Embajadores del relleno

La Cofradía del Relleno de Villava celebra su aniversario con la deportista olímpica Naiara Egozkue, la Coral Abesbatza, el historiador Peio Monteano y Ana Laguna, de la Academia Navarra de Gastronomía

Sara Huarte | Javier Bergasa - Lunes, 3 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

De izda a dcha;Naiara Egozkue, deportista olímpica,Maite Urdánoz, de Coral Abesbatza, Ana Laguna, de la Academia Navarra de Gastronomía, y Peio Monteano, historiador.

De izda a dcha;Naiara Egozkue, deportista olímpica,Maite Urdánoz, de Coral Abesbatza, Ana Laguna, de la Academia Navarra de Gastronomía, y Peio Monteano, historiador.

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De izda a dcha;Naiara Egozkue, deportista olímpica,Maite Urdánoz, de Coral Abesbatza, Ana Laguna, de la Academia Navarra de Gastronomía, y Peio Monteano, historiador.

“Para mí es muy bonito pasar un día de fiesta en Villava, porque nunca olvidas a donde perteneces”

villava- La Cofradía del Relleno de Villava escribió ayer un nuevo capítulo en su historia, que ya va para doce años, con la incorporación de cuatro nuevos miembros de honor: la deportista olímpica Naiara Egozkue, el historiador, sociólogo y escritor Peio Monteano, la presidenta de la Academia Navarra de Gastronomía y la coral villavesa Abesbatza.

Cuatro nuevos cofrades que prometieron solemnemente, y sobre una cazuela de este manjar amarillo, ejercer de embajadores del relleno y defender sus virtudes allá donde vayan. “Para mí esto es un homenaje a mi madre”, aseguró el historiador Peio Monteano. Y es que, a pesar de que, según explicó, “yo siempre me he dedicado a comerlo”, el olor del relleno es el aroma que impregna sus recuerdos de infancia. “En septiembre, en mi casa olía a relleno y a los libros que íbamos a usar ese curso en el colegio”, señaló el que fuera alcalde de Atarrabia en 1999 y en cuya familia la “receta de relleno de la abuela” se transmite de padres a hijos.

La siguiente en jurar el cargo fue otra villavesa a la que la vida ha llevado muy lejos;la deportista olímpica Naiara Egozkue. Una joven que dio sus primeros pasos como balonmanista en la Escuela Atarrabia Beti- Onak y que, el año pasado, volvió de las olimpiadas de Río con un diploma. “Para mí es un momento muy bonito, y no solo por este precioso detalle, sino por poder pasar un día de fiesta en mi pueblo. Porque, aunque hace muchos años que me fui de aquí, nunca se olvida cual es tu pueblo y a donde perteneces”, aseguró Egozkue, hija del también cofrade de honor Pantxo Egozkue y la villavesa María Jesús Extremado.

Y así, con el compromiso de difundir y ensalzar las virtudes del relleno allá donde vaya aún reciente, esta joven balonmanista manifestó sus intenciones de perfeccionar su técnica a la hora de cocinar relleno. “Ahora con el deporte no tengo mucho tiempo, pero cuando me retire sí me pondre. He hecho la receta alguna vez, pero aún tengo que depurarla”, explicó entre risas, antes de ceder el paso a Maite Urdaniz, representante de la coral Abesbatza.

“Hemos recibido la noticia con mucha sorpresa y con mucha alegría”, aseguró Urdaniz, que, además de agradecer el honor, quiso recordar la buena relación que existe entre los diferentes colectivos de la villa. “Es muy bonito que, a pesar de ser tan pequeños en dimensiones, seamos tan grandes en cuanto a personas y colectivos”, apuntó la representante de Abesbatza, destacando la “buena disposición para trabajar y apoyarnos entre todos”.

La última en convertirse en cofrade de honor fue Ana Laguna, presidenta de la Academia Navarra de Gastronomía, quien aprovechó la ocasión para poner en valor el trabajo de las 26 cofradías allí presentes. “Yo quiero dar las gracias a todos los cofrades que están aquí, porque, aunque a veces el trabajo académico sea el que más se reconoce, sois vosotros los que estáis al pie del cañón defendiendo el producto. Sin vosotros no podemos hacer nada y, por eso, siempre os apoyaremos”, aseguró Laguna, ante la presencia de la Federación de Cofradías Gastronómicas, de la Cofradía de la Alubia de Tolosa, de la Cofradía francesa de TToro de Ciboure, la del Vino de Rioja, la de la Viña y Vino de Baena, la Cofradía del Hongo y la Seta de Elgorriaga, la cofradía francesa de L´Operne de Biarritz, la de los Vinos de la Ribera del Duero , la de la Morcilla de Beasain, la del Queso del Roncal, la del Salmón del Bidasoa, la de la Queimada del San Sebastián, la Cofradía del Queso de Idiazabal de Ordizia, la cofradía tudelana Orden del Volatín, la del Aceite de Oliva de Navarra, la Cofradía del Espárrago de Navarra, la Orden del Cuto Divino, la Cofradía de Amigos de los Nabos de Morcin, la cofradía irundarra Anaka, las cofradías francesas Espelette, Medulien y Paloma de Sara, la asturiana La Sidra, la Cofradía del Vino de Navarra, de la Anchoa del Cantábrico, la del Oriciu de Gijón y del Queso de Cantabria.

cofrades de númeroAdemás de las cuatro incorporaciones honoríficas, esta cofradía villavesa también dio la bienvenida ayer a dos nuevos miembros de número;al pamplonés Vicente Pascal y a Giusseppe Russolillo, que hace dos años ya fue nombrado cofrade de honor por su labor como Presidente de la Fundación Española de Nutricionistas-Dietistas.

“Yo soy de Palma de Mallorca, pero ya llevo 25 años en Navarra y, cuando llegué, uno de los primeros productos que me sorprendió fue el relleno”, confesó Russolillo, poco después de recibir la capa verde que distingue a los miembros de la hermandad. Una prenda con la que este “navarro de adopción” asumió el compromiso de convertirse en un embajador de este producto. “La tradición de comerlo no se va a perder, porque se sigue comiendo mucho relleno. Pero industrializado, por lo que a mí me gustaría trabajar por recuperar el arte de hacer relleno, todo el proceso artesanal”, explicó Russolillo, convencido de que la gente joven debería poner en práctica estos conocimientos culinarios que han pasado de generación en generación hasta hoy. Y no solo por la diferencia de sabor y mantener la tradición, sino por el poder de reunión que acompaña a este producto de toda la vida.

En el caso de Vicente Pascal, un pamplonés hijo de madre burladesa y muy ligado a Villava, este nombramiento era al mismo tiempo un homenaje con nombre de mujer y un compromiso. Por un lado, el recuerdo de su madre, “que era la que hacía el relleno en casa”, y, por otro, el compromiso de trabajar por que el relleno cruce fronteras. “Yo colaboraré en todo lo que pueda”, aseguró este pamplonés y apasionado del relleno.