Música y danza

Poco más que lo corriente

Por Teobaldos - Lunes, 27 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

ORQUESTA DE EUSKADI

Dirección:Hans Graf. Programa: obras de Beethoven, Stravinsky, y Schumann. Programación: ciclo de la orquesta. Fecha: 21 de marzo de 2017. Lugar:sala principal del Baluarte. Público:lleno.

Las bien hilvanadas notas al programa de Mikel Chamizo, tomando el Do como referencia, tonalidad predominante en las obras del concierto que nos ocupa, nos llevaban a presagiar un “do de pecho”, (en lenguaje popular), también en las versiones propuestas por el director de la velada -Hans Graf-, antiguo titular, a su vez, de la orquesta. Pero, en general, no fue así. Claro que siempre se disfruta de una sinfonía de Schumann, de sus temas, del sonido en directo, de la correcta construcción del edificio sonoro, de la incuestionable profesionalidad de los intérpretes;pero -y esto pasó también con Stravinsky-, no supe quedarme con nada extraordinario de las versiones propuestas. Quizás tuve mal día.

La obertura del ballet Las Criaturas de Prometeo, de Beethoven, que abrían la velada, es una obra tan jovial y bella, que consiguió solemnidad, en ese comienzo grande, y viveza en la parte de virtuosismo de la cuerda. Quizás el final, lo hubiéramos querido más impactante. Imaginamos tal vitalidad, y dificultad, en la coreografía de una buena compañía de danza.

La Sinfonía en dode Stravisnky fue una obra que, a mi juicio, no despegó en toda la tarde. Bien es cierto que la partitura es un tanto extraña al quedarse en campo de nadie: ni es lo suficientemente dramática para expresar el estado de ánimo en el que debía estar el compositor -había perdido a su madre, a su hija y a su esposa, y, además se había tenido que exiliar-;ni tampoco parece ofrecer mayor bálsamo de consuelo. Yo creo que, un sonido un poco más descarnado podía habernos impresionado algo más. No obstante, claro, aún está detrás cierto clasicismo. Por otra parte es una de esas partituras en las que las secciones, parece que no se concluyen, que siempre están empezando, que no se cierran bien a oídos del espectador quien, por cierto, seguramente la habrá escuchado muy poco. No es obra a cuyo disco se te va la mano.

Por último, la segunda sinfonía de Schumann tuvo una versión más bien grandilocuente, lo cual, sonoramente suele gustar, pero, si ya, en algunos tramos, se toman tempos un poco más lentos, quizás todo sea un poco pesadote. El comienzo, con las trompetas saliendo un tanto excesivamente -siempre estamos a vueltas con la acústica de la sala, con respecto a los metales-, se apacigua en el desarrollo de los elementos melódicos siguientes. El scherzo fue comedido y transparente, más acercándose a la música de cámara. Bien definido. Me gustó. El adagio, como es una de las más bellas melodías románticas, siempre es bien recibido. El movimiento es lento, y uno se acuna con delicadeza y ternura en los violines y después en el oboe -salió airoso-. El titular se recreó en esa lentitud;fue su opción. El allegro final es esplendoroso;la orquesta siempre se luce en estos finales, es una orquesta de sonoridad compacta y la obra alcanza optimismo. Bien. Pero no extraordinario.