Redes, ¿sociales?

Ángel Ares y García - Domingo, 2 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Ante un contexto histórico completamente globalizado y un capitalismo voraz, era obligatorio imaginarse que hasta las relaciones entre los seres humanos iban a ser fruto de trivialización y comercialización. Hace lustros que las relaciones interpersonales han sido relegadas a un segundo plano, en el cual las redes sociales han pasado a constituir el pilar de la comunicación entre los individuos de la sociedad. Incardinada en ella, ha pasado de mera herramienta de productividad a eje vital de muchos de nosotros.

Cabe destacar el origen de las redes sociales. Aquellos progresos tecnológicos llevados a cabo en las últimas décadas han posibilitado la integración en la sociedad de ciertos dispositivos móviles inteligentes, los cuales, desde el punto de vista meramente empírico, no correlacionan directamente la invención de métodos de comunicación inmediata y perpetua, y el comportamiento enfermizo causada por una adicción a la continua exposición al mundo virtual. No obstante, parece el propio temperamento del ser humano el artífice de este comportamiento con el que desdibujamos no solo la proyección que los demás tienen de nosotros, sino también la percepción que tenemos de nosotros mismos.

La influencia de la tecnología en el perfil psicológico de ciertos individuos es tal que ya podemos hablar de patologías y trastornos relacionados con la droga virtual.

Como si de una dictadura se tratase, la condición humana y la conducta de las masas sociales son heterogéneas, manipuladas por el Gran Hermano que todos formamos. La conexión interpersonal invisible e indivisible en la cual uno sin darse cuenta es fruto de manipulación, e incluso partícipe, forma un arco de interdependencia ubicuo.

Meditad y echad un vistazo atrás. Las sociedades civilizadas siempre se han creído el centro etnográfico de la humanidad, que, y a la vista está, es escarnio de su misma ansia por controlarlo todo, en la que se vuelve controlado, manipulado y enfermo por el buque insignia del capital: la tecnología.