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A la derecha se le atraganta la democracia

ANTE LA FALTA DE VOTOS PARA GOBERNAR, UPN Y PPN AmENAZAN CON DENUNCIAR EN LOS TRIBUNALES LA DECISIÓN DE LA MAYORÍA

Un reportaje de Javier Encinas - Viernes, 31 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

uPN y PPN, y el PSN en menor medida, evidenciaron ayer que, 42 años después de la muerte del dictador, todavía no han asumido algunos conceptos básicos de la democracia. Sobre todo aquel que hace referencia a que, en las sociedades modernas, las decisiones se toman por mayoría. Todos sabemos que es muy ajustada la que ostentan los grupos del cambio, pero suficiente para legislar y sacar adelante cuantos proyectos sean capaces de consensuar. De hecho, la mayoría del cuatripartito es casi idéntica a la que UPN-PPN-CDN tuvieron entre 2003 y 2007, con la que aplicaron un rodillo sistemático y gestaron parte del desastre económico en que está sumida la Comunidad Foral que dicen defender.

El problema de la derecha es que sigue pensando que el poder le pertenece por alguna razón, quizá de orden divino. La realidad, siempre tozuda por mucho que se pretenda disfrazar, termina por colocar a todo el mundo ante el espejo. Ese en el que no se quiere mirar UPN, que todavía tiene atragantado que fue la ciudadanía quien le mandó a la oposición como peaje por sus clamorosos errores de gestión.

Tampoco tiene asumido la derecha que Navarra no es como ella la pinta. Frente a su visión reduccionista, en la Comunidad Foral conviven personas de diferentes ideologías, incluidas las que defienden el nacionalismo vasco y también el español. Pero los votos, que históricamente han estado en su cesto, cambiaron de bando hace un par de años, fruto del desgobierno que marcó el barcinismo y que condujo al hartazgo. Y ahora, sin apoyo social para dirigir la Comunidad a su antojo, amenazan con recurrir al comodín de los tribunales, en lo que es otro ejemplo más de la falta de altura democrática para asumir las decisiones de la mayoría.

Después de la bronca cuasitabernaria que organizaron ayer UPN y PPN -especialmente llamativa es la postura de Beltrán, que pretende impartir doctrina en el Parlamento, donde solo representa al 4% de los navarros-, el Gobierno del cambio tiene motivos para estar tranquilo. De acuerdo con el sonómetro que mide el ruido que hace la oposición, muchas cosas debe estar haciendo bien el Ejecutivo de Barkos. Porque más allá de la cruzada que UPN y PPN -a la que el PSN se suma demasiadas veces- mantienen contra el euskera y todo lo que suene a vasco, Navarra camina firme con los presupuestos más sociales de la historia, mientras da bocados al desempleo y pone orden a la pesada herencia recibida.