Apuestas arriesgadas

Por Tomás de la Ossa - Viernes, 7 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

cada vez que me entero de un caso de apuestas deportivas amañadas en una categoría semiprofesional -da igual que sea en fútbol o en el tenis más modesto-, pienso lo mismo: para que alguien gane haciendo trampas, alguien ha tenido que perder. Ser ludópata es una enfermedad terrible, pero de la que se puede salir. Pero ser tan tonto como para apostar dinero en esas categorías vulnerables a los sobornos, y en casas de apuestas que no son de fiar, es imposible de curar. Anda que no hay, si se desea, equipos y deportistas de elite fiables al 99,99%. Y no porque les presumamos más honradez que a los demás, sino porque están ya forrados y no hay dinero para comprarlos. Y porque en algo hay que creer: el día que el Real Madrid o el Barça se dejen ganar en un Clásico por un amaño de apuestas, o un tenista pierda a propósito la final de un Grand Slam, nos borramos del deporte para siempre.