Música

Recital de piano y violín

Por Teobaldos - Viernes, 7 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:09h

ciclo de grandes intérpretes

Intérpretes: Boris Belkin, violín;Anastasia Goldber, piano. Programa: obras de W.A. Mozart, F. Schubert. György Kurtag, César Franck. Programación: ciclo de Grandes Intérpretes de la Fundación Gabarra. Lugar: Teatro Gayarre. Fecha: 29 de marzo de 2017. Público: el habitual del abono, algo más de media entrada (29 euros).

Siempre que se anuncia un recital de música de cámara con estos dos instrumentos implicados, se pone al violín -siguiendo la partitura, claro- como primero y protagonista. Pero hay muchas obras de este cariz cuyo mayor protagonismo -o por lo menos igual- corresponde al piano. Y, por otra parte ocurre, no en pocas ocasiones, que la calidad interpretativa es igual o mayor en el piano -siempre tenido como acompañante- que en el violín. Algo así me ocurrió en el recital que nos ocupa. Sobre todo en Mozart y Schubert. En el primero, porque la escritura para el teclado es una delicia, y porque la pianista Anastasia Goldberg bordó su parte. En el caso de la sonata de Schubert, porque el violinista Boris Belkin, nunca se sintió cómodo con la obra;con un resultado un tanto extraño para el siempre bien recibido compositor.

La sonata número 26 adquirió vuelo mozartiano en el piano;el violín parece limitarse a cierto subrayado -menos comprometido y adornado- del tema. Bien mantenidos los diálogos entre ambos instrumentos, parece, sin embargo, que la iniciativa parte del piano, por lo menos, hasta el andante sostenuto, donde el violín tiene una melodía ascendente y apasionada. El rondó final, es de una alegría chispeante, en este caso, sobre todo, en la pianista, de pulsación clarísima y fácil.

La Sonata D. 574 de Schubert no es de las obras camerísticas más conocidas del compositor;da la sensación de que el equilibrio entre ambos instrumentos es un poco inestable, e, incluso se echa en falta la extraordinaria riqueza melódica que tiene el compositor en otras partituras. Rico en diálogos, si, entre los dos instrumentos, quedó, sin embargo algo deslucido por algún tropiezo en el violín, que, por alguna causa, no acabó de ajustarse bien con el intérprete. La pianista exhibió una frondosidad sonora importante, que retenía y aumentaba a su antojo, sin que, en ningún momento, dejara sepultado al instrumento de cuerda.

Cambió radicalmente el sonido Boris Belkin, en las dos micropiezas para violín solo de Kurtag: fueron una delicia de delicadeza, sonido puro, y composición esencial, sintética, por parte del autor: de indudable sabiduría del instrumento.

Mucho mejor, en compenetración, rotundidad, diálogo entre iguales, y sonoridad sinfónica -a al vez que llena de matices-, estuvo la Sonata en La mayorde César Franck, piedra de toque del repertorio para violín y piano -(o piano y violín)-, donde la importancia, y protagonismo de ambos instrumentos es de primus inter pares, con diálogos literales entre ambos, que se van sucediendo, e intensidades que se acompañan mutuamente. Excelente compenetración en la regulación y equilibrio sonoro absoluto entre ambos instrumentos, llenándose el espacio mutuamente.

Las dos propinas que Anastasia y Boris ofrecieron en agradecimiento a los aplausos -y también al silencio con el que el público de este ciclo escucha- abundaron en el buen entendimiento de los dos intérpretes.