Cánovas en el tiempo

El Museo Universidad de Navarra dedica una completa exposición al recorrido que el fotógrafo navarro ha realizado por la periferia de varias ciudades entre finales de los 70 del pasado siglo y este mismo año.

Un reportaje de Ana Oliveira Lizarribar. Fotografía Unai Beroiz - Jueves, 6 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Carlos Cánovas, en la sala dedicada a la serie ‘Séptimo cielo’, la última parada de este completo itinerario fotográfico.

Carlos Cánovas, en la sala dedicada a la serie ‘Séptimo cielo’, la última parada de este completo itinerario fotográfico.

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Carlos Cánovas, en la sala dedicada a la serie ‘Séptimo cielo’, la última parada de este completo itinerario fotográfico.De arriba abajo, varias de las imágenes que componen esta extensa exposición, distribuidas por toda la planta baja del Museo Universidad de Navarra.
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ni una antología ni una retrospectiva. Lo primero “porque no soy tan mayor” y lo segundo porque su archivo guarda muchos más trabajos. En el tiempo refleja el “itinerario” que Carlos Cánovas ha trazado entre finales de los años 70 y el momento actual por los paisajes que asoman en las periferias de ciudades como Pamplona, Bilbao o el Vallès Oriental de Barcelona, y que, en muchos casos, respiran una cierta melancolía y una conciencia de estar en el lugar adecuado para captar el modo en que esas estampas estaban a punto de disolverse. Es la propuesta que el fotógrafo ha materializado en una exposición de casi un centenar de obras a las que el Museo Universidad de Navarra dedica toda una planta hasta el 1 de octubre.

Organizada en colaboración con la Fundación ICO, adonde la obra llegará en junio de 2018, la muestra se compone de “seis series ordenadas cronológicamente”, entre las que destacan la dedicada a la ría de Bilbao, “una referencia en el ámbito del paisajismo urbano”, y la de Séptimo cielo, en la que el color tiñe los alrededores del hogar del fotógrafo. En todas ellas, “este caminante lento de ojo atento transita los bordes de las ciudades y refleja sus cambios”, explica el director del MUN, Jaime García del Barrio, satisfecho con esta “extensa y sugerente” exposición.

la mitad, inéditasCarlos Cánovas comenzó a trabajar en este montaje hace más de un año. Durante este tiempo ha afrontado “una revisión sistemática” de su archivo, “lo que me ha permitido volver a mirar fotos que se mostraron en su día y también otras que se quedaron esperando, durmiendo el sueño de los justos” y que ahora se presentan en público por primera vez. No en vano, alrededor de la mitad de las casi cien imágenes de la muestra son inéditas, a las que hay que sumar los libros, catálogos y folletos ubicados en vitrinas, así como el vídeo en el que el artista explica su proceso de trabajo y cómo ha diseñado esta exposición, para la que ha contado con la ayuda de Juana Arlegui, la comisaria y su compañera de vida.

Todas las piezas se han digitalizado y copiado de nuevo, algunas en un tamaño mayor, apunta Cánovas, conocido por su minuciosidad, perfeccionismo y excelencia profesional.

‘tapias’ y ‘SÉPTIMO DE CIELO’El recorrido se inicia a finales de los 70 con Tapias, pequeñas imágenes, de apenas 8x12 cm, con los muros como espacios indefinidos, vinculados a la idea de fugacidad, y que el fotógrafo define como “un trabajo inacabado, de transición hacia otros lugares”. Sigue Extramuros(1983-1990), un hito en su trayectoria, ya que “es la primera serie en la que trabajé la periferia”. En este caso “me interesaba mi relación afectiva con ese paisaje”, el de los límites de una Pamplona hoy desaparecida, y las emociones que de ella se desprenden. Se trata de un momento “primordial” en su trayecto, “viendo estas imágenes en la cubeta me doy cuenta de que esto lo que quiero hacer”. Esta serie tuvo un epílogo en 1990, la pequeña colección Vallès Oriental que le encargó Pere Formiguera y en la que plasmó el mismo tema “en un lugar desconocido”. Destaca aquí otra luz. “Mediterránea”. Tanto en Extramuros como en Vallès, Cánovas opta por el formato cuadrado, que técnicamente es complicado, pero que contiene “una voluntad de subrayar esos cortes en la escena”. Y en medio de ambas se enmarca Paisajes recónditos, otro conjunto de imágenes pequeñas sobre la naturaleza silvestre que rodea a la capital navarra.

