Paz, Convivencia y Derechos Humanos

Construir memoria en positivo

Las posibilidades que brinda la literatura para construir memoria, paz y justicia se abordaron ayer en un encuentro con los escritores Luis Garde y Gabriela Ybarra, en el marco de las II Jornadas de Paz, Convivencia y Derechos Humanos.

Un reportaje de Paula Etxeberria. Fotografía Mikel Saiz - Viernes, 31 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Un público muy nutrido siguió en la Sala Luneta de Baluarte el encuentro con Gabriela Ybarra, Luis Garde y Aingeru Epaltza, reunidos junto a una silla vacía en recuerdo de Ion Arretxe.

Un público muy nutrido siguió en la Sala Luneta de Baluarte el encuentro con Gabriela Ybarra, Luis Garde y Aingeru Epaltza, reunidos junto a una silla vacía en recuerdo de Ion Arretxe. (Mikel Saiz)

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Un público muy nutrido siguió en la Sala Luneta de Baluarte el encuentro con Gabriela Ybarra, Luis Garde y Aingeru Epaltza, reunidos junto a una silla vacía en recuerdo de Ion Arretxe.

Que la literatura es un terreno bien abonado para construir memoria en positivo, es decir, para contribuir a que las sociedades y las comunidades se entiendan y se conozcan mejor, y, desde esa comprensión de su pasado, puedan afrontar el presente y orientarse en su proyección al futuro, es una de las conclusiones que se sacó de la mesa redonda celebrada ayer por la tarde en Baluarte en el marco de las II Jornadas de Paz, Convivencia y Derechos Humanos organizadas por el Gobierno de Navarra.

Con los escritores Luis Garde y Gabriela Ybarra como protagonistas, el encuentro, que estuvo moderado por el periodista, escritor y traductor pamplonés Aingeru Epaltza, acusó la ausencia de Ion Arretxe, fallecido hace dos semanas y cuya presencia estaba prevista en esta mesa redonda. En su recuerdo y en su honor se dejó una silla vacía junto a las de los ponentes, y en la mesa, bien visible, su libro Intxaurrondo. La sombra del nogal, en el que Arretxe relata el horror sufrido en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo, adonde fue llevado tras ser detenido en el año 1985, cuando tenía 21 años. Un legado que el director artístico, escritor, dibujante y actor guipuzcoano nos deja como muestra de su “firmeza para denunciar la injusticia”, tal y como se recordó ayer. “Debemos abrir las ventanas, airear este pueblo. Tenemos que pasar de ser de piedra a ser de barro. ¿Cómo se pueden defender la violencia y la muerte? Todos debemos ponernos en el lugar del otro, en el dolor del otro”, reflexiona Ion Arretxe en su libro.

Partiendo de este pensamiento certero y siempre tan necesario, el encuentro, que se celebró bajo el títuloLa defensa de las víctimas y la paz desde la literatura, reunió en la Sala Luneta de Baluarte a un nutrido público entre el que se echó en falta la presencia de gente joven, precisamente por lo importante de esa conexión pasado-presente-futuro. Conexión que hace posible la literatura, tal y como quedó patente al escuchar las experiencias de Luis Garde y Gabriela Ybarra. Ambos fueron Premios Euskadi de Literatura 2016, y partiendo de sus respectivas obras galardonadas compartieron con el público asistente sus visiones sobre la aportación del arte a la defensa de los derechos humanos, dando en muchas ocasiones voz a los sin voz. Una aportación que pasa por la comprensión del conflicto, por la empatía con el dolor del otro. “La literatura nace en buena medida del conflicto, del dolor. Como dijo Homero, los dioses nos envían desgracias para que nosotros hagamos cantos. Y mil años después, los dioses siguen enviándonos desgracias y seguimos componiendo cantos, películas, novelas”, dijo Aingeru Epaltza a modo de introducción en la conversación a tres.

“La Literatura aporta lo que no puede aportar la Historia: permite reconstruir lo que no se puede reconstruir científica o históricamente. Por ejemplo, los sentimientos de unos presos en esas horas de búsqueda de libertad, mientras escapan del penal”, comentó Luis Garde (Pamplona, 1961) al hilo de su novela Ehiztariaren isialdia, centrada en la fuga de presos de la cárcel de Ezkaba y reconocida con el Premio Euskadi de Literatura 2016 en euskera. Una obra que rescata un periodo histórico que Garde ya había abordado en algún poemario. “Pero me quedé con ganas de darle más desarrollo, y eso me llevó a escribir la novela. Por primera vez me permití incluir reflexiones tipo ensayo, ideas, vivencias personales... me di el gustazo de decir todo o casi todo lo que me dio la gana, casi sin contención alguna, sobrándome... quizá como una pequeña venganza, porque todo lo que había hecho anteriormente era en el terreno de la poesía, y la poesía exige mucha contención”, añadió el escritor pamplonés.

