El sitio de mi recreo

Razón frente a fanatismo

Por Víctor Goñi - Miércoles, 29 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

las sociedades occidentales son vulnerables, asumámoslo de una vez y para siempre, especialmente en los periodos sin atentados de impacto en su seno. Porque a quien está dispuesto a morir matando para ganarse el paraíso, y además recurre a medios tan de uso común como vehículos y objetos punzantes -sin que se le pueda rastrear por sus fuentes de armamento o de financiación como a los movimientos terroristas clásicos-, no se le combate con mínimas garantías de éxito sólo desde la prevención policial y el despliegue militar. Bien entendido que los servicios de inteligencia se antojan esenciales para desactivar en lo posible a los elementos yihadistas con seguimientos individuales y el chequeo sistemático del espacio cibernético, se trata de articular una respuesta unívoca, global y poliédrica que integre medidas coercitivas selectivas y ajustadas al derecho internacional pero también de cohesión social en los países diana del islamismo criminal para minimizar los guetos que abonan el resentimiento derivado de la marginalidad. Desde la evidencia de que un número creciente de terroristas residen o nacieron en los lugares que atacan, muestra de que sólo el control de los retornados e incluso el hipotético sellado de fronteras -estigmatizando al colectivo de sufridos refugiados en su conjunto- para nada garantizan la seguridad. De hecho, el riesgo cero no existe, así que el coste en términos de libertades debe mesurarse desde la racionalidad, el mejor antídoto contra los radicalismos. Tomar conciencia de la fragilidad ante el delirio de un movimento del islam residual aun en su lesividad, y del que las principales víctimas son la inmensa mayoría de sus pacíficos correligionarios, resulta compatible con no caer en la psicosis ni tampoco en el error de votar a iluminados extremistas que se presentan como avalistas de nuestra civilización desde el discurso del odio del que precisamente se nutre el fanatismo, sobremanera en formato de guerra santa. Ambas circunstancias constituyen sin ningún género de duda el éxito del infausto ISIS.