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Reyno Arena, de la dejadez a utilidad social

El Gobierno pone en marcha un plan de inversiones para rescatar el Navarra Arena, monumento al despilfarro que dejó cerrado a cal y canto UPN, y dotarle de usos y actividades al servicio de la sociedad navarra en el ámbito deportivo y cultural

Jueves, 30 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

la decisión del Gobierno de Barkos de intentar sacar del actual estado de abandono en que lo dejó el anterior Gobierno de UPN al pabellón Reyno Arena y tratar de dotarle de una utilidad social al servicio de la sociedad navarra es la única alternativa posible y viable a uno de los mayores fiascos económicos y políticos de los últimos años a los navarros y navarras. El proyecto para dotar de usos al Reyno Arena -albergará las federaciones deportivas navarras, el área deportiva del Instituto de Deporte y Juventud y escenarios deportivos y culturales de ámbito estatal o internacional- difícilmente arrojará cifras contables rentables, pero al menos evitara el bochorno colectivo a la sociedad navarra de ver esa triste imagen de una masa de cemento convertida en una chapuza absurda cerrada a cal y canto con un coste anual de casi 200.000 euros. El Reyno Arena, como el fallido Museo de los Sanfermines, el olvidado Auditorio de Javier o el Circuito de los Arcos, pertenecen a ese tipo de proyectos muy fáciles de vender políticamente en tiempos de bonanza presupuestaria y fiscal, pero imposibles de defender hoy en día. Su coste hasta ahora se acerca a los 60 millones de euros, con varios millones más pendientes en litigios judiciales y otros 7,5 millones que aún será necesario invertir antes de su apertura en septiembre de 2018. Otra macroinfraestructura de cemento al amparo del despilfarro y el clientelismo de los anteriores gobiernos de UPN que ha terminado siendo un pozo sin fondo y hasta ahora sin utilidad social alguna. Otra guinda a una gestión en la que la impostura, la mentira, la megalomanía y el descontrol en el uso de los recursos públicos se impusieron a las necesidades prioritarias de los navarros y navarras en ámbitos como la atención social, la sanidad, la dependencia o la educación. Nada de ello se tuvo en cuenta entonces, y ahora las consecuencias siguen lastrando año tras año la capacidad presupuestaria de Navarra y las posibilidades de la acción política del Gobierno del cambio político y social. Por supuesto, el Gobierno de UPN resta importancia a todo ello, mira para otro lado y hace como si nada de todo esto fuera su responsabilidad política. En Navarra también se intenta aplicar esa máxima escapista que intenta acusar de demagogia a toda denuncia de trinque o despilfarro de recursos públicos. Quizá UPN hubiera preferido la alternativa de la demolición para evitar el sonrojo permanente que le debe causar la imagen de ese edificio, su alto coste y su penosa historia hasta ahora.

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