Trabajo a contrarreloj

Los equipos de rescate se afanan en buscar supervivientes entre el lodo en Mocoa (Colombia)
Cruz Roja cifra en 234 los muertos por la avalancha
El difícil acceso a la zona complica la llegada de la ayuda

Lunes, 3 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Varias personas caminan entre el lodo en una calle de Mocoa, mientras una excavadora realiza labores de rescate y desescombro. Fotos: Efe

Varias personas caminan entre el lodo en una calle de Mocoa, mientras una excavadora realiza labores de rescate y desescombro. Fotos: Efe

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Varias personas caminan entre el lodo en una calle de Mocoa, mientras una excavadora realiza labores de rescate y desescombro. Fotos: EfeUn soldado lleva a un niño sobre sus hombros.

mocoa (colombia)- Los trabajos de rescate en medio del lodo que cubre la localidad colombiana de Mocoa, sepultada en la madrugada del sábado por una avalancha provocada por la crecida de tres ríos a consecuencia de las fuertes lluvias, se realizaban ayer a contrarreloj. Los organismos de socorro trataban de encontrar supervivientes en las calles convertidas en un mar de lodo, piedras gigantes y todo tipo de materiales que el agua dejó a su paso por 17 de los 40 barrios de Mocoa.

Cerca de 1.300 personas buscaban por tierra, mar y aire a un número indeterminado de desaparecidos, decenas de personas de quienes sus familiares no tienen noticias, pero que se presume fueron arrastradas por la riada del río Mocoa y de sus afluentes Sangoyaco y Mulatos. Los desaparecidos podrían rondar los 200, pero nadie se atreve a confirmar esta cifra.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, que viajó ayer por segundo día consecutivo a la capital del departamento de Putumayo, en el sur del país, confirmó la cifra oficial de 207 muertos en la catástrofe. Las cifras de fallecidos varían según la fuente, ya que Cruz Roja la sitúa en 234, entre ellos 43 menores.

Mocoa, ciudad de unos 45.000 habitantes en la que un diluvio desencadenó el apocalipsis, ha sido declarada en estado de calamidad para agilizar las operaciones de rescate y de ayuda a las víctimas, con un número indeterminado de damnificados.

La magnitud de la catástrofe se agrava, sin embargo, por el aislamiento de esta zona de Colombia, situada en la región amazónica, en la frontera con Ecuador, que carece de suficientes vías de acceso, pues solo se puede llegar a Mocoa por vía aérea o por precarias carreteras que la comunican tras varias horas de viaje con las ciudades de Neiva y Pasto. Los aviones que llegan con alimentos y medicinas vuelven cargados de heridos.

Santos destacó que hay ya diez camiones cisterna en Mocoa para abastecer de agua a la comunidad y se espera la llegada de otros diez.

desolaciónUna de las primeras imágenes que quienes llegan a Mocoa ven de la tragedia es la de una multitud que espera pacientemente a las puertas de un cementerio información sobre familiares y amigos fallecidos en la avalancha. El cementerio antiguo, como lo llaman, es paso obligado de quienes llegan a Mocoa por la carretera que comunica la localidad con el aeropuerto más cercano.

Como la morgue de Mocoa está saturada de cadáveres, las autoridades han trasladado a muchos de los fallecidos, envueltos en bolsas de plástico blancas, hasta el viejo cementerio donde esperan identificarlos y entregarlos a sus familiares.

Alrededor de un centenar de personas espera a las puertas del camposanto en la más absoluta tranquilidad, como si estuvieran acostumbrados a la tragedia, para saber si a quienes buscan están entre los muertos o entre los desaparecidos.

La Policía controla la entrada y no permite que la prensa se acerque demasiado por motivos de seguridad y de higiene, pues el olor fétido de la muerte se siente por momentos en medio del calor de la mañana según la dirección en la que corra el viento.

Según relata el enfermero Cristóbal López, voluntario de la Defensa Civil, tras el diluvio, lo primero que hizo fue auxiliar a su familia y enseguida correr a ayudar a los demás. “Esto era muy crítico, vivir la experiencia fue muy duro. Observar cómo los árboles desaparecían como si fueran hechos de papel, todo se venía encima”, recordaba.

López contaba ayer que “las primeras horas fueron muy duras” pues todo el mundo corría despavorido, “sin mirar la avalancha”, y “la gente, los coches desaparecían en el agua, y algunos pudieron salir (de la riada), pero otras personas no”. “Se escuchaban gritos por todos lados, algunos te reconocían y decían, vea mi familia está perdida, no sé dónde está”, afirmaba. - Efe/E.P./D.N.

apuntes

Acto heroico. Un policía colombiano, identificado como Desiderio Ospina, perdió la vida al intentar llegar hasta una familia que pedía auxilio, según indicó en su cuenta de Twitter el director general de la Policía Nacional, el general Jorge Nieto.

Lección de entereza. Hay quienes en medio de la tragedia son capaces de dar una muestra de entereza. José Noel Marcasú, propietario de una ferretería, lo perdió todo con la avalancha, pero logró salvar su vida al producirse de noche, cuando estaba en su casa en otro sector de Mocoa. “El local quedó totalmente destruido;son cosas de la naturaleza. Mientras uno esté con vida se puede salir adelante nuevamente”, señaló.

Actividad inusual. La magnitud de la tragedia se percibe nada más llegar al pequeño aeropuerto de Villagarzón, que solo recibe vuelos comerciales de la aerolínea estatal Satena y de aviones y helicópteros militares y ayer era un hervidero de distintas aeronaves de las Fuerzas Armadas que llegaban con socorristas, funcionarios del Gobierno, periodistas y toneladas de ayuda humanitaria.