Susana Rodríguez Lezaun escritora

“Lo más emocionante es escuchar a la gente hablar de tus personajes como si los conociera”

La autora presentará este jueves (19.00 horas) en El Corte Inglés su segunda novela, ‘Deudas del frío’, una historia negra que apunta los estragos de la crisis y a sus culpables

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar / Fotografía Unai Beroiz - Martes, 4 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Susana Rodríguez Lezaun, ayer en la plaza de Baluarte.

Susana Rodríguez Lezaun, ayer en la plaza de Baluarte.

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Susana Rodríguez Lezaun, ayer en la plaza de Baluarte.

pamplona- De nuevo, Susana Rodríguez (Pamplona, 1967) se apoya en los personajes que creó en su primer libro, Sin retorno, para narrarnos una trama policíaca. O dos. Porque en Deudas del frío (DeBolsillo) hay dos asesinos y actúan en direcciones distintas. El inspector David Vázquez y la agente turística Irene Ochoa vuelven a protagonizar una historia oscura en la que los crímenes contra dos banqueros y los que se cometen como huida hacia delante corren en paralelo hasta un sorprendente final que abre la puerta a una tercera entrega. La novela llega mañana a las librerías.

¿Cómo vive los momentos previos a someter su trabajo al juicio ajeno?

-No diría que con nervios, más bien con euforia bien o mal contenida, según los momentos (ríe).

¿Qué le aportan los comentarios de los lectores?

-Muchísimo. Es muy importante lo que opinan de lo que tú has escrito y lo que deducen a partir lo que leen. A lo mejor te dan opiniones de aspectos de la novela que tú no habías creado con esa intención, pero que, quizá, vistos desde otros ojos tienen sentido. De lo que está en tu cabeza a lo que llega a la cabeza del lector a veces hay muchísima distancia. En ocasiones parece como el juego del teléfono roto.

No siempre las opiniones son buenas.

-Claro que no, y son tan importantes las buenas como las malas. De las malas se aprende. En mi primera novela me sirvieron para aprender un montón. De todos modos, lo más emocionante que hay es escuchar a la gente hablar de tus personajes como si los conociera, como si fueran personas de verdad y hubieran estado con ellos. Escuchar todo lo que me dicen siempre es enriquecedor;voy donde me invitan, a una biblioteca, a un club de lectura... Lo más gratificante es encontrarme con los lectores.

¿Y cómo se ha sentido al abordar esta segunda novela?

-Más profesional. En el proceso de edición de un libro aprendes mucho, es una escuela. Me ha costado menos escribir el segundo, ha habido menos errores y la edición ha sido muy breve. El libro que llega mañana a las librerías es prácticamente el original que entregué. Apenas hay unas pocas puntualizaciones. Escucho mucho a los editores y lo que me corrigen una vez no vuelvo a hacerlo. La intensidad que me costaba plasmar en el primero me ha salido de manera más fluida en este, o es lo que he pretendido.

En Deudas del frío mantiene la tensión arriba todo el tiempo.

-Es que a mí me gustan esos libros que te suben y te mantienen arriba y no te sueltan hasta el final. Y mi afán era conseguir una novela de ese estilo. Al menos lo he intentado, ahora que me digan qué les parece.

Volvemos a encontrarnos con David Vázquez y con Irene Ochoa como personajes principales, ¿tenía claro que daban para mucho más?

-Sí, los dos me lo pedían. No sabría decir cuál de los dos más, depende del día que me pilles. Él está en la inopia respecto a ella. El lector lo sabe y lo puede ver como un inocente, como un pobre desgraciado, como un hombre ciego de amor... Pero está claro que ella es lo que es. Es una asesina que, además, no se arrepiente y tira adelante con lo que le echen. Lo lógico es que te fíes a ojos cerrados de la persona con la que vives;en condiciones normales, nadie se plantea que su pareja es una mala persona. ¿Qué sabe David de Irene? Que su marido la maltrataba, que murió en un incendio aparentemente accidental y que es una mujer herida que trata de rehacer su vida. Y no se plantea más allá.

