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La proximidad de lo cotidiano en la nueva realidad universitaria

Por Nicolás Paz Alcalde - Miércoles, 5 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Proximidad, cotidianidad y universidad son tres conceptos que deben reconfigurarse en relación con las nuevas realidades de las relaciones humanas con el mundo y con las personas. ¿Qué es más cotidiano? ¿Una reunión presencial con varias personas de mi misma localidad de residencia para tratar un tema común en una sala, clase o cafetería o un encuentro virtual con personas de diferentes latitudes que compartimos un interés y una relación común en base a ese interés y que transferimos información diaria vía redes sociales virtuales? ¿Qué es más cotidiano: un chat, un intercambio de mensajes en WhatsApp o Telegram o un grupo de estudio en la biblioteca municipal? Y, ¿Qué es más próximo? ¿Una solicitud de cita para poder tener unos minutos de conversación con el catedrático de mi facultad o un foro o correo electrónico directo en el que solucionar dudas con un tutor específicamente dedicado a esta relación? ¿Qué es más próximo, más cercano, más humano: una mañana de colas en la sección administrativa para presentar una matrícula con fotocopias compulsadas o una pestaña en una página web en la que subir todos mis datos con un teléfono para resolver dudas o incidencias?

¿Qué es más universidad? ¿Una facultad en una capital de provincia con profesores exclusivamente de ámbito nacional o regional de talento o una plataforma moodle en la que compartir experiencias y conocimientos con profesores y alumnos de cualquier parte del mundo? Proximidad, cotidianeidad, universidad no son sinónimos de la presencialidad de cuerpos y mobiliario fijo, ya no. Y podemos criticarlo, cuestionarlo, ponerle una y mil pegas que, de hecho, no deberíamos dejar de emitir sin miedo: en ello nos jugamos perfeccionarlo y mejorarlo. Pero ¿qué es más accesible y para quién? Quizás para una persona urbanita, con exclusividad de tiempo y dinero para la presencialidad estudiantil, de una edad determinada y unas circunstancias personales específicas, un lugar concreto con un horario específico no flexible sea su opción configurada para lo próximo, cotidiano y universal de los estudios universitarios. Pero, ¿qué sucede con la otra persona, la heterogénea, la múltiple, la de circunstancias complejas imposibles de encuadrar en una única categoría? ¿Qué sucede con los residentes del mundo rural, alejados en tiempo y costes, con los hombres y mujeres con cargas familiares y tiempo robado al tiempo mismo? ¿o con el preso, el enfermo, el que ha encontrado en el extranjero una nueva vida y en la universidad un vínculo y una opción de mejora o regreso? ¿Qué sucede con la persona que no encaja en los cánones de edad y hábitos de los recién bachilleres, con los que necesitan de su propio ritmo, de sus propios horarios, de sus propios tiempos? ¿Qué es más accesible para quien desea aprender con escasos recursos económicos en los que moverse es perder? ¿Qué universidad es más posible, más igualitaria, más equitativa, más humana e incluso más ecológica? ¿Qué universidad es más próxima, más cotidiana, más universal, más abierta a todas y a todos estén donde estén?

Necesitamos una formación universitaria que trascienda las limitaciones del lugar y muchas de las limitaciones de la situación personal del alumnado. Pero no necesitamos construirla porque ya existe. Lleva décadas configurándose, ensayando errores y soluciones, avanzando con la rapidez de quienes comparten nuevas experiencias y conocimientos adquiridos y, sobre todo, con las críticas, las sugerencias, las dudas de quienes ya la han experimentado. Lo que necesitamos es superar las fronteras mentales autoimpuestas de las categorías y clasificaciones como si lo presencial y lo on line fueran dos mundos puros no interconectados que no se retroalimentan constantemente y en el que lo gris, lo mixto, lo complementario se desarrolla. ¿Cuál es la auténtica educación universitaria a distancia? ¿La que no puedo acceder porque no es compatible con mi vida y me impide el acceso como un a prioridel aprendizaje o la que utiliza los medios tecnológicos a su alcance para permitirme construirme una nueva formación? ¿Dónde reside la auténtica distancia? No son dos realidades separadas sino una sola, la personal, la humana, la concreta, la que permite multiplicar las posibilidades de las personas y diseñar para cada uno las categorías de lo posible, lo próximo, lo cotidiano, lo universal. La distancia no está en el nombre, la tecnología o en los medios utilizados sino en la auténtica realidad de lo cotidiano y lo próximo.

Hacer compatible la formación universitaria independientemente del lugar y la situación en que te encuentres no es una cuestión de lo técnicamente posible. Ya está hecho. Es cuestión de creérnoslo y valorarlo como lo que es, una inmensa ventana abierta de oportunidades para muchas personas en muchas circunstancias y lugares. Sólo falta integrarlo, hacerlo cada vez más accesible a todos los niveles y difundirlo como parte de nuestra nueva realidad cotidiana, próxima y universal o, al menos, como una realidad de muchos y muchas para quienes ésa es su única universidad posible.