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la mayor catástrofe ferroviaria en navarra

Uharte Arakil recuerda a las 18 víctimas del accidente de tren

Este viernes 31 de marzo se cumplen 20 años del accidente de tren en la localidad, una tragedia en la que murieron 18 personas

D.N. - Viernes, 31 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 08:35h

El tren quedó "partido en dos".

El tren quedó "partido en dos". (Jose Maria Perez)

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El tren quedó "partido en dos".Ofrenda floral junto al monolito en recuerdo a las 18 víctimas del accidente de tren de Uharte Arakil

PAMPLONA. Este viernes se cumplen 20 años del accidente de tren de Uharte Arakil, una tragedia en la que murieron 18 personas y cerca de 100 resultaron heridas. Familiares y vecinos de Uharte Arakil recuerdan a las víctimas.

UN monolito colocado junto a la estación de Uharte-Arakil recuerda el mayor accidente ferroviario ocurrido en la historia de Navarra. Dieciocho personas murieron y un centenar resultaron heridas el 31 de marzo de 1997 cuando el Intercity Miguel de Unamuno, que cubría la línea Barcelona-Hendaia con 248 pasajeros a bordo, descarriló por culpa de una velocidad excesiva y la reacción errónea del maquinista ante un cambio de agujas inesperado.

El suceso conmocionó al conjunto del Estado y rebasó todas las fronteras internacionales. Decenas de equipos de rescate y ambulancias se movilizaron inmediatamente para proceder a la evacuación de los afectados, que también fueron atendidos en el mismo lugar del accidente por vecinos y automovilistas que circulaban por la zona.

Entre las dieciocho personas fallecidas, hubo diez guipuzcoanos, seis navarros y dos zaragozanos, y muchos de los heridos sufrieron importantes secuelas físicas, pero también emocionales que aún hoy siguen sin curarse.

Eran las 19.30 horas del lunes, aún jornada festiva en Navarra y en la Comunidad Autónoma Vasca aquel año. El tren, repleto de pasajeros a la vuelta de las vacaciones de Semana Santa, no debía detenerse en Uharte-Arakil y avanzaba a una velocidad de casi 140 kilómetros por hora cuando la señalización ferroviaria le advirtió de un cambio a la vía de servicio para dejar paso a una locomotora que circulaba en sentido contrario.

PARTIDO POR LA MITADAl entrar en el cambio de agujas, limitado a 30 kilómetros por hora, sobrevino la tragedia: el Miguel de Unamuno se quebró por la mitad. Los dos vagones de cola volcaron, mientras que un tercero se cruzó sobre la vía. Decenas de pasajeros quedaron enredados entre los amasijos de hierros y a pesar de los esfuerzos de los equipos de rescate, dieciocho de ellos no pudieron sobrevivir al fatal accidente.

El asunto fue resuelto judicialmente con las condenas del maquinista y su auxiliar en el Juzgado de lo Penal número uno de Pamplona, que impuso al primero, Juan José García Fernández, la pena dos años y medio de prisión como autor de dieciocho delitos de homicidio por imprudencia, 80 delitos de lesiones por imprudencia grave y cuatro faltas de lesiones.

La condena, sin embargo, no conllevó su encarcelamiento debido a la solicitud de indulto tramitada de oficio por el propio juzgado, que en el mismo fallo consideró que el ingreso en prisión no guardaría proporcionalidad con su culpabilidad en lo ocurrido.

Por su parte, el auxiliar Miguel Ángel Marinetto Espejo fue condenado en primera instancia al pago de una multa de 120.000 pesetas, la cual fue sustituida en apelación por una pena de prisión mínima, que tampoco supuso entrada en la cárcel.

La aseguradora Mapfre se hizo cargo de las indemnizaciones millonarias a todos los pasajeros y familias afectadas. Ambos ferroviarios siempre mantuvieron que la señal previa al cambio de agujas no les advirtió del mismo, algo que Renfe rebatió durante todo el procedimiento, y alegaron que por ello no pudieron reaccionar con antelación y prever la maniobra.

Aunque este extremo no fue esclarecido tampoco en el juicio, la imprudencia cometida por ambos ferroviarios consistió en accionar de forma incorrecta el freno directo al enfilar el cambio de aguas, en vez de haber reducido progresivamente la velocidad mediante el freno de emergencia, lo que les hubiera otorgado posibilidades de no descarrilar.