Una visión futurista de Pamplona, el debut en la novela de Javier Rey

El escritor, vecino de la Chantrea, presenta mañana ‘El síndrome Virila’ en la Librería Abarzuza

Paula Etxeberria - Miércoles, 29 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Javier Rey Bacaicoa.

Javier Rey Bacaicoa. (Foto: D.N.)

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Javier Rey Bacaicoa.

pamplona- La vida de Javier Rey (Olite, 1954) ha tenido muchas derivas: desde la biología a la educación, pasando por la investigación científica o la informática... De hecho, él siempre recuerda la anécdota de que, al terminar Bachiller, la “semblanza” sobre sus cualidades profesionales decía: “Javier Rey vale tanto para las letras como para las ciencias”. Ambos campos los ha unido en su debut literario: una novela futurista ambientada en la Pamplona actual.

Bajo el título El síndrome Virila, la obra, que su autor dará a conocer mañana jueves en Pamplona en una presentación-tertulia a las 19.00 horas en la Librería Abarzuza, plantea “una hipótesis fabulada” que parte de las “posibilidades racionales” que brinda la nanorrobótica. ¿Y si pudiéramos obtener de nuestras células toda la información sobre el instante en que los nanorrobots interaccionan con ellas, y crear con toda esa información en detalle algo equivalente a una copia de seguridad? Es la trama de ciencia ficción que se planteó Rey, quien trabajó durante 7 años como asesor de informática en el departamento de Educación. “El tema me surgió allá por 2006, cuando se hizo público lo novedoso de la aparición de los nanorrobots en el ámbito científico;entonces se apuntaban muchas posibilidades, como que los nanorrobots podían interaccionar a nivel molecular con cualquier situación, y provocar en las células comportamientos no habituales. Yo estudié Biología, y estas cosas te planteas y no las ves tan imposibles Tarde o temprano, esto podría llevarse a cabo si fuera interesante para la humanidad”, augura el escritor vecino de la Chantrea.

Con el tema en mente y empujado por su gran afición a la literatura, se lanzó a escribir una novela con la intención de “llegar al corazón del lector”. Para eso, además de “ser lógico, de contar una historia verosímil, que no fuera una suposición sin más”, tenía claro que debía ahondar en la parte humana de los protagonistas. “Tiene tanto peso o casi más en algunas partes del libro que la parte de ciencia ficción”, avanza. “Me interesan los efectos que esa hipótesis que planteo tiene en los personajes”, añade. En especial en la protagonista, Belén Larrogáin. Una joven científica hija de veterinario y responsable de la empresa que fundó su padre, Ingenasa, dedicada a la mejora de la raza Jaca Navarra y pionera en trabajos de nanorrobótica. “La novela empieza contando que la empresa que se ha puesto de moda a nivel mundial por haber conseguido crear órganos para el trasplante, pero órganos obtenidos no de donantes, sino a partir de la interacción de los nanorrobots con los órganos de la persona que va a ser trasplantada. Tomando ADN de células de otros órganos sanos del trasplantado, se genera en laboratorio un órgano exactamente idéntico al que tendría esa persona, con la gran ventaja de que no hay rechazo en el trasplante porque el ADN es el mismo”, cuenta Javier Rey. A partir de esta idea se desarrolla la trama, que evolucionará cuando Ingenasa “da un paso más subiendo un escalón mucho más importante, que va a revolucionar la humanidad entera. Y en su cruzada, Belén tendrá enfrente a dos enemigos: las grandes farmacéuticas y el fundamentalismo religioso”, avanza el autor sin querer desentrañar la parte más interesante de la historia.

rompiendo moldes El síndrome Virila rompe moldes. Quizá por eso no ha sido fácil para Javier Rey dar con una editorial que avale su apuesta, difícil de encajar en un género. “Alguien definió esta novela como ciencia ficción doméstica, porque aunque sea futurista, ahonda mucho en las cuestiones sociales, en los condicionamientos familiares, afectivos, de contexto, que afectan a los protagonistas”, dice. Rompe moldes también por el escenario, una pequeña ciudad como Iruñea. “Hasta ahora siempre me he encontrado en novelas de ciencia ficción con un protagonista anglosajón, que vive en una localidad de Estados Unidos o de Gran Bretaña o del centro de Europa. No es habitual que uno sitúe la ciencia ficción en su propia calle. Pero me dije, ¿por qué no? Al final, es el escenario que mejor conozco, y eso me permite entrar en detalles y en la interacción de las personas que conozco de toda la vida”, apunta Rey. Y siguió rompiendo moldes dando el protagonismo científico a una mujer. “Aunque soy hombre y estoy acostumbrado en estas tramas a personajes hombres, cambié el chip, me pareció interesante”, comenta sobre su primera novela, que ha autoeditado a través de Círculo Rojo. “La búsqueda de editorial ha sido un calvario... Imagino que en muchas editoriales verían: nacido en 1954, primera novela y no tiene curriculum literario... a la papelera sin leer”, lamenta. Y como él quería que le leyesen, antes de autoeditar la historia hizo 40 copias, “veinte para amigos y veinte para la red de bibliotecas, con la condición de que las tertulias que se hicieran en los clubes de lectura fueran con mi presencia. Y esa interacción con los lectores -asegura- me ha venido muy bien para reflexionar sobre mi propia obra”.

Javier Rey ya ha terminado su segunda novela -y alumbrará más-, Maldita sonrisa,narrada en primera persona y con una trama “de ficción bastante dura” que parte de “las reflexiones sobre lo que está ocurriendo en la sociedad con la automatización y robotización del trabajo. Expertos en futurología auguran que en diez años el 80% de los puestos de trabajo actuales no serán necesarios...”, apunta con tono inquietante.