Música

Niños prodigio

Por Teobaldos - Martes, 4 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Coro de niños de Windsbach. Akademie für Alte Musik Berlín

Solistas: Nuria Rial, soprano;Rebecca Marin, alto;Markus Schäfer, tenor;Thomas Laske, bajo. Dirección: Martin Lehmann. Programa: Misa en Si menorde J. S. Bach. Programación: ciclo de Baluarte. Lugar: auditorio principal. Fecha: 28 de marzo de 2017. Público: casi lleno (18, 28, 36 euros).

Nos sigue admirando, sin duda, este coro de niños y jóvenes que, con disciplina germana, abordan el extraordinario monumento de la Misa de Bach -una de las obras más duras para coro- sin asomo de fatiga vocal hasta el final. El concierto es algo extraordinario por la novedad del timbre coral: ha de acostumbrarse uno a la fuente sonora que, al principio, nos resulta extraña con respecto a los coros mixtos adultos;pero, pronto, advertimos que aquí lo que nos envuelve y conquista es la pulcritud incisiva, la claridad meridiana de las entradas de cada cuerda, el ataque justo y pronunciado de los inicios, la inocente fortaleza de los pasajes en fuerte, la dosificación disciplinada del recorrido -sin descanso- de las dos horas de partitura, la expectación asombrada - quizás más un juego, o una curiosidad- ante unos textos cuyo misterio no se alcanza;el puro espectáculo, en fin, de ver el potencial de la educación que se rinde ante la belleza aprendida de memoria desde críos. Y, aunque pudiera parecer que los canterosde contraltos y bajos son menos rotundos, el equilibrio entre las cuerdas es tal que salen cuando les toca atender su comienzo de fuga, o sus entradas. Por ejemplo, el Et Interum Venturus de bajos a solo, fue de autoridad y convicción. Prevalece siempre el timbre luminoso, llevado a alturas divinas por los sopranos. Y la entrada de tenores en el Credo, por ejemplo, es, a su vez, un ejemplo de canto coral, sin que nadie despunte, haciendo cuerda.

A su lado, una orquesta prodigiosa. También con aportaciones sonoras originales;con rasgueos en la cuerda como quejidos -Agnus-;con incidencia en los acentos, casi como golpes -Crucifixus- ;con ritmo de procesión penitencial en el bajo continuo -en los pasajes más dramáticos-;con una vitalidad explosiva en los de exaltación -Resurrexit et ascendit, etc-. Y unas aportaciones solistas de recordar: concertino, oboe de amor, flautas, viola de gamba, trompetas, timbales…, y la trompa, que, como siempre, hace lo que puede. Es un conjunto de los de primera línea en versiones historicistas.

La dirección del titular del coro -Lehmann- fue impecable en la relación de coro y orquesta: debe cuidar al coro y, también, auparlo en las explosiones sonoras -las trompetas nunca les taparon-, e irregular en los tempos, según el pasaje abordado, lo cual para unos es un defecto, por no tratar de unificar el criterio de toda la obra;y para otros -entre los que me cuento- es una virtud: al fin y al cabo, esta misa no la compuso Bach como una obra unitaria, sino que está hecha de retales. Y, además, Lehmann es el que mejor sabe cómo dosificar, con el tempo, las fuerzas del instrumento coral que tiene delante. A mí me gustó el carácter onomatopéyico que dio a ciertos pasajes, sin ser teatral, pero subrayando el texto -el Agnus, como lágrimas en la cuerda- me pareció magistral. Los solistas, sin ser espectaculares, muy correctos en fraseo y estilo. Alto y soprano con equilibrado caudal sonoro en el dúo.