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Hegemones

Amores desinteresados

Por Miguel Turullols - Domingo, 2 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

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Tanto en la realidad como en la ficción, estas relaciones dan mucho juego. Mujer joven que se arrejunta a hombre mayor por… el amor verdadero, sí. También hay hombres que hacen lo mismo, desde luego. Alfonso Díez cayó perdidamente enamorado de la duquesa de Alba… Pelotazo padre, vamos.

Pero todos los casos que podáis imaginar al respecto no son comparables a lo que va por camino de conseguir la buena de Grace Mugabe. Esta señora era secretaria de quien ahora le da su apellido, Robert Mugabe, famoso dictador de Zimbabue y persona non grata en la UE y Estados Unidos.

Los 42 años que se lleva la pareja no fueron óbice para el amor desenfrenado de los enamorados (imagino que una parte más que la otra) y se casaron en 1996, cuando la mujer de Mugabe falleció y Grace ascendió de secretaria-amante a esposa.

Al principio el salto cualitativo le debió parecer suficiente. Se conformaba con pequeños caprichos que tenemos todos como ir de compras por Hong-Kong, coleccionar mansiones y, literalmente, obtener tierras y ganao (que previamente ha expropiado a un terrateniente).

Pero resulta que su amadísimo esposo, de 93 años (ella tiene 51), chochea ya un poco. En un desfile hizo una reverencia a una foto de sí mismo, se durmió en la recepción del primer ministro japonés y buena es la anécdota en la que leyó dos veces el mismo discurso en el parlamento sin darse cuenta. Creo que eso ni Rajoy es capaz. Creo, he dicho...

Viendo peligrar su estilo de vida, esta mujer de recursos se embarcó hace tres años en la carrera por suceder a su marido. No le va nada mal. Fue nombrada jefa del ala femenina y miembro del politburó del partido, se ha cargado a la antigua vicepresidenta y favorita para suceder a Mugabe (la acusó de brujería y llevar minifaldas escandalosas) y va camino de hacer lo mismo con el vicepresidente actual (supongo que sin el argumento de la minifalda).

Si lo consigue, será el pelotazo de los pelotazos. De secretaria a dictadora. ¿No está mal, no?