A pie de obra

Eutanasia social

Por Paco Roda - Lunes, 3 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

eTA ha muerto. Incluso antes de anunciar su defunción. Pero con la casquería de sus restos, algunos fiscales y no pocos políticos preparan barbacoas para seguir comiendo caliente del pecado que condenan. ETA, digámoslo alto y claro, ya no es rentable para nadie. Pero con sus cenizas muchos psicópatas de misa diaria y despacho oficial trafican buscando su resurrección. O eso pareciera. ETA fue durante años el principal activo penal de un negocio redondo cuyas acciones cotizaban en el mercado del dolor y la sangre. Con ella y contra ella las urnas se llenaron de víctimas y también de un cinismo bastardo. Pero ahora, su desaparición deja en evidencia a muchos que se alegraban viendo trabajar a los enterradores. Y ya es jodido decir esto. Porque uno sabe a lo que se expone.

El desarme de ETA ha pillado en renuncio a muchos funcionarios de infierno. A esos espíritus agrietados a los que ni Dios podría salvar aunque se pusieran de rodillas. Muchos de ellos han reactivado el antiterrorismo legislativo como forma de gobernanza social. Como estrategia envenenada de control político y social. Porque en ausencia de éste pareciera necesaria su perpetuación simbólica y discursiva. Porque a falta de ETA habrá que inventarse otros nichos de mercado para saciar a esos rentistas del terrorismo. Todo se ha vuelto honorable y banal. Y esto explica las detenciones de Altsasu y su posterior tratamiento, la inculpación bastarda contra la tuitera Cassandra o las pervertidas acusaciones contra los detenidos en Pamplona el 11 de marzo. El PP se sabe inmune en esta fascismocracia española. Y cada día es un Rubicón en que uno anhela ahogarse y desaparecer. Llegado aquí, esta columna me aburre. Tírenla si quieren. Pero en este estercolero, la pesadilla es la única forma de lucidez.