Editorial de diario de noticias

Insistir en la acogida humanitaria

La acogida de refugiados, 16 meses después del compromiso de reparto entre los Estados de la UE, sigue siendo parte ínfima de lo que exige la crisis que sufren hoy más de sesenta millones de personas en el mundo

Martes, 4 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

sesenta millones de desplazados. Un tercio de esa humanidad, veinte millones de personas, son refugiados;y dos millones más, solicitantes de asilo. La población de refugiados, similar a la de Rumanía y Chile, estaría entre los sesenta países más poblados del planeta. De esos veinte millones, cinco, uno de cada cuatro, el 25% de los refugiados, proviene de Siria. Otro 40%, de Afganistán, Irak, Somalia y Sudán. Hasta las frías cifras explican en esa genérica denominación de “guerra” que tantos y tan distintos frentes mantiene abiertos el motivo de la mayor crisis humanitaria de la historia, más que la del mayor conflicto bélico declarado nunca, la Segunda Guerra Mundial. Superado marzo, a siete meses de que expire el plazo de dos años marcado por el Consejo Europeo a los países miembros de la UE para culminar la acogida de 160.000 refugiados, el 3,2% del total, y reubicar a 22.000 más, Europa apenas ha cumplido con una ínfima parte de ese 3,2%: veinte mil. Ni siquiera alcanza a igualar la cifra de los muertos en el Mediterráneo solo en el trayecto de Libia a Italia, en los tres primeros meses del año, 21.903, los últimos 150 hace apenas unos días. No es de extrañar que hace un mes el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad al-Hussein, acusara en Ginebra a los gobiernos europeos de dar la espalda a quienes sobreviven: “Los europeos han acogido y ayudado a los inmigrantes, pero sus líderes políticos muestran una creciente indiferencia hacia ellos”. Que Navarra, el Gobierno de cambio político y social que preside Uxue Barkos, en iniciativa unilateral, haya ofrecido reiteradamente gestionar un espacio humanitario propio y complementario de acogida -destinará otros 200.000 euros en 2017 a la acción humanitaria a favor de las personas refugiadas-, es, en ese sentido, un ejemplo aun si palía una parte mínima de una crisis incalculable. Una excepción a esa indiferencia que atenta a diario contra el Estatuto de los Refugiados de 1951. Porque no se trata de la incapacidad de sus fallidos estados de origen por dotar a la sociedad de los mínimos imprescindibles que eviten el éxodo, ni siquiera la de los países en tránsito para reorientar o absorber la migración. Se trata de que la falta de acuerdo entre unos estados y otros para recibir y atender a esas personas por un quítame unos cientos muestra la peor cara del egoísmo político inhumano de hoy. Y de la inopia de los países occidentales para afrontar una crisis humanitaria de consecuencias indescifrables.

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