bilbao, ‘Paisaje sin retorno’1993 y 1994 fueron “años muy intensos” para el fotógrafo, que tuvo la oportunidad de trabajar en “un paisaje soñado”, el del entorno de la ría de Bilbao, fruto de dos encargos que “querían dejar testimonio de una ciudad que había decidido cambiarse”. “Fueron dos años de locura, hice viajes continuos a Bilbao con mi cámara de placas, creo que al final hasta formaba parte del paisaje”, bromea Cánovas. Para este Paisaje sin retorno, le interesó más la margen izquierda del Nervión, por ser un “depósito de historia”, con signos y señales en sus muros y edificios. Hay varias fotografías que destilan melancolía. Una de ellas la tomó la última tarde de funcionamiento de los dos altos hornos, con los trabajadores detrás expresando su nostalgia “ante un modo de vida que estaba a punto de desaparecer”. Otras reflejan casas juntos a las vías del tren con ropa tendida, edificios que ya no existen, salvo en estos soportes.

Paisaje anónimo (1992-2005) se solapó con parte de ese trabajo y se caracteriza por el tratamiento de luz “y una cierta cualidad poética en la que me interesaba apoyarme”. Por último, Séptimo cielo (2007-2017). El color. “Siempre había deseado trabajar en color, pero solo es posible para mí desde que existe el digital porque me permite controlarlo como quiero”. Todas las imágenes de esta serie han sido tomadas en un radio de 3 kilómetros de su casa, revisando, una vez más, las orillas de las ciudades, y con la peculiaridad de que cada una se compone de varias, en un montaje que pretende alcanzar “el nivel de detalle y definición” ansiado. Además, este método ofrece a Cánovas la oportunidad de “restituir los tiempos de la fotografía analógica”. Con esta confesión, el artista demuestra que, en el fondo, su itinerario es un círculo sobre otro y otro y otro, concéntricos, en torno a unas pocas obsesiones. En todas las imágenes “me reconozco”, es decir, en ellas “no se me ve, pero yo sí me veo”. Por supuesto, su mirada ha evolucionado de una manera lógica “dentro de un planteamiento que quiere establecer un diálogo con la historia y con los fotógrafos de todo este tiempo”.

en corto

Exposición. En el tiempo, exposición de Carlos Cánovas. Alrededor de 90 imágenes, más libros, folletos, catálogos y otros trabajos en vitrinas. Hasta el 1 de octubre en la planta -1 del Museo Universidad de Navarra. Un total de 400 metros lineales dedicadaos a este fotógrafo y su recorrido por los paisajes periurbanos.

6 series. Ordenadas cronológicamente con fechas aproximadas y siempre abiertas, “porque en cualquier momento puedo decidir continuar con ellas”, señala el fotógrafo:

“Extramuros’ es una serie primordial, viendo las imágenes en la cubeta supe que eso es lo que quería hacer”, dice Cánovas

-Tapias, finales de los 70 y principios de los 80 del pasado siglo.

-Extramuros (1983-1990).

-Vallès Oriental (1990).

-Paisaje sin retorno (1993-1994).

-Paisaje anónimo (1992-2005).

-Séptimo cielo (2007-2017 ).

En la Fundación ICO. El Museo ICO de Madrid (c/ Zorrilla, 3) acogerá la exposición de Carlos Cánovas entre junio y septiembre de 2018.

Catálogo. El MUN y la Fundación ICO han editado un completo catálogo de casi 200 páginas con fotos y textos de Carlos Cánovas.

en pocas palabras

cánovas “Cuando colocas a una persona en una imagen, toda la atención converge en ella”

Todo el mundo se lo pregunta. Por qué no hay presencia humana, le insisten. Pero sí que hay, remota, residual, “en todas las imágenes que hay aquí he contado hasta siete personas”, bromea. la realidad es que, en la mayoría de los casos, “si colocas a una persona, toda la atención converge en ella, y a mí me interesa que se fije en estos espacios”, afirma.