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Berenguer da la campanada

TRIUNFO EN MENDIZORROZA | OSASUNA DEJA A UN LADO SU IMAGEN DE EQUIPO DESAHUCIADO Y LOGRA EN EL CAMPO DEL Alavés la segunda victoria de la temporada gracias a un golazo del canterano

Javier Saldise / Patxi Cascante - Jueves, 6 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

Berenguer, con cara de malo, en pleno disparo del gol del partido.VER VÍDEOReproducir img

Berenguer, con cara de malo, en pleno disparo del gol del partido. PATXI CASCANTE

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Berenguer, con cara de malo, en pleno disparo del gol del partido.ReproducirBerenguer, con cara de malo, en pleno disparo del gol del partido.

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pamplona- Osasuna rompió la pésima racha que se extendía desde el mes de octubre, cuando sucedió en Eibar la primera victoria de la temporada, y abrazó el prodigio de lograr un triunfo. Desahuciado como venía presentándose el equipo a cada partido, sentenciado y sin dar una a derechas durante muchos partidos, hay que darle su mérito a las pinceladas de reacción, a la lucha, incluso al desparpajo que en momentos puntuales, sobre todo en el segundo tiempo, se vio en Mendizorroza. El Alavés, que ha volado durante buena parte del campeonato, no fue el reactor de otras tardes -la alineación también le dio sus concesiones a los rojillos- y Osasuna supo primero mantener igualada la contienda y, al final, llevarse los tres puntos.

Álex Berenguer, el canterano de moda, saltó al campo con la vitola de tipo codiciado y, con el golazo con el que se destapó en el tiempo de descuento, acabó por ponerle unos cuantos ceros más a su cotización. O, por lo menos, no quitarlos. Según cómo se negocie. Osasuna vivió una liberación en Vitoria porque, después de caminar atenazados y tristones durante casi toda una Liga, ayer hubo una mínima recompensa. Aunque la sentencia siga estando dictada y el panorama no cambie casi, el equipo rojillo pareció ayer recuperar un parte del orgullo por la camiseta, por entregar el sudor a la afición. Esto es lo que va a quedar de aquí al final y resulta un trabajo duro, y honorable.

Osasuna ofreció de entrada una imagen correcta en el primer tiempo porque, fundamentalmente, se llegó al descanso sin goles -premio final-. Semejante proeza para un equipo que es un coladero resultó lo más llamativo de una primera mitad combativa por parte de los dos equipos, pero con poco juego y algunas ocasiones claras. Fausto, que está apareciendo como otra de las reservas espirituales del equipo para ser un futbolista que lleva en el equipo menos de un año, no solo anduvo con cajas destempladas con sus rivales y marcando terreno en el centro del campo, sino que firmó la oportunidad más clara tras un gran cabezazo. Sirigu, en la portería de Osasuna, se marchaba feliz al descanso después de un parte sin goles en la que también se tuvo que esforzar especialmente en un lanzamiento de falta de Romero, que despejó tras acertada estirada.

Ni Osasuna parecía un rival finiquitado por la clasificación, ni tampoco el Alavés ese equipo primoroso que este año juega lanzado, con chispa y acierto. A los alavesistas para nada les quemó el balón en los pies, porque ejercieron casi siempre un dominio pausado del juego, pero no acabaron de encontrar caminos hacia la portería de Sirigu.

Todo estaba muy igualado para el segundo tiempo y, entre contrincantes que se sentían parejos, hubo un intercambio de golpes inicial tras el paso por los vestuarios. A las ocasiones de Dani Torres y Katai, respondió Osasuna con otra clarísima de De las Cuevas. El centrocampista volvió a sentir la frustrante experiencia del partido ante el Athletic -contra los vizcaínos lo sufrió en dos ocasiones- cuando, de nuevo solo ante el meta rival, se le alborotaron las decisiones y no acertó entre los tres palos. Con un Alavés contante y pesadote, antes de que el partido quedara definitivamente abierto, a Sirigu le volvió a corresponder salvar a su equipo con una rectificación en una jugada tras rebote en uno de sus defensas. El meta italiano reclamó por fin el protagonismo que de él se esperaba y evidenció que el mejor modo de empezar a ganar, es no perder.

Osasuna fue mejorando conforme los cambios fueron taponando alguna de las heridas -a Olavide se le estaba amontonando el trabajo como defensor del carril derecho en una titularidad con misión sorprendente-, se dio algo más de oxígeno en el eje -Fausto comenzaba a bajar el pistón- y entró en la pelea Álex Berenguer. Si con Buñuel en el lateral derecho hubo más rigor, y con el debutante Perea y el paso adelante de Olavide también cambió el tono del eje, la inclusión del canterano en el ataque generó un efecto fantástico. Berenguer retó a los defensas a la carrera en varias ocasiones, también probó sus cinturas en algunos driblings, pero nadie esperaba que ese balón en el vértice del área se convirtiera en un zapatazo letal, perfecto argumento para lograr el triunfo. Por fin...

La segunda victoria no mejora la clasificación de Osasuna, pero sí toca el ánimo de la hinchada y la moral de los futbolistas. Para el trayecto que queda hasta el final del campeonato no es malo recuperar algo de la ilusión. Aunque los nubarrones no se irán.