La eterna odisea del ser honrado

Viernes, 31 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

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NOVELA

EL GIGANTE ENTERRADO

Autor: Kazuo Ishiguro. Editorial: Anagrama, 2016. Páginas: 368.

El autor logra poner en movimiento al lector gracias a un lenguaje preciso, vehículo ideal de una aventura en gran medida onírica

Ha respondido a las expectativas levantadas por lo que más de un especialista cree algo cercano a una de las mejo

la crítica ha celebrado, en líneas generales, la llegada al mercado editorial deEl gigante enterrado como un gran regalo, de tal forma que la última novela de Kazuo Ishiguro, si bien su éxito no sorprende especialmente después de conocer el de obras anteriores muy bien consideradas, ha respondido a las expectativas levantadas por lo que más de un especialista cree algo cercano a una de las mejores obras narrativas de 2016. Pero… descendamos al planeta Tierra: la historia de Axl y Beatrice (y del mundo aparentemente perdido presentado en el libro) también ha desatado un sinfín de reacciones bien diferentes a lo largo y ancho del mundo intelectual y entre las filas de los poderosos de medio mundo.

La constatación de cualquier invasión de un terreno y de sus escasas riquezas, así como la de las dificultades del ser humano para relacionarse con sus semejantes sin recurrir a la traición o a la violencia, pueden llegar a ser todo menos un favor para quien se cree dueño del mundo y parece poco menos que natural que su traslado al mundo de la ficción llegue a fastidiar su cómoda existencia si dicha ficción no es complaciente con él, con el invasor, con el depredador. Por ello, es bueno tener en cuenta que El gigante enterrado es una novela fantástica, plantada en una era antigua, pero la historia de la pareja protagonista y de las consecuencias del paso del tiempo en sus vidas y de la odisea que se ven obligados a experimentar cuando pierden la paciencia resulta una alegoría que traslada al lector hasta un tema tan peliagudo como lo es el del sufrimiento humano, el mismo que inquieta al hombre y la mujer de nuestros días, reflejado, de enero a diciembre, en figuras como la del refugiado. La figura que delata a tantas personas masacradas en sus lugares de origen y al menos consideradas como seres humanos ‘refugiados’ en tierras ajenas. En unas pocas tierras ajenas.

El autor de Los restos del día, de Nunca me abandonesy de conjuntos de relatos como el que responde al nombre de Nocturnos, logra, en su nueva novela, poner en movimiento al lector gracias a un lenguaje preciso, vehículo ideal de una aventura en gran medida onírica que nos hace soñar con un mundo tan difícil como fascinante, justo cuando arrancamos tras los pasos de una pareja de personas mayores que todavía sienten la fuerza necesaria para buscar el amor de su hijo, residente en otra comunidad, no muy lejana en realidad pero situada a años luz de la de Axl y Beatrice en tiempos de sajones, y nos ayuda a buscar, de paso, el amor perdido en un mundo saturado de pérdidas y olvidos, desventuras tan numerosas que parecen parte de un virus letal que amenaza a la raza humana con su extinción en un tiempo limitado.

Y, si todo ello lo vestimos con las ropas de los habitantes de un mundo tan remoto como oscuro, conseguimos lo que Ishiguro ha logrado esbozar en El gigante enterrado, un lienzo igualmente oscuro de la condición humana, pues no se trata de un libro sencillo ni exclusivamente ameno: tras las aventuras descritas, se vislumbra el infierno, el infierno en vida, el infierno eterno. El infierno del hombre antiguo y el del presente, una era violenta y corrupta que a Axl y Beatrice también agobiaría siglos atrás, como agobia al lector de The Buried Giant tras las huellas de la desolación. No es, finalmente, la esperada novela, un relato difícil de leer, ya que está elaborado para gozo del lector de aventuras pero estas historias nunca están exentas de situaciones comprometidas ni, tampoco, de hallazgos positivos, como el de la importancia de contar con la compañía del ser amado y unas pocas almas solidarias cuando más la necesitas.

Algo es algo… O, en ocasiones, mucho…