Música

El círculo virtuoso

Por Javier Escorzo - Miércoles, 5 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Concierto de lori meyers

Fecha: 30/03/2017. Lugar: Sala Zentral. Incidencias: Concierto patrocinado por una empresa de telefonía. Lleno total, con público de todas las edades (también niños).

La historia de Lori Meyers es la historia del indie español. En pocos años, el grupo de Granada ha pasado de vivir en las catacumbas del underground a figurar en lo más alto del cartel de cualquier festival que se precie. O a reventar salas, como hizo el pasado jueves en Zentral. Un éxito por el que inicialmente muy pocos apostaban y que no se ha debido a grandes campañas de marketing, sino al boca a boca y, sobre todo, al aplastante poder de sus canciones. Porque por encima de modas y tendencias, el principal reclamo de Lori Meyers reside en sus canciones: rotundas y contagiosas, algunas se han ganado ya el apelativo de himnos, y como tales fueron coreadas en Pamplona. Pero no adelantemos acontecimientos, porque antes que ellos actuó Naranja. El cuarteto madrileño exhibió su propuesta, basada en el pop-rock de guitarras. Por un lado dieron a conocer su repertorio (después de su actuación estuvieron regalando su disco en el puesto de merchandising), y por otro engancharon al público con una versión de la celebérrima Mi gran nochede Raphael. Una jugada inteligente que quizás puede pecar de cierto mimetismo respecto a otros grupos que ya han triunfado, como Supersubmarina, Izal o los mismos Lori Meyers. Todavía son muy jóvenes y les sobra tiempo para desarrollar su propia personalidad. A tenor de lo visto y escuchado el jueves, tienen mimbres suficientes para conseguirlo. Tras una breve pausa, los miembros de Lori Meyers aparecieron sobre el escenario. Iniciaron su actuación con Noni sentado en los teclados, dispuesto a interpretar Vértigo I, el tema que abre En la espiral, su flamante nuevo disco. Una pieza más recogida que rápidamente dio paso a las contundentes guitarras eléctricas de Planilandia y, de sopetón, uno de los pesos pesados de su repertorio, Luces de neón;en cuanto la guitarra esbozó el riffde esta canción, Zentral, abarrotado, se vino abajo. Ese pudo ser el primer punto de inflexión del concierto que, si había empezado con fuerza, a partir de ese momento ya rozó el delirio. Las canciones más recientes, que llevan pocos más de un mes en la calle, eran coreadas como si ya fuesen clásicos. Así sucedió con Eternidad, Océanos, cantada por Alejandro, o Todo lo que dicen de ti. De hecho tocaron el nuevo disco prácticamente entero (solo faltaron Un nuevo horizonte y No estoy solo). Y como no podía ser de otra manera, entre las composiciones más recientes se fueron intercalando los viejos hits, como Luciérnagas y mariposas, con ese estribillo que tanto recuerda a los grupos de pop español de los sesenta y los setenta, concretamente a sus paisanos de Los Ángeles. O Emborracharme, que fue una de las más celebradas del repertorio, al igual que ¿A-ha han vuelto? y Mi realidad, con las que quisieron terminar la actuación. Vano intento, porque el público les obligó a regresar al escenario, en esta ocasión con unos temas más sosegados: 1981 y Ham’a’cuckoo,de su primer álbum, aquel lejano Viaje de estudios, con el que se dieron a conocer en 2004. Las revoluciones volvieron a subir con Alta fidelidad, y, muy especialmente, con Pierdo el control, a la que siguió una nueva escapada a camerinos. En esta ocasión ya estaba todo el pescado vendido, y cuando volvieron a ocupar el escenario ya solo les quedaba una canción en la recámara, Vértigo II. El último tema del disco también puso fin a su actuación, culminando la espiral en la que se ha convertido su carrera. Ellos hacen su parte componiendo grandes canciones y viajando para presentarlas en directo. Y es el público el que, con su beneplácito, cierra el círculo y lo convierte en virtuoso.