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Una fiesta para gigantes

La Comparsa de Gigantes de Villava celebra sus 40 años con una obra de teatro en la que participan varios colectivos locales
Por primera vez, todas las figuras de la historia de la agrupación bailan juntas

Sara Huarte / Unai Beroiz - Viernes, 31 de Marzo de 2017 - Actualizado a las 06:08h

El jueves se celebró el último ensayo antes del gran estreno de la obra ‘40 años no son nada’ en la Casa de Cultura de Atarrabia.

El jueves se celebró el último ensayo antes del gran estreno de la obra ‘40 años no son nada’ en la Casa de Cultura de Atarrabia. (Unai Beroiz)

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El jueves se celebró el último ensayo antes del gran estreno de la obra ‘40 años no son nada’ en la Casa de Cultura de Atarrabia.

“En la obra, los gigantes bailan a ritmo de canciones de la época en la que están”

villava- Año 1976. Villava está inmersa en una vorágine de fiesta, alegría y música. Son las fiestas patronales y todo el mundo está en la calle. Sin embargo, hay un niño que no participa en la fiesta porque echa de menos a los gigantes.

Este es el comienzo de una historia con un final feliz. Una crónica en la que participan cerca de 90 vecinos y vecinas de Atarrabia y que hoy, a partir de las 20 horas, cobrará vida sobre el escenario de la Casa de Cultura de la localidad para celebrar los 40 años de historia de la Comparsa de Gigantes de Villava.

“La obra de teatro cuenta la historia de la Comparsa con la vida de ese niño que se pregunta por qué Villava no tiene gigantes como hilo conductor”, explica el director Mikel Mikeo, que fue construyendo el guión de la obra través de las anécdotas y vivencias de quienes han sido el alma de los gigantes durante estas cuatro décadas. “Había mucho material para trabajar”, asegura el autor, en cuya representación colaboran varios colectivos de Villava. Concretamente, la coral de San Andrés, Atarrabia Abesbatza, Mikelats Dantza Taldea, el grupo de teatro Atarrabia y la Comparsa de Kilikis. “Estamos muy agradecidos al Ayuntamiento y a los colectivos que colaboran con nosotros. Desde el primer momento se han mostrado muy dispuestos a colaborar. La pelota va y viene de unos a otros y, igual que en otras ocasiones nosotros hemos colaborado en sus actos, ahora cuando nosotros se lo hemos pedido ellos no han dudado ni un segundo”, comenta Oscar Otazu, miembro de la Comparsa desde hace más de 20 años.

‘40 años no son nada’, que así es como se llama la obra, comenzó con un puñado de fechas y una primera reunión después de las fiestas patronales. “Luego no hemos podido quedar mucho, porque cada colectivo tiene su agenda y, además, también había que coordinarse con el servicio de cultura del Ayuntamiento”, explica Otazu, que, como el resto, comenzó los ensayos el pasado mes de enero.

Tras esa primera reunión, Mikel fue construyendo el guión de esta obra que repasa la historia de la Comparsa de Villava desde sus primeros momentos hasta la actualidad a través de la historia de ese niño triste porque no hay gigantes para bailarlos durante cuarenta años por las calles de Atarrabia. “La historia cuenta algunos de los momentos más importantes de la Comparsa, como la creación de los primeros gigantes a manos de la Asociación de Vecinos”, explica el autor de esta obra reviviendo el momento en el que Migueltxo Eugui, Gema Azkoaga, David Vizkay, María Carmen Algaba, Maribel Iriarte, María Angeles Asiain, Amparo Iturgaiz, Esther y María Jesús Urra emprendieron esta aventura para dar vida a la Pelos y al Barbas. “En parte es un homenaje a esos vecinos que dieron los primeros pasos para que Villava tuviese gigantes y construyeron con sus propias manos esa primera pareja”, explica Otazu.

A los primeros pasos de la Comparsa en la obra, le siguen la llegada de Sancho y Sancha y el desembarco de Martintxo y Maritxu, preparados para jubilar al Barbas y a la Pelos. “Se retiraron por deterioro. Y ahora, hemos llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento para restaurarlos y poder bailarlos otra vez”, explica Otazu, orgulloso de poder afirmar que, por primera vez, los ocho gigantes bailarán juntos sobre el escenario de la Casa de Cultura de Villava. “Será al final de la obra”, apostilla Mikeo, que no se olvida del Almirante Pedro de Andosilla y María Periz de Beortegui, la última pareja en incorporarse a la Comparsa.

Además, las anécdotas que los comparseros desgranaron para Mikeo tienen un lugar muy especial dentro de esta peculiar radiografía de la historia de la Comparsa de Villava. Un sinfín de historias de las que algunas, y a pesar de los esfuerzos de Mikeo, han tenido que quedarse en el tintero. Como, por ejemplo, el entrañable momento de la entrega del chupete. “A mí se me cae la baba cuando le entregan su chupete a su gigante favorito”, confiesa Javier Tellechea, presidente de la Comparsa.

No obstante, han sido muchas las que han tenido cabida y, sobre todo, han hecho pasar muy buenos ratos a los giganteros. “Hace algunos años, había un chico que tenía amigos dentro de la Comparsa y que siempre decía que él entraría el día que los gigantes bailasen de noche, por el tema de salir de fiesta y tal. Resulta que coincidió que al año siguiente, los gigantes participaron en la Noche Blanca de Villava y, efectivamente, bailaron de noche. Así que no le quedó otro remedio que ingresar en la Comparsa”, explica Otazu entre risas.

Además, a lo largo de toda la obra, Mikeo ha hecho varios guiños a la Comparsa. Uno de ellos hacia uno de sus miembros;Isabel, la única mujer que forma parte de la Comparsa de Gigantes de Villava. “En un momento dado de la obra, mientras los gigantes están bailando, hay una niña que se queda mirando y decide que cuando sea mayor, ella también va a bailar gigantes”, explica Mikeo, en cuya obra los gigantes bailan a ritmo de The Corrs, Queen, Celtas Cortos, Sex Pistols o la canción de Mecano Hoy no me puedo levantar. “La música y los arreglos los ha hecho Imanol Yagüe, dantzari y txistulari”, apunta Otazu.

ilusión “Una de las palabras que más les escuché cuando estábamos hablando sobre cómo sería el guión era ilusión. Lo que les impulsa a bailar estas figuras de 60 kilos y 4 metros de alto es la ilusión de la gente”, señala Mikeo. “Sí, es que a mí me maravilla ver cómo es posible que un niño de dos años alucine y que luego una persona de 82 años te pare por la calle para preguntarte si este año también vamos a bailar delante de la puerta de su casa”, reconoce Otazu, haciendo referencia a una vecina de Villava cuyos hijos bailaron durante años en la Comparsa. “Hacer esa parada en la calle Mayor frente a su casa se ha convertido en una tradición, en parte del recorrido”, explica el director de la obra, que, después de tantas horas de trabajo con la Comparsa, es prácticamente uno más.

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