De frente

¿Qué te apuestas?

Por Félix Monreal - Jueves, 6 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:07h

Me contaba la camarera de un bar que tiene que poner cuatro ojos para que no se le cuelen menores de edad en el establecimiento para apostar en la terminal de resultados deportivos. Lo tienen prohibido. Sin embargo, su pericia -imagino que como la de otras personas con responsabilidad- no está impidiendo que esa primera aproximación al juego haya experimentado un aumento exponencial hasta generar una preocupación más que fundada entre psicólogos o trabajadores sociales que entienden de casos de ludopatía entre los jóvenes y que ya han advertido de forma reiterada de su alto grado de adicción. La facilidad para acceder también a esos servicios a través del ordenador o del móvil, la inmediatez de la apuesta, la multitud de cebos para enganchar, lo han convertido ya en una práctica cotidiana. En 2015, los navarros gastaron en máquinas de apuestas 54 millones de euros.

Preocupan las apuestas deportivas on line. Frente a la tradicional quiniela, inmutable en sus fundamentos y formato durante décadas, el abanico de opciones en las que poder invertir un solo euro y la promesa de multiplicarlo como el milagro de los panes y los peces, ha abierto la puerta a la picaresca y por ahí han entrado también las componendas, los amaños, el soborno a deportistas y las mafias. El fenómeno es global;salpica a muchos países y a casi todas las disciplinas. En el Estado, además del reciente caso del 12-0 en un partido de fútbol de Segunda B, ya hubo sospechas de encuentros de Tercera división con resultados raros. Es lo que le faltaba al deporte, cuya credibilidad sigue afectada por los casos de dopaje de rutilantes estrellas. Siniestra relación esa que se establece entre tomar estimulantes para engañar y la estimulación engañosa y transitoria del ludópata.

El ¿qué te apuestas? no es solo una frase coloquial sino una práctica cercana en nuestros ámbitos de ocio. Pero los datos y las noticias apuntan también a una costumbre malsana que está afectando no solo a quien se juega su dinero, sino al que juega con el dinero y la buena fe de los apostantes. Y esa práctica comienza a rebasar el ámbito delictivo.