Gabriela Ybarra (Bilbao, 1983), por su parte, alumbró El Comensal-Premio Euskadi de Literatura 2016 en castellano- en un intento de explicarse a sí misma muchas cosas del pasado de su familia, de su pasado, de heridas y dolores sin cicatrizar. Y precisamente esa implicación inevitable en el tema que aborda su obra -en la que relata dos historias de duelo, por la muerte de su madre como consecuencia de un cáncer y por la muerte de su abuelo, Javier de Ybarra, asesinado por ETA- le hizo poner “una barrera emocional” y “contenerse” para no caer en lo “lacrimógeno”. “Mi voluntad de intentar comprender, y también de ser comprendida, me hizo dar un paso atrás y tomar cierta distancia”, dijo Ybarra, quien reconoció, refiriéndose a la muerte de su abuelo, lo “complicado” y lo extraño que resulta “que un dolor íntimo para mí fuera a la vez un hecho histórico, un dolor y un trauma que afectó a todo un país”. En su caso, imaginar fue la única opción que tuvo para entender. “Escribí este libro porque necesitaba un relato. Nadie me daba un relato sobre mi abuelo, así que me lo inventé. Algo tenía que hacer con esos retazos, con ese dolor”, reconoció Gabriela Ybarra. En su opinión, “constantemente todos nos contamos historias a nosotros mismos, para entendernos, para sobrevivir;también para ser comprendidos”.

Reconocer a los etarras “su humanidad” es, afirma la escritora bilbaína, “una de las cosas más aterradoras” a las que se ha tenido que enfrentar. “Reconocer que son personas como yo, que hacen cosas comunes”.

“Los monstruos no existen -prosiguió al hilo del tema Luis Garde-. Somos todos, los monstruos y las personas. Todos de alguna forma llevamos dentro esa semilla del fanatismo”. ¿Qué hace que uno coja un día una pistola y mate a otro? Es la pregunta clave, que impulsó a ambos escritores en sus relatos. “Preguntas que quedan abiertas, aquí no venimos a solucionar nada”, dice Garde.

Ya es mucho lo que logran a través de la literatura: ejercer la empatía. “Es un ejercicio de imaginación. Primero reconocer al otro, y luego ponerse en el lugar del otro, en el dolor del otro. Salir de tu pequeño mundo muchas veces encapsulado...”, coinciden ambos escritores. Y desde ese reconocimiento del otro, es como se puede avanzar en la construcción de la justicia y la convivencia en paz. “Se trata de construir memoria en positivo. De volver al pasado para conocer como sociedad de dónde venimos y saber adónde vamos”, defiende Luis Garde. “La memoria es necesaria, pero sin quedarse enquistado en un victimismo”, añade Gabriela Ybarra.

“Es importante no olvidar, en el sentido positivo. Hacer memoria pero sin envenenar tu vida por ello. El olvido lo veo como un derecho personal. Pero a nivel colectivo, como sociedad, el olvido es peligroso”, opina el poeta pamplonés, que aunque apuesta por “estudiar el pasado”, no cree en “esa causalidad” peligrosa con la que algunos intentan justificar la violencia en el pueblo vasco a partir de los años 60 con lo que ocurrió en el año 36. “Son causas diferentes, momentos históricos diferentes. Hay que decir: no. Las sociedades evolucionan, y por esa regla de tres tendríamos que remontarnos a 1512, y a la Edad de Piedra, y así, acumulando agravios, nos habríamos matado todos hace tiempo. No existiría la sociedad”, concluye.


más jornadas El programa de las II Jornadas de Paz, Convivencia y Derechos Humanos continuará el 1 de abril con la propuesta de teatro y música Sin adiós-adiorik gabe, de Mireia Gabilondo y Teresa Calo (19.30 horas, Sala de Cámara de Baluarte);y finalizará el 6 de abril con la conferencia y videochat Buenos días desde el cielo de Alepo, a cargo de Sara Aldaba, de la ONG SED, y George Sabe, hermano de los Maristas Azules de Alepo (19.30 horas, Sala Luneta).