El euskera en Navarra y la mentira de la imposición

Por Unai Hualde Iglesias - Martes, 4 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

La modificación de la Ley Foral del Vascuence que hemos propuesto en el Parlamento de Navarra Geroa Bai, EH Bildu, Podemos-Ahal Dugu e I-E ha tenido recientemente el rechazo de UPN, PSN y PP. Las tres formaciones de la oposición han reaccionado de forma muy airada contra una decisión que sólo pretende dar carta de naturaleza legal al deseo de los plenos municipales de casi 30 localidades que ya han pedido pasar de la zona no vascófona a la zona mixta. Sin olvidar, que en casi todos los casos, han sido agrupaciones independientes de estos pueblos de Navarra quienes han aprobado en sus plenos esta petición de incorporación.

Es tan sencillo como respetar la autonomía municipal, la decisión de localidades como Villatuerta, Mendigorría o Aibar (entre muchas otras) y reconocer así lo que nos han demandado tanto al Parlamento como al Gobierno. Por tanto, cuando escuchamos al tripartito de la oposición repetir mil veces que se impone el euskera, es falso, directamente ningunean la democracia de nuestros pueblos y se pasan por el arco del triunfo lo que estos han votado libremente en sus plenos municipales. No todo vale en esta vida. La posverdad a la que tanto recurren para repetir mil veces una mentira no hará que se convierta en realidad.

Dicho esto, Geroa Bai siempre ha defendido que la actual Ley del Vascuence, en base a la cual se establece una zonificación lingüística, está superada por la realidad social. Sin embargo, es obvio que en el Parlamento de Navarra no hay en este momento una mayoría parlamentaria para terminar con esa zonificación.

A pesar de esta cuestión, la mayoría que hoy apoya al Ejecutivo de Uxue Barkos, sí considera que tras demasiados años de una política lingüística de contención y discriminación era necesaria una nueva política lingüística que garantice los derechos lingüísticos del conjunto de la ciudadanía que avance en la normalización lingüística en base a principios tales como la realidad sociolingüística, la libertad y la voluntariedad.

Y dentro de ese diagnóstico compartido una medida concreta para llevar a cabo en la legislatura en este caso, sí como acuerdo programático era “desarrollar un marco normativo adecuado para garantizar los derechos lingüísticos de la ciudadanía”. La proposición de Ley Foral que se está debatiendo estas semanas en el Parlamento es prácticamente idéntica a la que fue aprobada por el Parlamento en 2010 con los votos de todos los grupos parlamentarios entonces presentes (Nafarroa Bai, Izquierda Unida, PSN y CDN) y el sólo voto en contra de UPN.

En aquella ocasión se posibilitó que Aranguren, Belascoáin, Noáin y Galar pudiesen incorporarse a la zona mixta si los plenos de sus ayuntamientos así lo decidían por mayoría absoluta. Y desde entonces hasta ahora tres de estos municipios (Aranguren, Belascoáin y Galar) así lo han decidido.

Pero es que, además, desde aquel febrero de 2010 los vecinos y vecinas de Aibar, Amescoa Baja, Artazu, Ancín, Abaigar, Cabredo, Cirauqui, Mendigorría, Murieta, Mirafuentes, Villatuerta y Zúñiga, todos ellos municipios de la llamada zona no vascófona, toman acuerdos de sus plenos por mayoría absoluta y los dirigen a nuestro Parlamento diciendo que quieren pertenecer a la zona mixta. Y le piden a su Parlamento a que adopte las medidas legislativas necesarias para hacerlo posible.

Y eso es precisamente lo que hemos hecho los grupos parlamentarios del llamado cuatripartito con esta iniciativa: atender a esa realidad social y a esa voluntad democráticamente expresada de esos pueblos desde la libertad.

Y resulta que cuando registramos esta iniciativa y abrimos esta posibilidad de que ciudadanas y ciudadanos navarros de la zona no vascófona puedan expresar su voluntad de tener otra relación con el euskara mayor, de la que hoy en día les marca la norma, pues es cuando la realidad enmienda a la totalidad el falso discurso de la imposición con la que UPN trata de identificar permanentemente todo lo que tiene que ver con el euskara, con amplio eco mediático.

Y llegan además al Parlamento de Navarra acuerdos de plenos de Aranaratxe, de Arellano, de Eulate, de Gallués, de Larraona, de Metauten, de Olite y de Tiebas. Y nuestro compromiso es atender también la realidad social y la libre voluntad democráticamente expresada de estos pueblos dándoles cabida en esta modificación en el trámite de enmiendas.

Y vemos que lejos de sentir el euskara como una imposición cuando a las navarras y navarros de la zona no vascófona se les da la opción de decidir: muchos (en concreto son ya más de 30.000 los vecinos de esas localidades) eligen dejar de ser ciudadanos de segunda en materia lingüística.

Y por eso a todos los anteriores tenemos que sumar, porque hemos tenido conocimiento de ello a través de los medios de comunicación, que también las vecinas y vecinos de Noáin, Tafalla, Ujué y Sangüesa van a trasladar que se tenga en cuenta en el trámite parlamentario su petición de pasar a la zona mixta adoptada mayoritariamente por sus plenos municipales.

Y esta es la realidad. Y esta es la demanda social de estos municipios que sienten el euskara como una lengua propia y, cuyos vecinos, se ven constreñidos en sus derechos lingüísticos por una zonificación que no entienden.

Hay que decir, a la vista de los votos, que UPN está siendo coherente. Absolutamente coherente. Coherente con una posición ya mantenida en 2010. Y coherente con toda una trayectoria de desarrollar desde el Gobierno una política de aniquilación contra una lengua propia de Navarra como es el euskara, la lingua navarrorum.

Una lengua a la que aplicó una legislación regresiva y unos decretos más regresivos en el marco de esa ley ya regresiva. Una política discriminatoria con los derechos lingüísticos de las navarras y navarros. Política que costó tirones de orejas de organismos europeos por atentar contra la Carta Europea de las Lenguas Minoritarias.

El euskara les generaba y les genera fobia, les genera urticaria y a pesar de que ya en 2010 sucesivas encuestas sociolingüísticas justificaban que Galar, Belascoáin, Aranguren o Noáin pasaran a la zona mixta, votaron en contra como he dicho antes de esa modificación. Y así, siempre. En el Gobierno o en la oposición. Ayer, hoy y siempre.

El autor es parlamentario foral de Geroa Bai