Paz y esperanza

Por José Luis Úriz Iglesias - Miércoles, 29 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:07h

el pasado 17 de marzo ETA, a través del diario francés Le Monde y de los Artesanos de la paz (los que participaron en la frustrada entrega de armas en Luhuso que les supuso su detención en diciembre del 2016), anunciaba su desarme definitivo. Era una decisión unilateral y sin ningún tipo de contrapartidas, como le venía reclamando la sociedad civil tras los procesos de Aiete I y II.

Ha sido una ilusionante noticia largamente esperada, especialmente por las decenas de personas que durante los últimos cinco años, desde que ETA anunció su tregua total de octubre de 2011, venían trabajando de manera discreta a través del Foro Social Permanente y de Bakea Bidea para poder lograrlo.

Un trabajo intenso a través de canales seguros, no sólo con ETA, también con los mediadores internacionales, intentando convencerles de que la situación estaba conduciendo a un peligroso callejón sin salida y que por lo tanto, ante el inmovilismo de los gobiernos francés y español, ese desarme debía tener carácter unilateral, definitivo, total y sin contrapartidas, única manera de buscar el amparo legal, al menos del Estado francés.

En esas tres patas que según el Foro Social Permanente se asentaba el proceso en su largo camino hacia la paz: desarme, presos y exiliados y convivencia, al menos una de ellas quedaba sólidamente anclada a través de esta decisión histórica. Sólo había que observar los rostros de los participantes en el acto celebrado en Biarritz el pasado sábado rebosantes de satisfacción e ilusión.

Allí se lanzó un reto al presidente de Francia para que asumiera su responsabilidad en este asunto, precisamente en la parte final de su mandato. Indicó que con ello pasaría a la historia del País Vasco, aunque también se apuntó, con una cierta ironía, que no tenía tan claro que lo hiciera igualmente a la historia de Francia. Quizás porque la sociedad francesa, como la española, no ha recibido la educación necesaria para asumirlo.

Durante estos años la labor propagandística del los dos estados sobre el proceso de paz, comenzando por la propia negación del mismo, no ha sido compensada por otra de la misma intensidad desde las organizaciones que lo estaban impulsando.

Ha faltado pedagogía dirigida hacia esas dos sociedades, se ha abandonado de manera probablemente ingenua, entendiendo erróneamente que sólo debía trabajarse la sociedad vasca, del norte y del sur. Incluso la navarra ha sufrido el mismo proceso de abandono en cuanto a esa labor pedagógica, y por eso aquí es tan difícil trabajar sobre avances, especialmente en la concienciación de tomar medidas sobre los presos y trabajar por la convivencia necesaria.

La inmensa mayoría de la ciudadanía francesa y española considera que ya existe la paz, que el conflicto ha acabado y sólo se sobresalta cuando como la hace unos días en Pamplona ocurren incidentes, como los que se dieron en la manifestación convocada por ATA por los derechos de los presos y contra la represión.

Este hecho debería ser un aviso a navegantes a ambos gobiernos, porque los procesos de este tipo, o se cierran definitivamente o corren el peligro de reabrirse peligrosamente en el futuro. Que decenas de jóvenes que no han vivido los momentos duros, se la jueguen y participen en estos actos, indica que aún existe un germen violento que puede dar lugar a ese cierre en falso. Las hogueras deben apagarse definitivamente, porque de lo contrario cualquier ascua puede arrasar de nuevo el bosque.

Aplicar medidas excepcionales contra los detenidos acusándoles de terrorismo no va a ayudar a destensar.

Que desde ATA se lancen constantemente andanadas de críticas hacia Sortu y Bildu, hacia dirigentes como Arnaldo Otegi, o Rufi Etxeberria acusándolos de “liquis”, o sea de liquidacionistas, de acabar con el espíritu de lucha de la izquierda abertzale, debe preocuparles, no sólo a ellos, sino también el resto, en especial a quienes deseamos que esa paz sea definitiva, sin vuelta atrás.

El próximo 8 de abril, en ese acto que supondrá el desarme definitivo de ETA, estarán no sólo esos cinco Artesanos, sino centenares de ellas y ellos. No sólo pertenecerán al norte, habrá del sur y de otros lugares de Francia y España. Estarán cargos públicos, de alguna manera también los gobiernos de Euskadi y Navarra.

Pero también será una concentración plural, de gentes del entorno de la izquierda abertzale, de gentes independentistas, pero habrá también de las otras izquierdas, incluso gentes que no lo son.

Será una medida de presión hacia los dos gobiernos. Es probable que Mariano Rajoy ya tenga esta información después de su discreta entrevista con el lehendakari, Iñigo Urkullu del pasado 14.

Ahora se consolida esa pata del desarme, después vendrá la disolución porque cabe preguntarse: ¿Qué sentido tiene la existencia de una banda armada sin armas? A continuación hay que ponerse a trabajar en consolidar las otras dos.

Presionar a los gobiernos francés y español para el acercamiento inmediato de presos y presas, abrir una vía de solución para las personas exiliadas, al menos para las que no exista delitos pendientes y la cuestión más importante, la profundización en la convivencia, en la reconciliación desde el reconocimiento de las víctimas de ambas orillas. Que dejemos de mirarnos como enemigos. Porque como se afirmó el sábado las miradas, las sensaciones, los sentimientos son importantes.

Han sido más de 50 años de sufrimiento y zozobra. Es cierto que hay vencedores y vencidos, la sociedad plural, especialmente la vasca y la navarra es la vencedora, las personas, los colectivos que han trabajado por traer la paz son los vencedores. La violencia, la injusticia, la tortura, la sinrazón son las vencidas, las derrotadas en este largo y doloroso conflicto.

El 8 de abril no supone el final del camino, será un canto a la esperanza pero aún nos queda un largo trecho que recorrer, aunque ahora será por veredas más fáciles e iremos muchos y muchas, que a pesar de nuestras diferencias políticas nos unirá, esta vez sí, el deseo de la paz con mayúsculas.

El 8 de abril será un día para la esperanza porque la paz estará más cerca.

Ahí hemos estado, ahí estamos, ahí estaremos.

El autor es afiliado al PSC viviendo en Navarra