grados y lluvia. Pues nada de eso, estás en tu casa y dentro de poco harás la comida y te tumbarás un rato y luego quizá te cruces con el vecino, que no tenía barba cuando le conociste sino tacá-tacá y darás una vuelta, la vuelta 300.000, y volverás a tu agujero y cenarás y te dormirás en medio de algo parecido a la felicidad, sabiendo que hoy ya anochece más tarde y que pase lo que pase hasta finales de junio seguirás yendo hacia la luz aunque en el fondo no te muevas del sitio en el que a ti mismo te has clavao. Hoy dan sol.