La rendija

La moda de los huertos urbanos

Por Ana Ibarra Lazkoz - Lunes, 27 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

No tengo nada contra la moda urbanita de meter el campo en la ciudad sea como sea. Soy urbanita con querencias rurales de fuerte arraigo familiar, he crecido quitando malas hierbas (en la tierra y en la vida) y malllevo una pequeña huerta de las de verdad. En Madrid y BCN se han creado redes de huertos urbanos comunitarios que pretenden poner en común conocimientos en agroagricultura, espacios públicos donde se trabaja de manera autogestionada. También Pamplona se suma al boomverde con iniciativas como el Rincón Pellejería, Baratxuri en Buztintxuri, Mendillorri, etcétera. Tiene un vínculo con la agricultura ecológica (empezando por las semillas), el producto local, el agrocompostaje y la educación ambiental . Por no hablar de la alternativa de ocio que supone para la gente joven. Hasta ahí, elogiable. A esta aprendiz de hortelana sin embargo le han ido surgiendo otras dudas. Por un lado, sobre el tamaño de las nuevas macetas y la posibilidad de sacar algo decente de tan minúscula tierra (dentro de plazas o en balcones y terrazas) más allá de un geranio o un matojo de perejil. Sobre todo teniendo una comarca de Pamplona tan extensa y plagada de campos que bien podrían convertirse en potenciales huertas como Dios manda. En segundo lugar, el grado de contaminación que tendrán las hortalizas tomando un CO2 tan próximo a unos Pío XII y avenida Navarra sin todavía carriles bici. Por último, el nivel de compromiso a largo plazo de los nuevos hortelanos en lo que empieza siendo un bonito hobby. Sobre el primer aspecto no lo tenía muy claro hasta que vi los bancales de Lorenea en Noáin. Poca tierra pero muy bien enriquecida para favorecer el cultivo. Espectacular. Por de pronto estoy esperando a que haga tempero para sembrar la patata (casi tarde). Suerte que tengo a mi vecino y mejor persona Ramón, que, además, me ayuda a pasar la mula mecánica. La tierra es gratificante pero da mucho trabajo y, sobre todo, te tiene que gustar. Labrar, escardar, regar, abonar, curar plagas, podar, limpiar la cerraja que crece como el rayo... Los de menos es la recolección... En Lumbier un grupo de jubilados está consiguiendo levantar cosechas como para nutrir las necesidades de la PAH del Casco Viejo. Ya saben, de los que tienen paciencia, sabiduría y domingos madrugados. Me consta que en Sarriguren el huerto urbano que promovió el Consistorio está semiabandonado. Ya les digo, la tierra para el que la trabaja.