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Tripa llena sin vaciar el bolsillo

Tras más de 25 años, la cafetería de El Sario, en la UPNA, se ha convertido en un comedor de referencia. Y no solo para alumnos y profesores

Sara Huarte / Mikel Saiz - Jueves, 30 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

De izquierda a derecha;Oscar Echeverría, Sara Linares, Iván Vinagre, Yolanda Tornos, Maite Etxetxikia y Raquel Ygoa.

De izquierda a derecha;Oscar Echeverría, Sara Linares, Iván Vinagre, Yolanda Tornos, Maite Etxetxikia y Raquel Ygoa.

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De izquierda a derecha;Oscar Echeverría, Sara Linares, Iván Vinagre, Yolanda Tornos, Maite Etxetxikia y Raquel Ygoa.

pamplona- Tras la barra de la cafetería de El Sario, Oscar Echeverría despacha cafés y sonrisas a partes iguales. A su lado, entre broma y broma, Iván Vinagre termina de rellenar las jarras de agua y Raquel Igoa saluda a todo el que entra por su nombre. En la cocina, Sara Linares y Yolanda Tornos preparan los platos del día con el mismo cariño que si cocinasen para los de casa y Maite Etxetxikia, en la zona de pintxos, sirve tortillas y bocadillos con una sonrisa contagiosa. Son “como una familia” y, desde hace seis años, la cooperativa que gestiona la cafetería de El Sario.

“Yo entré aquí hace casi 12 años y, sin dudarlo, me quedo con el buen ambiente que tenemos. Tanto ahora, como cooperativa, como con Eneko y Agustín, los jefes de antes. Ellos fueron los que nos dieron este sentimiento de unidad y los que nos animaron a montar la cooperativa. Si ellos no hubiesen estado, quizá no nos hubiésemos atrevido”, confiesa Raquel, convencida de que ese “legado de buen rollo” se transmite a todo el que cruza las puertas del comedor.

Una clientela muy heterogénea compuesta por alumnos, trabajadores de la UPNA y visitantes, una categoría en la que, según explica Oscar, conviven los trabajadores de las empresas de alrededor, antiguos alumnos que vienen de visita y “personas que simplemente nos conocen y vienen”. “Al final conocemos a la mayor parte de los clientes por el nombre”, asegura Sara, que ya lleva 10 años trabajando en el comedor. “Son muchos años viendo a las mismas personas todos los días”, apostilla Iván, con 11 años de experiencia tras la barra de El Sario a sus espaldas. Más de una década en la que ha habido tiempo para todo. También para conocer los hábitos de los estudiantes. “En época de exámenes se venden muchas más tilas y chocolate. Las chocolatinas vuelan y se nota mucho movimiento esos días”, asegura Raquel, añadiendo que “los días previos a que empiecen y los de justo después, está todo mucho más tranquilo”.

Sin embargo, la más veterana es Yolanda, que comenzó con poco más de veinte años y, hoy, 24 años después, continúa con la misma vitalidad. “Cuando se hacían las carpas aquí, donde el Sadar, esto era una locura. Teníamos a la txaranga permanentemente aquí metida y había que preparar bocadillos para todos. Venían a comer y tocaban. No había forma de que callaran”, bromea Yolanda, que trabaja junto a Sara en las cocinas, de las que solo sale comida casera, “como la de casa”.

El menú tiene un precio de 6,5€ y consta de diez primeros y diez segundos a elegir. “Variamos mucho los platos y tenemos una carta muy amplia en la que nunca falta la verdura, el pescado, arroz, la ensalada o la carne asada. Por lo que, al haber tanta variedad, las personas celiacas o vegetarianas, por ejemplo, pueden comer sin ningún problema”, apunta Oscar, que lleva más de una década en este comedor.

Esta apuesta por la cocina casera también está presente en los pintxos. “Todo casero y no usamos huevina”, confiesa Maite, señalando el comedor, que tiene una capacidad para 110 personas y “se suele llenar todos los días de comensales que no dudan en colaborar con la cocina. “Cuando preparamos un nuevo plato o probamos alguna receta, no tardan en llegar las opiniones”, explica Sara, asegurando que “suelen ser siempre buenas”.

horario“Trabajamos con los horarios de la universidad, por lo que entre agosto y octubre no hay mucha actividad”, explica Oscar sobre esta cafetería que abre de 8 a 20 horas entre semana y tiene más de 25 años de historia. “Antes en este edificio estudiaban los ingenieros de la Universidad de Navarra. Por eso es el único de toda la Universidad Pública de Navarra que tiene capilla”, apunta Echeverría.