cartas al director

Montejurra Trail . El sonido de las campanas

Sábado, 1 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

El pasado 19 de marzo, ascendiendo a Montejurra, me encontré con una grata sorpresa: cientos de atletas de todas las edades compitiendo de forma alegre y distendida en unos desniveles donde hace falta experiencia, preparación y, sobre todo, amor por el deporte (450 fue la cifra de participantes que se comentaba).

450 personas ofreciendo un espectáculo de auténtica olimpiada, para el deleite del numeroso público que les acompañó y animó durante todo el recorrido... Al interesarme por esta competición, fui de sorpresa en sorpresa;se le denomina Montejurra Trail y ahora viene lo bueno: 2 euros de cada inscripción lo donan a una causa benéfica. ¿Quién da más? Ni los griegos competían gratis, esto sí es deporte y del bueno, del que engancha. ¡Y el año que viene más!

¡Qué diferencia de esos multimillonarios en pantalón corto que se autotitulan deportistas, pero su corazón está al lado del dinero! Son dos posturas de hacer deporte, pero yo me quedo con los de Montejurra. Aurrera txapeldunes! ¡los tenéis bien puestos!

Francisco Javier Martínez Laplaza

Quiero empezar esta carta aclarando desde el principio que la escribo sin la intención de provocar ninguna polémica con mis convecciones ni con los párrocos de las diferentes iglesias de Estella. Mi queja está motivada con los diferentes usos y el nivel de decibelios de las campanas de las iglesias de la ciudad, y sobre todo, la de San Juan que por la cercanía de mi vivienda es la que más escucho y soporto.

Durante siglos y hasta hace pocas décadas, en las sociedades pequeñas y ligadas a los trabajos campesinos, las campanas de las iglesias servían para regular la vida y las tareas de los campesinos o de los comerciantes de ciudades pequeñas como la nuestra. Hace mucho años que la Iglesia Católica ha perdido, afortunadamente, su papel social y la capacidad para regular todos los ámbitos de las vidas de las personas, pero a día de hoy en Estella todavía tenemos que soportar su presencia mediante el sonido de las campanas de las iglesias con un volumen de decibelios claramente excesivo para nuestros oídos.

No solo son las horas sino que las campanas comunican a toda la ciudad todo tipo de ceremonias como las misas dominicales, bautizos, confirmaciones o funerales, con una presencia claramente excesiva y audible por toda la ciudad.

En concreto, para muchos vecinos de la iglesia de San Juan el sonido de sus campanas es demasiado estridente, sobre todo con los volteos dominicales. Sin afán de polémica, sería deseable que se regulara de alguna forma el uso de las campanas de las iglesias porque no todos los vecinos nos sentimos concernidos por sus usos.

M. G. M.