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“Además de madre o padre somos terapeutas, hay que recomponer los destrozos que tienen”

Patricia Ollo y Pablo Sarasate adoptaron en 2008 a Amarek, una niña etíope que ahora tiene 12 años, y tienen otra hija de 5

Domingo, 26 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Pablo Sarasate y Patricia Ollo posan en una plaza del barrio de Iturrama.

Pablo Sarasate y Patricia Ollo posan en una plaza del barrio de Iturrama. (Foto: Oskar Montero)

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Pablo Sarasate y Patricia Ollo posan en una plaza del barrio de Iturrama.

pamplona- “Los dos primeros años fueron muy duros, casi suponen la ruptura de la pareja. Amarek rechazaba a Pablo y lo pasamos muy mal. Los tres. Poco a poco fuimos aprendiendo, nos formamos y recibimos ayuda psicológica. Y el apego comenzó a funcionar. Amarek tiene ahora 12 años y es un diamante. Tiene una inteligencia brutal. Como todos los niños adoptados tiene que aprender a vivir con el dolor de haber sido abandonada, y eso está ahí, pero cada vez está más segura y tiene una personalidad arrolladora”. Los ojos de Patricia Ollo y de Pablo Sarasate brillan de una forma especial cuando hablan de su hija mayor. Amarek nació en Etiopía y según su expediente era huérfana de madre, pero tenía padre y hermanos biológicos. Vivía en un orfanato hasta que estos pamploneses viajaron al país africano para adoptarla. Tenía 3 años.

Patricia siempre había tenido en mente la adopción. Su idea era tener primero dos hijos biológicos y adoptar el tercero. “Pero la vida no siempre es como una la imagina y comenzamos con el proceso antes de ser padres”, recuerda. Pablo, al principio, no lo veía claro aunque no tardó en implicarse para hacer realidad el sueño de su mujer. “Los trámites fueron bastante rápidos. En un año nos dieron la idoneidad y al año y medio siguiente ya teníamos la asignación. Viajamos a Etiopía y 13 días después ya estábamos en Pamplona con Amarek”, explican. La primera vez que la abrazaron estaban en el aeropuerto. “Llegamos a las 22.30 horas con dos parejas de Barcelona. Imagínese el shock para los niños: aparecemos seis blancos en un aeropuerto, a cada uno le dejan con unos padres y les llevan a un hotel. Durante los días que estuvimos allí la cosa fue bastante amigable, ya que los críos se conocían, pero luego cada uno se fue a su casa y comenzaron las dificultades”, expone Patricia.

primeros años difícilesAmarek se había criado con mujeres y no quería tener hombres cerca. “El primer año me rechazaba y prefería irse con cualquiera antes que conmigo. Lo pasé muy mal porque no sabía cómo actuar”, reconoce Pablo. Su mujer asiente. “Yo tampoco supe ayudarle. Defendía a la cría y no supe ver que lo estaba pasando mal. Fue muy duro”. Al año y medio fueron de vacaciones a Barcelona con otra de las parejas adoptivas y descubrieron el porqué de ese rechazo. “El hijo de la otra pareja nos confesó que cuando nos vieron en el aeropuerto, como Pablo llevaba una camiseta verde caqui, el color de los militares de Etiopía, le había dicho a Amarek que su padre era muy malo. Cuando fuimos a Barcelona le dijo que se había equivocado, que su padre era muy majo. De hecho le gustábamos más nosotros y Amarek se quería quedar con la pareja catalana”, recuerdan. Al año siguiente regresaron y cambiaron las tornas. Amarek fue la primera en montarse en el coche para volver a Pamplona. El apego empezó a funcionar. Habían pasado dos años y medio desde la adopción.

“Te ponen a prueba para asegurarse de que no les vas a abandonar, necesitan saber que estás ahí”

patricia ollo

Madre de Amarek

“El primer año me rechazaba y prefería irse con cualquiera, lo pasamos muy mal”

PAblo Sara

Ese fue el primer punto de inflexión. El segundo llegó cuando conoció la historia de sus padres biológicos. “Quería saber cómo estaba su familia y nosotros no sabíamos nada. Una amiga viajó a Etiopía y volvió con fotos y la historia. Hablamos con la psicóloga y decidimos contarle la verdad. Su madre está viva, tenemos sus fotos. Eso le relajó, ya que puede verlas cuándo quiere. De momento no quiere ir a Etiopía, pero no le importaría traerlos”, explica Patricia.

Amarek tiene una hermana, June, de 5 años. “Cuando nació le tembló todo. Tenía 7 años y le decían cosas muy fuertes como que no le íbamos a querer porque ahora teníamos una hija de verdad”, recuerda Patricia, quien añade que “es una cría que da pocos abrazos, pero con su hermana siempre ha tenido mucho contacto físico. Y para la pequeña es su heroína. Ella explica que nació de otra tripa pero que es su tata”.

asociarseEsta pareja destaca la importancia de la formación y el apoyo psicológico. “Desde el principio nos dimos cuenta de que necesitábamos ayuda. Hay familias que se piensan que pueden con todo y no es así. Luego llega la adolescencia y llaman a la asociación pero es importante formarse desde el inicio”, asegura Pablo. Y es que un hijo adoptado “no es igual” que uno biológico. “Además de padre o madre eres terapeuta, y cada vez más porque los niños adoptados cada vez son mayores y la mochila es más grande. Con el cariño no se logra todo. Hay que recomponer los destrozos que tienen y es importante apoyarse en profesionales. Hay que saber anteponerse a los cambios porque un mínimo cambio puede destruir el trabajo de un año”.

Pertenecer a la Asociación de Familias Adoptivas de Navarra les ha sido de gran ayuda ya que los niños adoptados tienen actuaciones similares. “Hablar con otros padres te ayudan a comprender a tu hijo. Son niños que necesitan saber que estás ahí. Nos ponen a prueba para asegurarse de que no les vas a abandonar. Les dicen: ‘Qué suerte has tenido, ahora tienes de todo’. Suerte ninguna. Les han abandonado y eso es para siempre. Van a ser personas abandonadas toda la vida, tienen que aprender a vivir con ese dolor y nosotros tenemos que darles herramientas para ello”, afirma Patricia y concluye: “la adopción es la mejor solución para los niños abandonados pero es mejor es vivir con tus padres aunque tengas poco para comer”. - M.Olazarán