Irene es una mujer con dos caras;quiere tener una vida normal con David, pero a la vez es fría e implacable si alguien trastoca sus planes.

-Sí, y esa dualidad es muy difícil de plasmar. No hablo de doble personalidad, porque es un término clínico que no conozco, pero ella sí que tiene muy claro que está dispuesta a seguir adelante caiga quien caiga. Y llega un momento en que la violencia que aplica a los demás la cree incluso aceptable para ella. O natural. De ahí que haya dolores que no siente, como hacerse un corte en el dedo. Lo mira sorprendida, pero no le duele.

Se adentra en el mundo financiero y no deja títere con cabeza.

-Cuando escribí la novela se estaba produciendo todo lo del 15-M. Soy muy curiosa y recuerdo que estuve en la plaza del Castillo viendo, escuchando, leyendo... Luego me iba a casa, recapacitaba, discutía... También atendía a lo que decían desde la banca, sus explicaciones, sus motivos. Y te enterabas de que había gente que se había suicidado porque le quitaban la casa. Yo estaba escribiendo la novela en aquellos momentos tan duros y quedan reflejados. Es que es lo que hay, la banca es cruel, fría, no conoce de caras ni de nombres, solo sabe de cifras. Si tu debes 6.000 euros de hipoteca, te vas a la calle y punto. Es la impotencia de las personas frente al poder absoluto de la banca. No sé si hay algo más angustioso que sentir que un banco te pone un pie encima. Me hierve tanto la sangre cuando lo veo y cuando lo pienso, que creo que en la novela se nota (ríe).

Pues después del sufrimiento que hemos visto durante estos años parece que todo sigue igual.

-Desde luego. Ellos siguen en sus sitios presionando a la gente. Tienen la sartén por el mango, el fuego, la cocina... ¡Todo!

En esta historia nos presenta a esas personas invisibles, arrasadas por la crisis, en las que casi nunca pensamos. Están Lucas y otros sin techo;Gabriela, que se prostituye para mantener a su familia...

-Así es. Mira, yo siempre me precio de documentarme bien y de visitar todos los lugares que salen en el libro;sin embargo, no tuve valor para entrar en ninguno de los albergues. Los cito, pero el interior me lo he inventado porque me da pudor ir a observar, me parece una violación de su intimidad. Los que están en el comedor social ya no son los parias de la tierra;anteayer eran nuestros vecinos. Y no tuve valor moral de entrar. Pero están en el libro porque existen.

También aparecen las familias que ‘ocupan’ pisos vacíos.

-Claro, es que no tienen otro remedio. Ojo, no quiero alentar la ocupación de viviendas, no me parece bien que alguien se niegue a pagar un alquiler porque ser un jeta;pero si yo me viera con dos niños en la calle, daría una patada en la puerta de la primera vivienda que viera desocupada.

Esta es una novela mucho más social y realista que Sin retorno. Ha cambiado su mirada.

-Me lo pedía el cuerpo. La primera era más thriller que novela negra. Yo soy periodista y todos los días me voy fijando en lo que pasa a mi alrededor, no lo puedo evitar. Y cuando escribes en un contexto social tan revuelto, de qué vas a hablar. La realidad es la mejor novela negra que existe.

En esta novela hay más violencia.

-Mi madre y mi marido están preocupados (ríe). Hay menos muertos que en la anterior, pero más violencia. Lo más fácil del mundo es matar de lejos, a distancia, pero matar de cerca, mirando a los ojos, es muy violento. En la primera novela, Irene mata de una manera sutil, ahora no, es abiertamente violenta y arrasa con su objetivo. Sabe que si su verdad sale a la luz, pierde a David, y hace todo lo que cree que debe hacer para que eso no pase. La novela es más violenta, sí.

Y deja el final abierto.

-Sí, hay una tercera novela con estos personajes en la que quiero terminar con bastantes cabos sueltos. No es una trilogía, pero entiendo que el lector tiene que saber qué ocurre con determinadas situaciones. Será un punto y aparte, pero no un punto final.