El farolito

Que quede claro

Por F.L. Chivite - Miércoles, 29 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

urge una legislación clara y avanzada sobre la eutanasia. La sociedad está preparada y esperándolo desde hace mucho. Según el último sondeo de Metroscopia, el 84% de la población española está a favor (el 90% entre los menores de treinta y cinco años). Cifras altísimas que demuestran que este es un asunto que ya ha trascendido los llamémosles idearios de los grupos políticos. El martes pasado, el Pleno del Congreso, gracias a la abstención del PSOE (¡muchas gracias!), rechazó tomar en consideración la Ley Orgánica sobre la Eutanasia que había presentado el grupo parlamentario UP-ECP-EM. Cutres rencillas políticas de gente inoperante e insubstancial que postergan y encallan un debate necesario. La palabra eutanasia significa morir bien. ¿Acaso puede haber alguien que no quiera morir bien? Me imagino a mí mismo en la tesitura final de tener que decir: hasta aquí. De tener que hacerlo antes de que las cosas empiecen a ponerse demasiado repulsivas y demasiado siniestras. Y desde luego, no me parece que sea nada divertido, ni que haya la menor frivolidad ahí. Creo que decidir uno el momento de su muerte es el acto menos especulativo que puede haber: no se intenta ya ganar nada. Y por tanto es y debería ser considerado el más libre y el más personal: ese ante el que nadie tiene derecho a interponerse: ni médicos, ni psicólogos, ni moralistas, ni legisladores. Sin embargo, el código penal sigue castigando la eutanasia activa y sentando a la gente en el banquillo por eso. La ley vigente adolece de un sesgo moralista derivado de las viejas concepciones religiosas que es preciso corregir lo antes posible. Que quede claro: el dueño de mi vida no es Dios, ni el Estado, ni el juez, ni el médico, ni la empresa para la que trabajo. Soy yo. Siempre lo digo, en la Declaración de los Derechos Humanos falta uno: el derecho a morir con dignidad.