Recursos humanos

Toda tuya, toda plástico

Por Maite Pérez Larumbe - Martes, 28 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Por no entrar a saco en el asunto busco el significado del nombre Samantha y descubro que en arameo antiguo no es otro que la que escucha. Seguro que Sergi Santos lo ha elegido para su criatura porque lo conocía. Sergi el nanotecnólogo es un prodigio de coherencia. A Samantha le puedes decir lo que quieras y te responde con frases cortas, mensajes de invitación, asentimiento o aliento. Esta habilidad puede practicarla en un abanico tonal y relacional que abarca lo sexual, función haz con mis 90-55-90 de elastómero termoplástico lo que quieras, lo romántico, dime cosas bonitas, cariño, y lo familiar, modo dadora de comprensión y acogida incondicional, no todo va a ser f…, como cantaba Krahe. Samantha es muy completa.

La comunidad científica no acaba de aplaudir este proyecto al que el nanotecnólogo Santos ha dedicado años y en el que hay que suponer que habrá depositado con ardor y entrega lo mejor de sí. Días de cálculos y noches en vela. No conocemos las reacciones de aquellos seres que dedicaron parte de su presupuesto familiar a que se formara para hacer nanotecnologías, no es lo mismo que el chaval diseñe el ojo biónico que la muñeca que no se deshincha, te comprende y llega al orgasmo.

La megabarbi interactiva se muestra en el vídeo promocional con prominentes pechos y piernas abiertas. Toda oferta y receptividad. Qué asquete da este producto que condensa en cuarenta kilos de material tecnológico las funciones y destrezas atribuidas a las mujeres, el concepto de sparrings afectivas y sexuales que proclama sin cortarse un pelo el Frankenstein del pseudocuerpo vibrátil. ¿No? Pero no todo es malo. Es tan obscena esta propuesta, tan clara, que puede ayudarnos a ver qué pensamos, qué pedimos, qué esperamos, cómo nos ven y cómo nos relacionamos.