Integrismo estepario

Por Rafael Sánchez Martínez - Domingo, 26 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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las nefastas praxis en las reforestaciones de Carrasco (Pinus Halepensis) desde los años 40 han conducido a una mala prensa, totalmente injustificada, sobre esta especie. Si bien, estas plantaciones han cumplido el objetivo de frenar procesos erosivos, la preparación inadecuada del terreno y la excesiva densidad por metro cuadrado han derivado en bosques monoespecie con escaso desarrollo del sotobosque.

Esta situación ha creado una corriente de opinión Pinófoba, especialmente dentro del ecologismo que, en el caso de Navarra, ha calado profundamente en la administración pública. En los últimos años, contrariamente a lo que realizan nuestros vecinos, Navarra ha dejado de reforestar en la depresión del Ebro.

Pero la gota que colma el vaso ha llegado en las últimas semanas. Tras avisar que en Barcelosa se iba a realizar un clareo y una “pequeña” matarrasa, nos hemos encontrado de golpe y porrazo que se han eliminado decenas de hectáreas de pinar con un excelente estado de desarrollo. Probablemente el mayor atropello medioambiental en Navarra en los últimos años, y lo más grave es que este desastre ha sido perpetrado por el mismo departamento de Medioambiente.

La explicación recibida indirectamente de la administración es que «esos pinares fueron plantados de forma inapropiada y que era preciso eliminarlos para un correcto desarrollo de la vegetación esteparia».

Contrariamente a lo que muchos piensan el Pino Alepo es una especie autóctona en la Ribera de Navarra con presencia ininterrumpida durante los últimos 10.000 años como atestiguan las evidencias palinológicas (restos de polen y esporas fosilizados). Existen además numerosas referencias de su uso y protección en documentos medievales.

De las 37.000 hectáreas de pinares carrascos en Navarra solamente unas 5000 hectáreas tienen origen natural, el resto se corresponden con reforestaciones. Pero ¿porque una especie que ocupaba antiguamente amplias extensiones de la Ribera llegó prácticamente a desaparecer? La explicación está directamente relacionada con las prácticas ancestrales de quemas agrícolas y ganaderas. A pesar de que la semilla del pino resiste a los incendios, cuando la recurrencia es inferior a 6 años no existe la posibilidad de que el pino fructifique y recolonice el terreno por semillado, favoreciendo a especies con capacidad de rebrote.

Los bosques de pinos naturalizados (clareados) no solamente son compatibles con el resto de especies mediterráneas;lentiscos, coscoja, enebros, aladierno, labiérnago… sino que su microclima favorece su aparición. El pino reduce la insolación en periodo estival y frena los vientos desecantes. Además aporta humedad al terreno atrapando las frecuentes nieblas invernales. Respecto de la fauna, los pinares permiten la anidación de multitud de rapaces, como el búho real, tan necesario para el control de la población de conejos.

Por otro lado, no hay que olvidar que este tipo de pinar es uno de los hábitats contemplados como “hábitat de interés comunitario” por la Directiva Europea 92/43/CEE.

La LEY FORAL 13/1990 tiene como uno de sus objetivos «Promover la ampliación de la superficie forestal arbolada de Navarra, preferentemente mediante la creación de formaciones vegetales con capacidad para su regeneración y evolución hacia bosques originarios». El plan forestal de Navarra promueve además el «aumento de la superficie arbolada en zonas deficitarias». La matarrasa realizada en Tudela contradice criterios establecidos por el propio Servicio de Montes en Diciembre 2015.

Hace años que la nieve abandonó Tudela. Nos hemos acostumbrado cada temporada a batir récords de temperaturas máximas. ¿Es coherente la eliminación de superficie forestal con los compromisos para frenar el cambio climático?, especialmente, cuando en los últimos veranos se han perdido miles de hectáreas de bosques mediterráneos en incendios forestales (Tafalla, Sierra de Luna….).

Los bosques destruidos estaban situados en las proximidades de Tudela, por lo cual, aparte del valor forestal y medioambiental, esos bosques cumplían un papel muy importante para el ocio, las prácticas deportivas y el turismo.

Resulta repúgnate este acto de soberbia intelectual del departamento de Medioambiente del Gobierno de Navarra que, hurtando a la sociedad del necesario debate, se permiten cambiar los criterios forestales y destruir lo realizado durante más de medio siglo por anteriores administraciones y pagado por todos los contribuyentes navarros. Por lo cual, exijo el cese inmediato de la directora general de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio (Ana García Balaguer). Por no hablar de la responsabilidad “in vigilando” de nuestra Concejalía de Medioambiente.