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La otra crónica

Efecto retardante

Por Javier Leoné - Jueves, 6 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:08h

La segunda victoria de Osasuna en Liga en el presente ejercicio sirve para provocar un efecto retardante en lo que la directiva del conjunto navarro ya dio por hecho hace unas cuantas semanas: el descenso a Segunda. Pese al triunfo que lograron ayer en Vitoria contra el Alavés, el que los rojillos pierdan la categoría sigue siendo cuestión de tiempo, puesto que la permanencia está ahora un poco más cerca (a 13 puntos, por los 16 que separaban a Osasuna de la salvación antes del duelo en Mendizorroza), pero solo quedan 24 puntos en juego en una mezcla de enfrentamientos con rivales de la zona baja (Leganés, Sporting, Deportivo y Granada todavía deben pasar por El Sadar) y visitas a contrincantes de elevada talla y que pelean por las primeras plazas de la clasificación (Barcelona, Atlético de Madrid y Sevilla).

Aunque las matemáticas permitan recurrir de nuevo al discurso de que la permanencia aún es posible, la victoria rojilla de ayer no debe servir para crear falsas ilusiones, ni tampoco para esconder otras carencias y otros asuntos de mayor trascendencia y que pueden condicionar el futuro del club en lo deportivo y en lo institucional. Osasuna debe valorar el triunfo en Vitoria en su justa medida. Es importante porque a los jugadores y al entrenador les hacia falta volver a ganar tras más de cinco meses sin lograrlo y superar la frustración de encadenar 21 jornadas ligueras consecutivas sin hacerlo. También tiene relevancia porque, tras la derrota del pasado sábado contra el Athletic, la estadística escondía unas premisas, eso sí, de complicado cumplimiento, que podían adelantar el descenso matemático de Osasuna al próximo domingo. Pero como los rojillos derrotaron al Alavés y el Leganés perdió en su feudo contra el Real Madrid, a los rojillos les queda ahora más tiempo para seguir sumando puntos y maquillar los números de una temporada para el olvido.

En definitiva, que la victoria de Osasuna en Mendizorroza provoca un efecto retardante en la crónica de su descenso anunciado. Una bocanada de oxígeno para los jugadores, que dieron un puñetazo encima de la mesa para, en una complicada situación, demostrar su orgullo. El domingo tienen otra oportunidad de hacerlo, esta vez como locales y ante el rival que marca la zona de permanencia, el Leganés. Tras acabar ayer con un puñado de malas rachas, Osasuna puede aprobar otra asignatura pendiente: lograr una victoria liguera en El Sadar. A por ella.