Trump, el presidente que promociona sus empresas

El magnate neoyorquino gasta cerca de 3 millones de euros cada fin de semana que viaja a su club Mar-a-lago de West Palm Beach, en Florida, que ha convertido en centro de reuniones de gobierno y de encuentro con líderes internacionales

Un reportaje de Alfonso Fernández. Fotografía Kevin Dietsch - Lunes, 3 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Donald Trump, en uno de los actos de celebración de su toma de posesión en enero.

Donald Trump, en uno de los actos de celebración de su toma de posesión en enero.

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Donald Trump, en uno de los actos de celebración de su toma de posesión en enero.

el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, apeló a su habilidad empresarial como uno de los ejes de su campaña electoral y, desde su llegada a la Casa Blanca, ha cumplido con creces a la hora de utilizar el cargo público más importante del país como plataforma de promoción de sus negocios.

El diario de sus actividades durante sus fines de semana parece un folleto publicitario del conglomerado empresarial Trump Inc., aderezado puntualmente con algunas reuniones del Gobierno.

Desde su investidura el pasado 20 de enero, el magnate neoyorquino ha encontrado tiempo para visitar en uno de cada tres días como presidente alguna de sus propiedades o negocios: ya sea el Trump International Hotel de Washington, el Trump National Golf Club en Virginia, o su club Mar-a-lago, de West Palm Beach, en Florida.

Este último, bautizado por el propio presidente como “la Casa Blanca de Invierno”, es la joya de la corona con cinco visitas en fines de semana en los poco más de dos meses desde que Trump llegó al poder.

Desde la década de 1940, los presidentes estadounidenses cuentan históricamente con Camp David, una residencia de retiro oficial en las montañas de Maryland, a una hora de Washington, algo que desde el principio quedó claro que no contaría con la frecuente presencia de Trump y su familia.

cara alternativaPreguntado en una entrevista por esta residencia poco después de su victoria presidencial, Trump optó por la ironía: “Camp David es muy rústico, es bonito, te gustaría. ¿Sabes por cuánto tiempo te gustaría? Alrededor de 30 minutos”.

Como alternativa, y con un coste estimado de 3 millones de euros por viaje, dado el voluminoso equipo de seguridad que acompaña al presidente, el mandatario ha escogido su lujoso y playero club de West Palm Beach que ha convertido en centro de reuniones de gobierno y encuentro con líderes internacionales, como la del pasado 11 febrero con el primer ministro, el japonés Shinzo Abe.

En abril, además, Mar-a-lago será el lugar de uno de las visitas oficiales más esperadas: la del presidente chino, Xi Jiping.

Trump ha criticado duramente a China por manipular su moneda para obtener ventajas comerciales y ha insinuado que podría aplicar un arancel comercial a los productos procedentes del gigante asiático, y tratará de convencer a orillas del mar a Xi de sus propuestas para “volver a hacer a Estados Unidos grande de nuevo”.

Las críticas no se han hecho esperar, especialmente tras la presentación de su anteproyecto presupuestario, que propone agudos recortes en gasto social y programas públicos.

“Los estadounidenses podrían recibir su parte de los 3 millones de euros que el autoproclamado multimillonario se gasta cada fin de semana para relacionarse con los ridículamente ricos miembros de su club en Florida”, señaló la web progresista ThinkProgress, al comentar las frecuentes visitas de Trump a Florida.

de la playa al campo de golfEl pasado fin de semana, no obstante, el mandatario optó por quedarse en Washington tras el fracaso en el Congreso del plan republicano para reemplazar la ley sanitaria promulgada por su predecesor, Barack Obama, una de sus principales promesas de campaña.

Para rebajar el estrés acudió a su club de golf en Sterling (Virginia), a las afueras de Washington;y luego fue a cenar con su hija mayor, Ivanka, y su marido, Jared Kushner, al restaurante de su International Trump Hotel, a apenas medio kilómetro de la Casa Blanca.

Sus tres visitas en las últimas semanas al Trump National Golf Club, gestionado por su hijo Eric Trump, también han despertado suspicacias.

No parece casual, apuntan los medios, que se hayan producido justo cuando se está promocionando, con entradas ya a la venta un prestigioso torneo de la asociación profesional de golf (PGA) que tendrá lugar allí el último fin de semana de mayo, fecha con la que tradicionalmente se da inicio al verano en Estados Unidos.

La pasión por el golf es curiosamente uno de las pocas aficiones en común entre Trump y Obama.

De hecho, el actual presidente atacó duramente a su predecesor por sus continuas rondas de fines de semana en los hoyos, en vez de “dedicarse a gobernar”.

Ante este paradójico proceder, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, trató de marcar distancias con un curioso argumento.

“Habéis visto cómo usa esto como una oportunidad con el primer ministro Abe para fortalecer y profundizar su relación en Asia, y contar con una relación que va a ayudar a los intereses de Estados Unidos”, afirmó Spicer, preguntado por la diferencia entre el golf de Obama y de Trump.

“En un par de ocasiones, de hecho, ha sostenido encuentros y llamadas de teléfono. Solo por que se dirija allí (a un club de golf) no quiere decir que sea eso lo que ocurra”, agregó en una de sus ruedas de prensa diarias.

privilegio

ivanka, despacho en el ala oeste

Sin cargo ni salario. Ivanka Trump, la hija mayor del presidente, tendrá una oficina propia en el Ala Oeste de la Casa Blanca. Ivanka, que como primogénita ha tenido un rol frecuente y atípico en la Casa Blanca desde que su padre tomó posesión del cargo, aumentará de este modo su influencia en el círculo presidencial. En Washington ya se ha convertido en habitual ver a la hija del presidente acompañando a su padre en actos oficiales y también en reuniones con mandatarios internacionales como Angela Merkel o Justin Trudeau. De acuerdo con su abogado, Jamie Gorelick, Ivanka Trump no tendrá un cargo oficial en la Casa Blanca y no recibirá salario alguno.